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12 de octubre de 2025

¿Turistas que pagan 1.000 euros por noche en Madrid? Son y serán una ínfima minoría

 Leo en El País una noticia con este titular:

Madrid apuesta por los turistas que pagan 1.000 euros por noche  

La historia trata de que en Madrid hay muchos hoteles, cada vez más, "de lujo". Concretamente, se nos dice, en la ciudad de Madrid hay 810 hoteles. "De ellos, 40, el 8%, son considerados de lujo, explican desde la Comunidad de Madrid."  No sabemos exactamente quién ni dónde ha dicho lo de que 40 son de lujo. Pero o ellos, o el periodista de El País anda flojucho en matemáticas porque 40, sobre 810, son más bien el 4,9%, no el 8%.
 
La noticia continua: "Pronto serán más. La capital prevé 20 nuevas aperturas hoteleras entre 2026 y 2028, según el Plan Estratégico de la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid. De ellos, 18 serán de cuatro y cinco estrellas, y tendrán un precio promedio de 1.000 euros la noche. El nuevo modelo de turismo madrileño se abraza al lujo."
 
No he podido encontrar el texto de ese plan estratégico, así que no sé si la estimación del precio promedio de 1.000 euros la noche aparece en él, o es de otra fuente. Pero la cifra me ha llamado mucho la atención, porque además no se refiere solo a hoteles "de lujo" sino a hoteles de cuatro y cinco estrellas. 
 
¿Y cuáles son los precios de los hoteles de cuatro y cinco estrellas actualmente en Madrid? Pues veamos, he hecho una búsqueda en una de las típicas plataformas online para el fin de semana del 21 al 23 de noviembre, en Madrid ciudad, de hoteles de 5 estrellas. Es una búsqueda sin demasiada anticipación. Han aparecido 40 hoteles, y el más caro tenía un precio de 911 euros por noche. El precio medio estaría en 440 euros por noche, y el mediano en 370. Repito la búsqueda para una fecha más próxima. Menos anticipación, menos oferta, peores precios, imagino. Así es: solo salen 22 hoteles, el más caro con un precio medio 1.515 euros por noche, el precio medio en torno a los 710 euros, y el mediano unos 550. Voy a hacer una nueva búsqueda, para una sola noche, para una fecha próxima, esta vez entre semana, para el martes 28 de octubre. Salen 39 alojamientos. El más caro está en 1.650 euros, pero solo hay cuatro por encima de los 1.000 euros. El precio medio son 532 euros, y el mediano 396.
 
No voy a echar el día en esto. He buscado solo en hoteles de cinco estrellas, para fechas más bien próximas, y los precios medios han sido 440, 710 y 532 euros (y los medianos entre 70 y 150 euros menos). Los hoteles por encima de los 1.000 euros en todos los casos eran una pequeña minoría de los encontrados. Imaginen qué habría pasado si hubiera incluido también hoteles de cuatro estrellas. O si hubiera buscado precios con cuatro o cinco meses de antelación.

Por tanto, resulta francamente difícil de creer que el precio medio de los 18 nuevos hoteles de cuatro y cinco estrellas en Madrid vaya a ser de 1.000 euros. ¿Sería matemáticamente posible? Sí, claro, si hubiera pocos de cuatro estrellas y entre los de cinco estrellas hubiera algunos con precios muy altos, claramente por encima de los que actualmente se cobran normalmente en Madrid. Desconozco las características concretas de esos 18 proyectos empresariales pero sería raro que hubiera una apuesta tan radical por ir a por el sector del mercado más pequeño. 
 
Más bien parece que alguien, en la organización empresarial, o en el periódico, se ha venido arriba. Si fueran los primeros, tal vez lo han hecho con ilusión y orgullo de una ciudad que apuesta por el lujo, y de un sector pujante y rentable. Si fueran los segundos, seguramente el espíritu es otro, crítico con la expansión en la ciudad de negocios potencialmente alejados de los intereses de los que vivimos en ella.
 
En todo caso, creo que alguien se le ha ido la mano. Los turistas que "pagan 1.000 euros por noche" serán, casi con toda seguridad, una pequeña minoría de los que se alojen en los nuevos hoteles de cuatro y cinco estrellas, como los son ahora incluso en los hoteles solo de cinco estrellas. Y seguirán siendo una ínfima minoría del total del turismo en Madrid. Decir que Madrid apuesta por ese turismo es una disparatada exageración. 

23 de julio de 2025

No, no hay un 40% de españoles que se alimentan de comida preparada fuera de casa

Hace unos días en El País hablaban de un estudio académico sobre los hábitos de los españoles en torno a la cocina. El titular era este:

Cuánta gente cocina en España (y cuánta no toca casi nunca una sartén)

El estudio académico es a mi juicio bastante problemático,* pero vamos a obviar ese aspecto, ya que no sabemos si el periodista ha tenido acceso solo a una nota de prensa, o al contenido completo del artículo (que no es de acceso abierto), ni cabe esperar, tal vez, que un periodista se ponga a enmendar la plana, por razones metodológicas, a un estudio publicado en una revista científica.
 
De modo que podemos aceptar que el periodista haya tomado al pie de la letra lo que dice el estudio, que es que el 59,1% de los españoles cocina en casa todos o casi todos los días. Lo que se entiende menos es que a partir de ese dato se construya un argumento, que nada tiene que ver con el estudio, sobre la comida preparada y el posible futuro apocalíptico en el que nadie ya cocinará en casa. 
 
Porque en efecto, tras una mención, no precisamente laudatoria, al vaticinio de Juan Roig (el de Mercadona) de que en unos años nadie cocinará, y casi todos comeremos comida preparada fuera de casa, el texto decía lo siguiente: 
 ... a día de hoy, la claudicación definitiva sigue muy lejos, porque un 59,1% de los españoles cocina a diario.

¿Son muchos? Según como lo interpretemos. Para el científico y profesor universitario Javier Sánchez Perona, el dato “alarmante” es más bien que el número de los que no cocinan nunca o muy rara vez va creciendo de manera gradual desde hace décadas y alcanza ya el 40,9%. Es decir, que cuatro de cada diez compatriotas viven ya en algo parecido a ese escenario distópico –viviendas sin cocinas, porque ya nadie querrá utilizarlas– en el que Roig augura que nos habremos instalado todos dentro de un cuarto de siglo. [énfasis añadido]
El problema del segundo párrafo es que es una pura invención. Primero, porque en el estudio citado, aparte del 59,1% que dice que cocina a diario o casi a diario, otro 13,1% dice que cocina 4 o 5 veces a la semana, y otro 13,7% cocina 2 o 3 veces a la semana. Los que cocinan una vez a la semana, o nunca, son solo el 14,1% de los encuestados (de nuevo, no puedo saber si todos esos porcentajes estarían en la nota de prensa que le llegó al periodista).
 
Pero hay otro problema aún más importante, que al parecer ni al autor del artículo ni al profesor Sánchez, se les ha pasado por la cabeza. Uno puede no cocinar, y sin embargo comer comida preparada en casa... ¡por otras personas! Resulta que en España las personas que viven solas son (con datos de 2023) unos 5 millones, de un total unos 47 millones. La mayoría viven, vivimos, en hogares compuestos por más de una persona. Y en fin, aunque las situaciones son variadas, es lo más habitual que en muchos hogares haya una persona que sea la que más habitualmente cocina, y haya una o más personas que no cocinan nunca o casi nunca, pero comen lo que prepara otro miembro de la familia (asombroso, ¿no?). 
 
Haciendo unas cuentas sencillas, con datos extraídos del INE sobre la población española por edades y por hogares, y teniendo en cuenta que la encuesta solo se dirigía a adultos, podemos estimar que si el 59,1% de los adultos cocinara a diario o casi a diario, eso serían aproximadamente 23,3 millones de personas, frente a 18,5 millones de hogares. Es decir que, aun sin incluir a los que cocinan 4 o 5 veces a la semana tendríamos, en promedio, más de una persona que cocina a diario por cada hogar español (1,25 aproximadamente). Dicho de otra forma, el dato de que "solo" el 59,1% de los españoles adultos cocine a diario sería perfectamente compatible con que el 100% de los adultos (y los menores) consumiera a diario comida preparada en casa. 
 
De hecho, por mucho que lo sugiera el profesor Sánchez, no creo que el porcentaje de personas que cocinan a diario sea ahora más bajo que hace 20 o 30 años, cuando menos gente vivía sola, menos mujeres trabajaban fuera de casa y los repartos de tareas domésticas eran menos igualitarios.
 
En fin, que estamos ante un caso llamativo de retorcimiento de unos datos (de baja calidad, por otra parte) para hacerles decir lo que no dicen, y montarse un relato completamente fantasioso sobre la difusión de la comida precocinada en España. Que seguro que está creciendo, y que ya habrá algunas personas que realmente solo comen fuera de casa, o con comida preparada fuera. Pero desde luego lo que ese estudio no dice, ni probablemente sea cierto, es que sea ya la manera de alimentarse de un 40% de la población.
 
* El problema del estudio es que se basa en una encuesta online con muestra no probabilística de tipo bola de nieve, a partir de redes sociales. Por lo tanto, en realidad, no hay ninguna manera de saber si la muestra que responde se parece o no a la población española, o en cuanto se puede desviar lo encontrado en la muestra respecto a la población (de hecho sí se sabe, porque el artículo lo dice, que la muestra es más joven y más femenina que la población española). Es el tipo de muestra que yo hago a veces con estudiantes de trabajos fin de grado, haciéndoles notar que deben indicar claramente en el trabajo que entienden que una muestra así no es válida para hacer ningún tipo de afirmación sobre la población, pero que se puede hacer, dadas las limitaciones de un trabajo en la universidad, como ensayo, simulación o ejercicio práctico sobre cómo se interpretarían esos datos "si fueran buenos". Me llama la atención que un estudio así se publique en una revista académica aparentemente seria, de una de las grandes editoriales internacionales.
 
 

20 de junio de 2024

Casi la mitad, o una gran mayoría, o el 29%, elija su aventura

Veo en El País una noticia que me llama la atención: Casi el 50% de los propietarios de coches eléctricos se arrepiente de su compra: estas son las razones. Leo el artículo y me encuentro con una estructura bien peculiar: los tres primeros párrafos no hablan de lo que habla el titular, sino de otros temas relacionados.  Cuentan, así, que en España se venden pocos coches eléctricos, y las posibles razones para ello, que el autor del artículo no atribuye a ninguna fuente particular, sino a lo que debe de considerar saber más o menos común; "El freno para la compra de un coche eléctrico tiene que ver principalmente con estos problemas: coste inicial elevado [negrita original], infraestructura de carga limitada, autonomía de la batería y tiempos de recarga."

Y luego añade: "Aunque el mayor problema es que las encuestas entre los clientes de coches eléctricos están revelando que una gran mayoría se arrepiente de su compra [negrita en el original]. La última ha salido a la luz hace unos días."

En el titular eran "casi el 50%", ahora son"una gran mayoría" los que se arrepiente de su compra. Pero tenemos que esperar al 4º párrafo de la noticia para saber de donde salen los confusos datos: provienen de un estudio de la consultora McKinsey, que ha hecho una encuesta a nivel global sobre la satisfacción de los conductores de vehículos eléctricos. El estudio no se cita directamente, solo hay un enlace a una noticia en un medio especializado (Automotive News), que la ha divulgado. En todo caso, se nos vuelve a decir: "Los resultados no dejan lugar a la duda. Los titulares de estos modelos están decepcionados."

Llegados ya al 5º párrafo encontramos esta frase: "Por ejemplo, en Estados Unidos, el 46% de los propietarios de estos vehículos va a elegir un automóvil con motor de combustión en su próxima compra." Estos serían los arrepentidos, que son "casi la mitad", no desde luego "la gran mayoría", pero en Estados Unidos.

Y llegamos ya, atención, al párrafo sexto: "A nivel mundial, aproximadamente el 29% de los propietarios de vehículos eléctricos planean elegir un coche con motor de combustión para su próxima compra." Acabáramos: en el dato mundial, el único que podría incluir a España, dado que, al parecer, el autor no tiene acceso a datos desagregados de nuestro país, o al menos de Europa, los arrepentidos son casi un tercio.

Luego añade: "Además, existe un grupo significativo —el 21% de los encuestados— que rechaza por completo este tipo de vehículos." ¿Un 21% de los poseedores de un vehículo eléctrico "rechaza totalmente" ese tipo de vehículos? ¿Y son un 21% distinto del 29% que dice que su próximo coche será de combustión? No, para nada. En la noticia de Automotive News se dice que "Twenty-one percent of global respondents do not want to ever switch to an EV.". Resulta que la encuesta de McKinsey se ha hecho a todo tipo de conductores, no solo a conductores de coches eléctricos, y el 21% se refiere al total de los encuestados (o tal vez, no queda claro, al 21% de los que no han comprado ya un coche eléctrico). 

En todo caso, ese 21% no tiene nada que ver con los compradores de coches arrepentidos, que siguen siendo el 29%, a nivel global. Ni "casi la mitad" ni mucho menos "la gran mayoría". 

Si yo fuera conspiranóico me inventaría le película de que el redactor o el periódico están al servicio del lobby petrolero y gasolinero y de los fabricantes de coches que van retrasados con lo de los vehículos eléctricos. En realidad, seguramente es más probable que se haya dejado llevar por sus sesgos personales. O tal vez, simplemente, buscaba el click con un titular llamativo, que sería algo peor aún. En todo caso, el resultado es pésimo. 

25 de julio de 2023

Que noooo, que la participación no ha subido cuatro puuuntos

Uno tiene la inocente creencia de que hay ciertos errores que los medios dejarán de cometer, cuando se les advierte una vez tras otra de que lo están haciendo mal. No digo que en algunos campos no pase. Pero mi experiencia me dice que algunos errores muy sencillitos nunca dejan de repetirse. 

Por ejemplo, este, que he comentado ya muchas veces, incluso cuando colaboraba en la radio: cada noche electoral los medios comparan erróneamente las estadísticas de participación de los resultados provisionales, que solo incluyen a los votantes residentes en España (hayan votado presencialmente o por correo) con la participación en los resultados definitivos de la elección anterior, que incluyen los votantes "residentes ausentes" (los que votan desde fuera e España), y que es siempre más baja que la de los resultados provisionales (porque los que viven fuera votan mucho menos que los que vivimos en España).

Así, por ejemplo, en noviembre de 2019, al acabar la noche electoral, con los resultados provisonales, la participación quedó en un 69,87%, mientras que en los resultados definitivos, incluidos el censo y los votantes desde el extranjero la participación quedó en un 66,23%.

En la noche del domingo la participación en los resultados provisonales quedó en un 70,40%. La comparación correcta es con los resultados provisionales de noviembre de 2019, lo que daría un aumento del 0,53%. 

¿Y qué han contado los medios?

El País: La participación sube cuatro puntos impulsada por el voto por correo

RTVE.es: Participación en las Elecciones Generales 2023: supera el 70%, cuatro puntos más que en 2019

Abc.es: La participación se sitúa por encima del 70%, casi cuatro puntos más que en 2019

Expansión: La participación electoral en España llega al 70,18%, casi cuatro puntos más que en 2019

La Razón: Cuatro puntos más de participación que en 2019 [curiosamente a pesar de publicar un gráfico con el dato correcto, de la participación provisional, en 2019]

Y otros cuantos más, supongo. Seguro que alguno lo ha contado bien, y yo no lo he encontrado. Avísenme si lo ven, para felicitarles.

En fin, que no es tan complicado, que solo hay que mirar los propios archivos, para ver qué se publicó en la noche electoral anterior... Pues no hay manera.

5 de marzo de 2023

¿Suicidios de menores al alza?

Hoy publica El País una pieza sobre el suicidio de niños y adolescentes, que quiero usar como punto de partida para ilustrar un problema típico con el que nos encontramos al intentar interpretar algunas estadísticas sociales. Las estadísticas de evolución del fenómeno no eran el asunto central de la pieza, pero sí se usaban para enmarcar el asunto, diciendo que los suicidios entre los niños de 10 a 14 años están "en alza desde 2019", y que el dato de 2021 (último disponible), con 22 suicidios, había sido el mayor desde hace 30 años. Sin embargo, también se contaba que en el siguiente grupo de edad, de 15 a 19 años, los 53 suicidios de 2021 estuvieron "por debajo de la media de las últimas cuatro décadas."

Me ha picado la curiosidad por estas dos tendencias aparentemente dispares, y más en general por saber lo que viene pasando a largo plazo, ya que los análisis de variaciones de fenómenos en periodos cortos pueden ser engañosos. Muchos fenómenos sociales suben y bajan en periodos breves sin que eso signifique necesariamente que hay una tendencia de fondo real. Son oscilaciones o dientes de sierra en torno a la tendencia, que puede ser plana, ascendente o descendente, a largo plazo, pero "no se ve" si uno se queda mirando lo que ha pasado en un periodo demasiado corto. Siendo además el número total de suicidios entre niños de 10 a 14 años tan bajo en números absolutos (dice la noticia que 22 es el máximo en 30 años), es aún más probable que haya bandazos y oscilaciones aparentemente muy drásticas que sean solo producto del azar, y no reflejen ningún cambio en la tendencia de fondo.

Así que he entrado en la web del INE que, como dice la propia noticia, es la fuente de sus datos. En la sección de Defunciones por causas puede verse el número de fallecidos por suicidio, por tramos de edad, desde 1980. Podríamos analizar directamente esos números para ver las tendencias a largo plazo, pero claro, el número de personas con esas edades en España ha cambiado mucho en los últimos 40 años. Por eso, con un pequeño trabajo adicional, he extraído también del INE los datos de población por edades, a 1 de julio (el día central del año) de cada año, y he calculado la tasa por millón de personas de fallecidos por suicidio, entre 1980 y 2021, para estos dos grupos edad. El resultado es este:


La línea azul representa las tasas para los niños de 10 a 14 años. Como era de suponer, por ser números absolutos muy pequeños, hay dientes de sierra considerables. Pero la media de cinco años, que elimina los dientes de sierra, permite ver que la tendencia general es más bien de estabilidad, en  todo caso con una suave tendencia de caída, más o menos desde 1990, hasta 2012 y un suave crecimiento desde 2012 hasta 2021. Y sí, se puede decir que "están al alza desde 2019", porque en efecto en los dos últimos años han subido. Sin embargo, la subida de 2020 no es muy diferente de la que ha habido un montón de veces en estos años, por los dientes de sierra ya mencionados. En cambio la subida de 2021 sí es muy llamativa. No solo el número absoluto es el más alto desde hace 30 años, sino que la tasa por millón de personas de esa edad (8,7) es la mas alta de toda la serie (por encima de los 8,4 de 1986). 

¿Cuánta importancia hay que darle a ese valor extremo? Aquí es donde suelo encontrar resistencia entre los estudiantes de periodismo, si trato de convencerles de que un valor extremo como este no debe ser destacado en una noticia, porque aunque el dato sea cierto no es informativo, ni valioso. O más bien no estamos seguros de que lo sea, porque ese valor tan alto de 2021 puede ser solo eso, un pico, un valor anómalo, producto de la acumulación azarosa de unos pocos eventos aislados (recordemos que son 22 casos individuales), una altura algo mayor en la montaña rusa de los últimos 40 años. O puede ser el inicio de una serie de años con valores sistemáticamente más altos que los de años anteriores. Y esto ahora mismo no es posible saberlo.

Por otra parte, al hablar del suicidio entre niños y jóvenes, son en realidad más relevantes los datos del grupo de edad entre los 15 y los 19 años (en rojo en la gráfica), ya que son muchos más casos, tanto en valor absoluto como en proporción a la población de esa edad. Y en relación con ellos llama la atención la caída enorme de la tasa, de casi dos tercios, entre el valor máximo, de 35,9 por millón, en 1988 y el mínimo de 12,5 por millón, en 2010. En los años posteriores ha habido un repunte, hasta un pico de 30,5 por millón en 2018, seguido de valores claramente más bajos en los tres años siguientes. 

En fin, aunque la línea azul y la roja no se mueven en paralelo, la tendencia entre los de 15 a 19 en los últimos años hace dudar aun más de que el salto súbito entre los más pequeños en 2021 responda a una corriente de fondo, y no se trate de algo pasajero y azaroso, producto en parte también de aislar los datos de un subgrupo muy pequeño, más dado a las oscilaciones erráticas.

En situaciones como estas parece que lo más informativo es centrarse en la media móvil, que precisamente elimina los dientes de sierra, y nos permite ver lo que pasa "por debajo" de las oscilaciones azarosas. Entre los niños de 10 a 14 años esto nos llevaría a pensar que seguimos en una fase de muy ligero aumento, iniciada en 2012, y a pensar, provisionalmente, que el pico de 2021 no es señal sino ruido. Sin embargo, muchos estudiantes de periodismo piensan que el "aquí y ahora" les obliga a informar de ese ascenso vertiginoso de 2021. De hecho, un periodista más sensacionalista que el de El País (y que hubiera hecho el trabajo de calcular las tasas por millón) podría haber escrito algo como "los suicidios de niños 10 a 14 años, en su nivel más alto en 40 años". No estaría mintiendo, claro, pero estaría dando información de muy poco valor. 

7 de febrero de 2022

Una mayoría bastante minoritaria

 Un lector en Twitter me ha advertido esta mañana de esta noticia de El País, cuyo titular le parecía muy problemático:

Una mayoría de castellanos y leoneses aboga por suprimir la autonomía

La pregunta de encuesta que da soporte al titular es esta:

De las opiniones distintas sobre cómo debería ser la organización territorial del Estado y cuál sería el mejor encaje de Castilla y León dentro del mismo, ¿cuál de estas opciones elegiría?
Un Estado único sin autonomías                                                    35,8%
Un Estado en el que C. y León tenga menor autonomía                  5,4%
Un Estado autonómico como en la actualidad                                22,5%
Un Estado federal en el que C. y León tenga mayor autonomía     12,3%
Un Estado en el que C. y León pueda ser independiente                  1,3%

El titular tiene dos problemas. Uno es puramente lingüístico y otro es más sustantivo.

1. El problema lingüístico se refiere a si puede o no llamarse "mayoría" al grupo mayor de entre varios en los que se divide una población, cuando ese grupo mayor no llega al 50%. En los comentarios a esta entrada del blog, hace unos años, tuvimos un animado debate sobre eso. Se lo resumo: con el DRAE en la mano es correcto usar "mayoría" para referirse al grupo mayor, sea cual sea su tamaño. Si hay 20 candidatos a delegado de curso, y gana uno con el 8% del voto, se puede decir que ha tenido un apoyo "mayoritario" o que "la mayoría de los alumnos" le han apoyado. A mí me parece que aunque esa interpretación responde a lo que dice literalmente el DRAE no es ese el uso común de la palabra "mayoría", y en todo caso, a mí personalmente me parece un uso inadecuado. 

2. El problema más sustantivo es que la opción con más apoyos, sí, es la que propone eliminar las autonomías, pero todas las opciones alternativas, o al menos en todo caso las opciones segunda a cuarta, son diferentes variantes del rechazo a esa propuesta. Es decir, el 40,2% que ha escogido las opciones segunda a cuarta esta apoyando el mantenimiento de la autonomía, en diferentes grados. Y por tanto, serían realmente "mayoría" los que apoyan el mantenimiento de la autonomía, no los que quieren desmantelarla. 

Por poner un ejemplo tonto, por si no me han entendido ustedes ya (que seguro que sí), si en una encuesta nos sale que el 36% prefieren como postre el flan, el 5% el yogur natural, el 23% el yogur de fresa y el 12% el yogur de plátano, no podemos decir que la mayoría de los españoles prefiere el flan al yogur. Pues eso es lo que metafóricamente está haciendo El País con su titular, me parece a mí. Muy mal resumen de un dato que tendría también interés sin deformarlo tanto.

28 de octubre de 2021

43 años publicando rumores y bulos sobre prostitución

El otro día en la comida una compañera se alarmó cuando otro colega dijo que yo era conocido por mi afición a la prostitución. La cosa ya se tranquilizó cuando quedó claro que se refería a mi afición a tratar el tema en este blog.  

Y lo cierto es que efectivamente, el asunto apareció por primera vez aquí en abril de 2004, solo cinco días después de arrancar el blog, cuando expliqué por qué las cifras tan habituales en la prensa entonces, que decían que en España había 300.000 o 400.000 prostitutas eran totalmente increíbles, como lo era la afirmación de que el negocio de la prostitución, excluyendo todos los aspectos legales vinculados a él (alojamientos, hostelería) generaba 18.000 millones de euros al año. Desde entonces he vuelto a escribir varias veces sobre el asunto.* Si tienen ustedes curiosidad, en el artículo "El número grande se come al chico" en la revista Cuadernos de Periodistas, expliqué con mucho más detalle que la cifra de 300.000 prostitutas no tiene ninguna fuente seria conocida, que se manejaba ya al menos en 1978 (en El País, precisamente), para una sociedad muy distinta a la actual en muchos aspectos, y que los únicos estudios serios que han intentado cuantificar la prostitución en España, a nivel local o regional, dan cifras que son totalmente incompatibles con ella.

Viene todo esto a cuento del editorial del martes en El País, "Prostitución: regular la abolición", donde, a partir de la promesa reciente de Pedro Sánchez de abolir la prostitución, se discutía de manera, en general razonable, la complejidad del asunto, y se explicaba cómo había luces y claros en las experiencias de países europeos con diferentes enfoques sobre el tema. El texto mencionaba cifras de volumen de negocio anual de entre 1.800 millones (5 al día) y 4.000 millones, que son probablemente mucho más realistas que aquellos 18.000 millones que algún periódico crédulo contaba en 2004.

Sin embargo, en el editorial se colaba también esta otra frase:

España ocupa el primer puesto de Europa y el tercero del mundo (por detrás de Puerto Rico y Tailandia) en consumo de prostitución...

Esta es una afirmación espectacular que viene circulando al menos desde 2011 en los medios españoles. El enlace del editorial dirigía a esta noticia publicada en el periódico el 9 de octubre donde, vaya por Dios, aparecía la cifra de 350.000 prostitutas en el subtítulo, y luego también en el texto. Y en cuanto a nuestra supuesta, y vergonzosa, medalla de bronce mundial en prostitución, se decía esto:

España concentra el mayor porcentaje de hombres que pagan por sexo de Europa, y es el tercero del mundo después de Tailandia y Puerto Rico, según un informe de 2016 de la Fundación Scelles, de Francia, especializada en analizar la explotación sexual.

El enlace a la Fundación Scelles no dirige a ningún informe concreto (mal hecho), sino a su página web general en inglés. Pero en ella encontramos un Global Prostitution Report (Informe Global sobre Prostitución), entre cuyos contenidos hay perfiles de 35 países, y entre ellos está España. Y ahí encontramos lo que parece ser la fuente de la noticia del 9 de octubre de El País, e indirectamente de su editorial:

Spain thus is the third largest consumer of prostitution in the world after Thailand and Puerto Rico (Marie-Claire, November 15, 2013)

Sí, lo han leído bien. ¡La fuente de la Fundación es la revista Marie-Claire! ¿No es maravilloso? ¿Y de dónde lo sacó Marie-Claire? Pues todo apunta a que es una mala lectura de un informe elaborado por la Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP) en 2011 (pags. 53-55), que no citaba su fuente, pero cuyos datos coinciden a la perfección con los que aparecían, en 2010, en el informe The Globalization of Crime, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), del que ya hablé en otro artículo de Cuadernos de Periodistas, y que contenía este párrafo (traducción propia):

“Los datos de encuestas nacionales sugieren que el porcentaje de hombres que han comprado servicios sexuales alguna vez en su vida varía considerablemente entre países y en el tiempo. Según las encuestas de Kinsey en la década de 1940 [en Estados Unidos], el 70% de los hombres adultos declararon haber pagado por sexo al menos una vez en sus vidas, pero en esa época el sexo extramarital no pagado era mucho menos común que hoy. Encuestas más recientes sugieren que la cifra actual es más cercana al 19%.  Encuestas recientes en otros países sugieren una cifra similar en Suecia (13%), los Países Bajos (14%), Australia (15%) y Suiza (19%). España (39%) es un valor atípico en Europa, como lo es Puerto Rico (61%) en América del Norte. La cifra comparable es aún mayor en Tailandia (73%)”

Fíjense que ahí no se dice que seamos los terceros del mundo. Solo se dice que el dato español es atípico, en Europa, como lo son, en sus respectivos continentes, Puerto Rico y Tailandia. El salto de ahí a "España es la tercera del mundo" se debió producir en algún momento posterior, tal vez en Marie-Claire, tal vez en otro medio, y desde entonces ha ido rebotando hasta llegar, y no será la última vez, al editorial de El País del martes.

Hay que decir además, que el dato del 39% que citaba la ONU procedía de una publicación de 1998 (Leridon, Zesson and Hubert, The Europeans and their sexual partners, London, UCL, 1998), que a su vez cita un estudio de 1990. Es decir, que tiene ya unos 30 años. Los estudios más recientes han dado cifras algo distintas, y normalmente más bajas, aunque algunos, como la Encuesta Nacional de Salud Sexual hecha por el CIS en 2008, no quedaba muy lejos, con un 31% de 4.800 hombres entrevistados que reconocía haber pagado alguna vez por mantener relaciones sexuales (pregunta 22).

En todo caso, lo de "somos los terceros del mundo" es un puro bulo, o si quieren ser más caritativos, un error, que viene rondando por las redacciones, y por los ministerios, y con el que sería deseable terminar, como con todas las informaciones exageradas, sobre, claro, cualquier tema. Desgraciadamente, mis expectativas, como podrán imaginar, son tirando a bajas.

* Por si hay alguna duda, debo aclarar que esta pelea mía no trata, en realidad, de la prostitución, sino de la prensa. De su credulidad, su descuido, o su negligencia al reproducir  informaciones sin contrastar, especialmente sobre "buenas causas". Y que mi cuestionamiento de las cifras exageradas no implica ninguna posición sobre las cuestiones de fondo sobre lo que debe hacerse con la prostitución, o en particular sobre cómo puede lucharse con éxito contra la prostitución forzada y la explotación sexual de personas, que sea cual sea su magnitud, es sin duda, un delito repugnante que hay que perseguir.

1 de agosto de 2021

Multiplicando por 1.000 las superficies quemadas

Una entrada breve para esta noticia de El País que me manda Jesús (@juvenal_tw). Se titula "Dentro de la pesadilla de fuego que abrasa Estados Unidos" y en la edición en papel ocupa una página completa, con un buen apoyo gráfico: dos mapas con diferente detalle, una foto de satélite, y un diagrama de barras con los datos de los mayores incendios. Es este:

La pena es que en él alguien se ha hecho un jaleo, tal vez por la clásica duda sobre las comas y los puntos para los decimales en fuentes en español y en inglés, pero en todo caso ha multiplicado por mil el tamaño real de los incendios. Sumando los datos de esos 10 incendios salen unos 5,7 millones de km cuadrados. Como me dice Jesús, eso sería ya más de la mitad de la superficie total de los Estados Unidos.

Va a ser que no, claro, y de hecho en uno de los mapas aparece la extensión correcta del incendio mayor, el de Bootleg, que es de 1.672 km2, 1.000 veces menos de lo que pone en el gráfico.

Más claramente incluso que en mi otra entrada de esta mañana, la culturilla general debería haber salvado a quien hizo el gráfico. Hay que tener en la cabeza ciertas cifras básicas sobre el mundo alrededor, porque una técnica rápida para evitar cometer errores con números grandes sobre cosas que no conocemos es ponerlos en relación con cosas que conocemos. Así, si uno lee que hay un incendio en cualquier lugar del mundo de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, debe saber inmediatamente que hay un error, al ponerlo en relación con la superficie de algún lugar que conozca (su país, su comunidad autónoma...). 

A mí se me quedó clavada en el colegio, por ejemplo, por ser un número muy redondo, la superficie de España: más o menos medio millón de kilómetros cuadrados (en realidad son 506.000). Por tanto, inmediatamente sé que no ha habido un incendio en Estados Unidos que cubre 1,6 millones de kilómetros cuadrados. Si lo leo, sé que está mal. Y si me sale al hacer una conversión de hectáreas, acres, o cualquier otra cosa, también sé que está mal. Algo así le debería haber pasado a quien ha hecho la gráfica de El País, o a algún otro de los miembros del equipo (como el que ha hecho el mapa, con el dato correcto). Evidentemente, no ha sido así, y ha llegado hasta el papel un gráfico con datos completamente locos.

30 de julio de 2021

Séptima palabra, primer error

 Veo hoy en Elpais.com una noticia con este titular:

Cómo aprovechar mejor Gmail y cuáles son sus alternativas

Como viejo usuario (enseguida verán por qué lo subrayo) de Gmail, y defensor acérrimo, siempre me interesa conocer nuevos trucos. Aunque a veces este tipo de artículos son decepcionantes, y cuentan cosas de nivel principiante que un usuario con experiencia ya conoce. Pero en fin, démosle su oportunidad.

Primera fase del primer párrafo:

Gmail irrumpió en el mercado en 2009.

¿Seguro? Esta es una captura de pantalla del mail de bienvenida que recibí cuando usé por primera vez gmail (sí, lo guardo):

 

Mail de bienvenida de Gmail, en inglés, fechado en 2004

En aquel mensaje me hablaban de que Gmail estaba en pruebas. Y en efecto, según parece, aunque el servicio se lanzó el 1 de abril de 2004, durante casi tres años el acceso era por invitación (cada usuario podía invitar a un cierto número de personas). Pero el número de invitaciones fue creciendo, hasta que en febrero de 2007 el servicio se abrió a todo el mundo. Parece que al redactor de la noticia le ha despistado el dato de que fue en 2009 cuando se dejó de considerar en fase beta, según la Wikipedia.

Total, que un artículo sobre Gmail arranca con una breve frase, de siete palabras, con un solo dato sobre Gmail, que es erróneo. Si no es el récord de Malaprensa, debe de estar cerca. Es un error "intrascendente", de esos que muchos en la prensa española piensan que no hay que corregir, porque no hay ningún perjudicado que vaya a llamar al periódico quejándose de algo que le afecta.

Pero es una pésima manera de empezar un texto, con un dato erróneo fácilmente comprobable. Y claro, uno piensa, ¿me puedo fiar de quien es tan descuidado?