12 de mayo de 2024

Una breve nota sobre las votaciones de Eurovision y el aparente apoyo popular a Israel

 Ayer ganó Eurovision Nemo, el representante de Suiza, con 591 votos. Pero como ha sucedido otras veces, los votos de los jurados y los del voto popular (el llamado televoto) fueron bastante diferentes. La canción ganadora "The Code", quedó primera de manera rotunda entre los jurados, al recibir 365 votos el 84% de un máximo posible de 432 (podía recibir un máximo de 12 puntos de 36 países, los 37 que votaban menos la propia Suiza). En cambio, quedó quinta en los votos de los espectadores, con 226 votos, un 51% del máximo posible (en este caso 444 votos, porque además de los 37 países participantes, había un voto del "resto del mundo"). Hay otras discrepancias llamativas entre jurados y votos populares: Portugal quedó séptima para los jurados (139 puntos) y la vigésima (13 puntos) para el público. El Reino Unido quedó en posición 13 en el voto de los jurados (46 puntos), y la última, con 0 puntos, en el voto del público.

Pero la discrepancia más sonada, sin duda, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se ha celebrado el festival, con la controversia sobre la participación de Israel, es la que se ha producido en torno a su canción. Para los jurados, quedó en un discreto décimosegundo puesto (52 puntos), pero en el televoto obtuvo el segundo puesto, con 323 puntos, un 73% del máximo posible, y a solo 14 del ganador en esa parte del voto (que fue Croacia, con 337 votos). Israel quedó primera en el televoto, con12 puntos, en 15 países (incluyendo entre otros al "resto del mundo" y a Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Suecia, Suiza, Bélgica, Países Bajos, y España), y quedó segunda en otros siete.

Como era de suponer, en mi breve visita matinal a las redes sociales me he encontrado con muchas reacciones hiperbólicas a este contraste entre el voto del jurado y el voto popular. Todas ellas parten de la suposición, creo que razonable, de que el voto popular hacia Israel tiene poco que ver con los méritos musicales de la canción (que cada uno puede juzgar viendo su actuación y la de las otras canciones en puestos altos de la clasificación). Creo que se puede dar por bueno que una parte importante de las personas que han votado a Israel lo han hecho como respuesta a la petición de boicot o expulsión del festival, e indirectamente como apoyo a la política actual del gobierno de ese país en la guerra en Gaza.

A partir de ese rasgo común, claro, las intepretaciones discrepan. Algunos leen el resultado entusiásticamente como una prueba del apoyo popular en Europa a las acción del gobierno de Israel, y como una refutación de las élites intelectuales, los manifestantes universitarios, los rectores de las universidades españolas, Greta Thunberg, y en general los grupos "progres" con mucho altavoz mediático, que parecen monopolizar la esfera pública, pero que a la hora de la verdad se demuestra que no cuentan con demasiado apoyo social. Algunos incluso sospechan de que en realidad los jurados han actuado de manera concertada para dar pocos puntos a Israel, porque sospechaban que si le daban una buena puntuación algo más alta, con el inmenso apoyo popular, Israel podría fácilmente ganar el festival.

Por el otro lado, entre aquellos que llevan tiempo escribiendo y opinando  vehentemente contra las acciones del gobierno de Israel, aparecen las voces que miran con horror el resultado de la votación, se lamentan en particular de los 12 puntos dados por España ("somos lo peor" y otras frases más contundentes), y se sienten perturbados por la constatación de que a su alrededor hay una buena parte de la población que parece apoyar lo que ellos encuentran que son comportamientos atroces.

En realidad, claro, tanto unos como otros harían bien en calmarse porque se puede decir alto y claro que, incluso en el supuesto más extremo de que todos y cada uno de los votos a favor de la canción israelí tuviera motivaciones políticas, y no musicales, el resultado nos dice exactamente cero cosas de valor respecto a lo que piensa la opinión pública europea en torno a las acciones del gobierno de Israel, por múltiples razones. La primera y más importante, mil veces dicha, pero hay que repetir una vez más: independientemente de cuántas personas hayan votado (luego vuelvo a eso), estamos ante una muestra de la población autoseleccionada, gente que ha elegido participar en la votación y no ha sido seleccionada al azar. Una muestra compuesta, en proporciones que desconocemos, por personas que suelen votar en Eurovision, porque les gusta el festival, y por personas que no suelen hacerlo pero este año han decidido participar precisamente por la controversia política, para mostrar su apoyo a Israel. Además, el sistema permite emitir hasta 20 votos por cada participante, a un mismo o a distintos cantantes. Es fácil pensar que el segundo grupo de votantes habrá emitido, más frecuentemente que el primero, múltiples votos por Israel (así lo cuentan orgullosamente algunos en redes sociales).

Por otra parte, hay dos cosas muy importantes que no sabemos sobre la votación: cuántos votantes participan, con cuántos votos, en cada país, y qué porcentaje de los votos tiene cada una de las canciones que recibe algún punto. Obviamente, la organización tiene esa información, pero no nos la cuenta, probablemente porque le quitaría el aura de solemnidad y autoridad a la votación.

Pero podemos hacer alguna cuenta de andar por casa. Sobre lo primero, pensemos que la audiencia media de Eurovision debe de andar por debajo del 10% de la población de los países participantes (el año pasado la audiencia media de la final fue de 54 millones de personas, y en un cálculo rápido la población de los países participantes está en torno a los 575 millones). Vamos a suponer que uno de cada cuatro espectadores tiene suficiente interés como para gastarse un dinerillo en votar, una o más veces. Estaríamos hablando de unos 13 millones de personas, que repartirían sus votos entre 25 finalistas. Lo típico en estas situaciones es que cuatro o cinco favoritos concentren la mayoría de los votos, y el resto estén muy repartidos. En esas condiciones, posiblemente en muchos países, el ganador "douze points", esté recibiendo menos de un 20% del voto popular. Es decir, que un ganador abrumador en votos populares podría estar teniendo los votos de tal vez dos o tres millones de personas, menos del 1% de la población total de esos países. Trasladando esas cuentas a España, por ejemplo, hablaríamos de unos 4,7 millones de espectadores, 1,2 millones de votantes, y tal vez 250.000 personas, alrededor del 0,5% de la población española, votando por la canción ganadora.

Las cuentas anteriores están hechas pensando en un año típico en el que no hay factores extraordinarios que lleven a personas sin interés por el festival a votar. Si imaginamos ahora que ciertas personas deciden participar solo por una motivación política, para apoyar a un país por cualquier motivo, y que no les importa gastar un dinero extra y votar 20 veces, vemos que bastarían, por ejemplo, en España, 15.000 o 20.000 personas motivadas, para empujar a una canción a la primera posición. Y eso sin pensar en la posibilidad, no imposible, pero creo que poco probable, de la acción concertada para comprar votos.

[Addenda: gracias a @SergioSangiao en Twitter descubro después de publicar este texto que hay datos oficiales del número de votos emitidos en España varios años, publicados por RTVE por la ley de transparencia. Entre 2017 y 2022, el año con valor más alto, nunca pasaron de 80.000 votos (muchos menos votantes). Por lo tanto, mis estimaciones de servilleta parece que eran muy generosas, y en realidad, con gente dispuesta a emitir 20 votos, el número de personas necesarias para conseguir los 12 puntos puede que no llegue ni a 5.000] 

Pensar que cualquier cosa que salga de ahí tiene algún valor como medida de la opinión pública europea o española es de locos. Entiendo que muchos de los que muestran ahora su alegría por los resultados son conscientes de todo esto y escriben entusiasmados simplemente para trolear. Los que se rasgan las vestiduras no estoy tan seguro de que se den cuenta de que sufren sin necesidad. Como decía más arriba, esto nos dice exactamente cero sobre el apoyo popular al gobierno de Israel, y unos y otros deberían dejar de sacar conclusión ninguna sobre el asunto.

Como curiosidad, si quieren ver en acción la diferencia entre una muestra autoseleccionada, y muy motivada, y una muestra aleatoria, les invito a leer lo que escribí hace dos años para Cuadernos de Periodistas, en relación precisamente con el Benidorm Fest. Entonces Tanxugueiras, Chanel y Rigoberta Bandini obtuvieron resultados muy distintos en ambas votaciones, cosa que sabemos gracias a la transparencia de RTVE, que la UER desgraciadamente no tiene. Pero el caso ilustra perfectamente cómo una minoría movilizada puede alterar significativamente el resultado de una consulta de tipo televoto. Y cómo, por tanto, lo de ayer no tienen ningún valor para saber nada sobre la opinión pública en España ni en ningún otro país.

26 de octubre de 2023

¿Cuántos vuelos se van a prohibir en España? Uno o ninguno

Desde el martes venimos asistiendo a un espectacular despliegue de errores, mentiras, y disparates en torno a la supuesta intención del hipotético próximo gobierno de Pedro Sánchez de prohibir algunos vuelos nacionales. Ni los políticos, ni los medios, ni por supuesto los espontáneos en las redes han hecho nada por tener un debate civilizado sobre un asunto que es cuando lógicamente llamativo, aunque solo sea por lo novedoso.

Vamos por partes. Las primeras noticias sobre el asunto las transmite la vicepresidenta Yolanda Díaz, y líder de Sumar, que en la rueda de prensa sobre el acuerdo entre PSOE y Sumar dice lo siguiente: “el tren está llamado a ser el transporte del siglo XXI, por eso hemos acordado que han de acabarse los vuelos cortos inferiores a dos horas y media cuando no haya alternativa al tren” (minuto 43:23 de este video). La señora Díaz es normalmente una buena comunicadora, pero aquí desde luego no tuvo un momento brillante. De hecho, lo que dijo no tiene pies ni cabeza: que se van a eliminar vuelos "cuando no haya alternativa al tren". ¿Qué quiere decir eso? Precisamente, sería cuando se eliminen los vuelos cuando no habría esa alternativa. Cualquier periodista que oyera o viera a la señora Díaz decir eso se tuvo que dar cuenta de que se había hecho un lío y no se había explicado bien. 

Además, un vuelo de dos horas y media permite llegar, desde diversas ciudades españolas, a París, Zurich, Berlín, o Roma. De nuevo, cualquiera que haya prestado una mínima atención al tema, o que se interese por él, sabe que lo que se está discutiendo en Europa es limitar los vuelos que tengan alternativas en tren de parecida duración (teniendo en cuenta tiempos de transporte a, y espera en, los aeropuertos). Obviamente, un viaje en tren a esas ciudades desde España no tendría una duración comparable a la del avión. Habría que enlazar varios trenes y la duración del viaje estaría en muchos casos por encima de las 15 horas.

Era obvio, entonces, que lo dicho por la señora Díaz era un error. La frase de marras se debió pronunciar alrededor de las 13:15 o algo más tarde, puesto que el acto estaba convocado para las 12:30. Casi a la misma hora los medios publicaron el texto del acuerdo de coalición entre PSOE y Sumar, que decía lo siguiente: "impulsaremos la reducción de los vuelos domésticos en aquellas rutas en las que exista una alternativa ferroviaria con una duración menor de 2 horas y media, salvo en casos de conexión con aeropuertos-hub que enlacen con rutas internacionales." Fíjense: se "impulsará" la reducción (no se prohibirá), solo de vuelos domésticos, solo si hay alternativa en tren de 2 horas y media (no si el vuelo dura dos horas y media, obviamente), y sólo si no se trata de conexiones con rutas internacionales. 

Esta última coletilla es esencial, porque en realidad, seguramente ya ahora, sin que nadie tome ninguna medida legal para evitarlo, muy poca gente vuela entre ciudades con alternativa en tren en 2 horas y media. La mayoría de los pasajeros en vuelos entre Madrid y Valencia, Alicante, Sevilla o Málaga son seguramente personas que van a tomar en Madrid otro vuelo con destino internacional o intercontinental o que vienen de él. Sin esos pasajeros en conexión la oferta de vuelos en esas rutas sería ya seguramente mínima, porque el tren es más fiable, igual o más rápido (contando los traslados y esperas en el aeropuerto), aunque no siempre más barato (con la competencia también empieza a serlo).

Pero precisamente, si esas rutas a o desde Madrid, donde ya el número de vuelos y pasajeros en avión es mucho menor al del tren, quedan excluidas, ¿cuáles serían las afectadas por la medida propuesta? Francamente, no se me ocurren. Todas las rutas en tren en las que puedo pensar, que duran menos de dos horas y media, entre ciudades conectadas por avión, son con destino u origen en Madrid. De Barcelona a Valencia se tarda más (aparte de que Barcelona también se podría contar como "aeropuerto-hub"). No hay vuelos, que yo conozca, desde Málaga, Sevilla, Valencia o Alicante, a ciudades (distintas de Madrid), a las que se pueda ir en tren en menos de dos horas y media. En definitiva, la medida propuesta parece que afectaría a un total de cero vuelos.

Lo cual, sin embargo, no impidió la pequeña tormenta en un vaso de agua que se desató desde el martes, primero por la inapropiada difusión por los medios del video con la embarullada frase de Yolanda Díaz (cuando era obvio que era un lapsus, una torpeza más propia de burla, tipo "es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde"); luego por las noticias, redactadas supuestamente con más calma, pero igualmente oscuras, hablando de prohibiciones, donde no las hay, y omitiendo la referencia a los vuelos de conexión (El Plural, La Razón, Abc 1, 2, 3, 20Minutos, La Vanguardia, Antena3). Y finalmente, por opinadores de todo tipo, incluyendo responsables políticos de cierto nivel, que se lanzaron a quejarse de una medida que no existía, en algunos casos incluso tomando al pie de la letra, de buena o mala fe, lo de los vuelos de dos horas y media, y quejándose de que se pretendía prohibir todos los vuelos peninsulares (Ayuso, Sanz, alcalde de Sevilla, Barcala, alcalde de Alicante).

Algunos medios sí que han explicado bien que la medida, tal y como está formulada, afectaría a poquísimos vuelos, pero me temo que esto se ha perdido entre el barullo. Lo que tiene su gracia porque en realidad, aquellos que quieren buscarle las cosquillas al acuerdo de gobierno, podrían hacerlo subrayando que el anuncio era un engaño para ecologistas despistados, y que en realidad nada va a cambiar. Pero supongo que vende más anunciar males terribles para la economía, que torpezas o trampantojos de los gobernantes.

20 de agosto de 2023

¿Tiene Madrid la mayor isla de calor del mundo?

Vengo viendo en mis redes sociales muchas referencias a un estudio que al parecer ha determinado que Madrid padece la mayor isla de calor del mundo. La isla de calor es el nombre que se le da en estudios del clima a la diferencia de temperatura entre zonas urbanas y zonas no urbanas cercanas, que tiende a darse sobre todo a la tarde o la noche, cuando superficies artificiales que han absorbido calor durante el día (cemento, asfalto, ladrillo, azulejo), emiten radiación y hacen que la temperatura del aire baje menos que en zonas con menos presencia de ese tipo de materiales (zonas con vegetación, cursos de agua, cultivos, parques...).

Pues bien, según un titular de Madridiario, Madrid tendría la mayor isla de calor del mundo. También titula así BusinessInsider. Lo mismo que dice Antena3, aunque no en el titular. Lo comenta la subdirectora de El Periódico. En las redes sociales lo difunden científicos, activistas-políticos, periodistas. Otros medios, más comedidos, se limitan a decir que Madrid tiene una isla de calor mayor que algunas otras ciudades importantes, como Londres, Nueva York, Bombay, El Cairo y Los Ángeles.

Todos se refieren al estudio titulado en inglés "Urban Heat Snapshot", en español "Instantánea Global del Calor Urbano", publicado por la consultora ARUP, especializada en temas de sostenibilidad. La referencia al "snapshot" o la "instantánea" en el título no es trivial, porque el estudio (es cortito y se puede descargar gratis en su página) no pretende ser un estudio exhaustivo de muchos lugares del mundo, y de largo plazo. Es más bien una ilustración, un ejemplo, de cómo se puede estudiar el efecto de la isla de calor urbano usando una herramienta desarrollada por ellos, UHeat, para detectar con satélites tanto la temperatura del aire como las características físicas del terreno, en toda la ciudad, ponerlos en relación y construir modelos que permitan prever cuál sería el efecto de determinadas intervenciones.

De hecho buena parte del texto se orienta a hablar de esas intervenciones, de cómo se pueden gestionar las ciudades para reducir el efecto de isla de calor. Y luego ilustran cómo funciona su herramienta UHeat para estudiar el efecto de isla de calor, en seis ciudades, en un solo día (en cada una, el más caluroso de 2022). Y sí, en la tabla correspondiente, Madrid parece que tiene los datos peores, por poco, ya que dicen que tiene un efecto de 8,5ºC, frente a los 7 de Bombay o los 5ºC de Los Ángeles o El Cairo, y los 4,5ºC de Londres o Nueva York (no se explica bien cómo se calcula, porque en la misma tabla se da la diferencia entre el punto más cálido y más fresco de las ciudades y los valores son otros: 8ºC tanto en Bombay como en Madrid, 7ºC en Londres, 6ºC en El Cairo, 5ºC en Los Ángeles y 4,5ºC en Nueva York).

En todo caso, junto a la tabla, al presentar los datos resumidos de la seis ciudades, dicen, literalmente, esto: "Our survey is not intended as a score card, but to provide a snapshot of how digital tools can be used to better understand a city’s urban heat island hot spots." Es decir: "Nuestro estudio no pretende ser una hoja de calificaciones, sino proporcionar una instantánea de cómo pueden utilizarse las herramientas digitales para entender mejor los puntos calientes de la isla de calor urbana de una ciudad".

Justo lo contrario de lo que hacen todos los que leen esa tabla como si realmente fuera una clasificación. Con ese estudio no se puede decir que Madrid tenga ni la mayor isla de calor del mundo, ni siquiera la mayor de esas seis ciudades, porque una medición de un solo día obviamente no permite, como dicen los autores, hacer una clasificación, ni era esa su intención. Pero el bulo ya está rodando, me temo que imparable, y seguro que acaba en el argumentario político. Atentos a sus pantallas.

25 de julio de 2023

Que noooo, que la participación no ha subido cuatro puuuntos

Uno tiene la inocente creencia de que hay ciertos errores que los medios dejarán de cometer, cuando se les advierte una vez tras otra de que lo están haciendo mal. No digo que en algunos campos no pase. Pero mi experiencia me dice que algunos errores muy sencillitos nunca dejan de repetirse. 

Por ejemplo, este, que he comentado ya muchas veces, incluso cuando colaboraba en la radio: cada noche electoral los medios comparan erróneamente las estadísticas de participación de los resultados provisionales, que solo incluyen a los votantes residentes en España (hayan votado presencialmente o por correo) con la participación en los resultados definitivos de la elección anterior, que incluyen los votantes "residentes ausentes" (los que votan desde fuera e España), y que es siempre más baja que la de los resultados provisionales (porque los que viven fuera votan mucho menos que los que vivimos en España).

Así, por ejemplo, en noviembre de 2019, al acabar la noche electoral, con los resultados provisonales, la participación quedó en un 69,87%, mientras que en los resultados definitivos, incluidos el censo y los votantes desde el extranjero la participación quedó en un 66,23%.

En la noche del domingo la participación en los resultados provisonales quedó en un 70,40%. La comparación correcta es con los resultados provisionales de noviembre de 2019, lo que daría un aumento del 0,53%. 

¿Y qué han contado los medios?

El País: La participación sube cuatro puntos impulsada por el voto por correo

RTVE.es: Participación en las Elecciones Generales 2023: supera el 70%, cuatro puntos más que en 2019

Abc.es: La participación se sitúa por encima del 70%, casi cuatro puntos más que en 2019

Expansión: La participación electoral en España llega al 70,18%, casi cuatro puntos más que en 2019

La Razón: Cuatro puntos más de participación que en 2019 [curiosamente a pesar de publicar un gráfico con el dato correcto, de la participación provisional, en 2019]

Y otros cuantos más, supongo. Seguro que alguno lo ha contado bien, y yo no lo he encontrado. Avísenme si lo ven, para felicitarles.

En fin, que no es tan complicado, que solo hay que mirar los propios archivos, para ver qué se publicó en la noche electoral anterior... Pues no hay manera.

24 de julio de 2023

Las reglas empíricas aguantaron bien

Ayer les mostré mis gráficos de las noches electorales desde 2004, calculando, a medida que avanza el recuento, cuánto se apartan los partidos de ámbito nacional grandes o medianos de los resultados finales.

A partir de esos gráficos sacaba algunas reglas empíricas. La más útil para una noche como la de ayer, que luego difundí en Twitter:

Los partidos del grupo de derecha tienden a obtener en torno a 16 diputados más, al final del recuento, de los que tienen al comienzo de la noche (en torno al 10% del censo). Si ese patrón se repitiera, y hoy con el 10% del voto escrutado PP+Vox tuvieran 160 diputados o más, sería seguramente un indicio de que acabarían la noche por encima de los 176 diputados que dan la mayoría absoluta. Si están muy por debajo de los 160 diputados, sería menos probable.

También puse en Twitter que por encima del 60% del escrutinio, ninguno de los bloques baja o sube ya más de 5 diputados en sus resultados finales. 

Las dos reglas se cumplieron ayer. Con el 11,3% escrutado (a las 21:09) PP y Vox sumaban 153 diputados. Como ya sabrán ustedes, acabaron con 169. Justamente 16 más. Por otro lado, a las 22:00, con el 63,4% escrutado, PP+Vox tenían 164 diputados (5 menos de los que alcanzaron) y PSOE+Sumar tenían 158 (5 más de los 153 con los que terminó la noche). 

Me alegro de haber acertado, pero evidentemente, no hay que tomarse todo esto muy a pecho. Son regularidades observadas en un número de casos muy bajo, que pueden saltar por los aires en cualquier momento.

De hecho, mucha gente me pregunta por qué hay esos patrones. La respuesta, hasta donde yo sé, como ya he contado más veces, tiene que ver con que los datos llegan a los centros de datos desde los colegios electorales en el orden en el que las mesas van acabando de contar sus votos. Por lo tanto, llegan antes los resultados de las mesas con menos votos que contar, bien porque tienen menos censados (en pueblos o núcleos de población pequeños), bien porque la participación es más baja.Y resulta que en el conjunto de España esas mesas tienen un porcentaje de voto más alto para los partidos de izquierda. Por lo tanto, a primera hora, hay un sesgo favorable a la izquierda que va desapareciendo a lo largo de la noche. Pero esos patrones de comportamiento no tienen por qué ser estables. De hecho ayer yo temía que precisamente por lo anómalo de la convocatoria en julio, con tanto voto por correo, gente de vacaciones... los patrones que explican el sesgo izquierdista de las primeras mesas contadas pudieran verse alterados y podría no cumplirse la regla del 10% + 16 para saber los escaños de derecha. Por el contrario, funcionó de perlas, y los gráficos son bastante parecidos a los de otras noches. Aquí abajo se los dejo. Esperemos no tener que volver a mirarlos en diciembre.