27 de noviembre de 2016

Mal periodismo por una buena causa

Lo que voy a contar hoy es, seguramente, poco popular. Pero creo que debe decirse. El periodismo sobre buenas causas no puede estar exento de las reglas normales de la profesión, que se resumen en una sola: hacer todo lo posible para que todo lo que se cuenta sea verdad.

Que alguien haya pasado por experiencias terribles y pida nuestra ayuda no exime al periodista que lo cuenta de cerciorarse de que todo lo que le dice esa persona es cierto. De verificar la información con otras fuentes. De pedir ayuda a expertos para aclarar conceptos médicos o científicos oscuros.

Viene todo esto a cuento de la noticia o reportaje que apareció ayer en El Mundo, sobre Nadia, la niña enferma cuyos padres llevan años luchando para tratarla de una enfermedad rara, removiendo el cielo y la tierra, gastando una fortuna y dejándose su propia salud. Una historia dolorosa y heróica, según veía yo ayer en las múltiples referencias que encontraba en las redes sociales. Admirable. Emocionante.

Pero no la leí hasta que esta mañana un lector amigo me ha dicho que era también una historia increíble en muchos de sus extremos. Y en efecto, he encontrado muchos aspectos de la historia completamente inverosímiles. Desde la propia descripción de la enfermedad, y sus tratamientos, pasando por el científico reputado internacionalmente que trabaja, al parecer, desde una cueva ilocalizable de Afganistán, la donante anónima de la que se saben demasiadas cosas, el gran científico que trabaja en genética para la NASA, el timo con el piso de Valladolid, hasta llegar al vicepresidente Gore que ya no lo era cuando la familia se puso en contacto con él en la Casa Blanca.

Muchos cabos sueltos. Les dejo aquí la noticia anotada y comentada. Si quieren añadir sus propios comentarios pueden hacerlo aquí, o sobre el propio artículo, aunque para eso tienen que crear una cuenta en hypothesis.is  hypothes.is.

Si el núcleo de la historia es cierto, que esperemos sí, creo que al padre se le puede perdonar todo. La exageración, la novelización y la dramatización. Es una persona desesperada buscando ayuda. Pero el periodista no puede ser un mero reproductor de declaraciones inverosímiles. Su trabajo es, siempre, también en estos casos tristes, contar la verdad. Creo que en su afán por conmovernos, el periodista claramente deja de lado esa misión y se lanza a otra cosa, que no sé lo que será, pero no es buen periodismo.

31 de octubre de 2016

¡Situación desesperada en Euskadi!

Esta noticia es ya de hace unos días, pero no me puedo resistir a comentarla. Se publicó en el Elcorreo.com el día 19 de octubre. Este era el espectacular titular:

Más de 120.000 vascas sin hogar


Por si no tienen ustedes la cifra en la cabeza (el periodista de El Correo, de Bilbao, sí debería tenerla), la población de Euskadi es de poco más de dos millones de personas. De ellas, podemos pensar, a ojo, que más o menos la mitad, un millón, son mujeres.

Es decir, lo que el titular de El Correo está diciendo es que alrededor del 10% de las mujeres vascas no tienen hogar. El equivalente para España sería que hubiera algo así como 2,3 millones de mujeres sin hogar.

Si esto fuera así, estaríamos ante una situación catastrófica, sin duda, más de país en desarrollo que de economía avanzada. Y desde luego, el subtítulo que apunta a "la invisibilidad de las mujeres en situación de exclusión social" estaría plenamente justificado, porque no creo que nadie, hasta ahora, fuera consciente de esta trágica situación, en una de las comunidades autónomas españolas supuestamente más avanzadas.

Naturalmente, no, no es así (ya sé, soy predecible). Pero para averiguarlo no hay que escarbar mucho, ni ir al informe original, ni nada parecido. Basta con leer ¡la primera frase de la noticia!
Algo más de 120.000 mujeres podrían estar afectadas en Euskadi por diferentes situaciones de exclusión residencial; de ellas, alrededor de 450 estarían sin vivienda. 
Resulta que las mujeres "sin hogar" no son 120.000. Son 450. Un pequeño error que cualquiera puede cometer. Una minucia.

Y lo más curioso es que aún siga ahí y no la hayan rectificado. ¿Es que no releen sus propias noticias? ¿Es que nadie les ha advertido del disparate? ¿Es que a nadie le importa nada?

7 de octubre de 2016

¿Tú también, Nate Silver?

Repasando el archivo de Malaprensa he descubierto que no he hablado casi nunca por aquí de Nate Silver y su página web Fivethirtyeight.com. Es extraño porque es una página que en sus diferentes encarnaciones (independiente, en el New York Times, ahora en ESPN) he seguido con pasión en cada cita electoral norteamericana, desde 2008, y que puede decirse que es la inspiradora de muchas otras excelentes páginas o secciones de periodismo de datos (no sólo electoral, también económico o deportivo) que han florecido en los últimos años en Estados Unidos.

Silver no es periodista, sino que tiene formación en economía y estadística, y después de ganar dinero jugando al poker y haciendo estadísticas de baseball se pasó a las predicciones políticas, en la campaña de 2008. Inicialmente escribía con pseudónimo en el blog pro-demócrata dailykos.com, estimando quién iba a ganar las primarias, y en vista de su éxito acabó creando su propia página, teniendo un éxito enorme, y luego fichando por The New York Times, al que llevó gigantescas cantidades de visitas durante la campaña de 2012. Después se trasladó a ESPN, donde su página incluye noticias, con enfoque cuantitativo siempre, sobre cinco secciones distintas (política, deportes, ciencia y salud, economía y cultura), aunque sospecho que son las dos primeras las que realmente interesan a la audiencia.

Precisamente en 2012 publicó un libro fantástico, La señal y el ruido, sobre por qué algunas predicciones aciertan y otras no, los avances en algunos campos de predicción científica (meteorología), las dificultades en otros (sismología), nuestros problemas para entender bien las predicciones y actuar en consecuencia... Es muy recomendable.

Pero, volviendo a su página web, todo su afán es darle vueltas a los números, cuantificar, estimar probabilidades... sobre todo tipo de cosas, algunas muy inusuales. Por ejemplo, esta semana escriben sobre cómo son los "típicos" ganadores del novel Nobel de química, física, de la paz... Una parte importante de su trabajo se vuelva vuelca en presentaciones visuales de los datos, impactantes, y a veces muy originales. Por ejemplo, esta "culebra" para representar cómo van las encuestas en los diferentes estados para las presidenciales, ha sido muy celebrada:



Es una manera muy ingeniosa de representar de un vistazo cómo se ordenan los estados según las encuestas, de menos a más apoyo a cada uno de los candidatos, quién va ganando (ahora mismo Clinton), cuánto margen de confianza tiene (cuántos estados le "sobran")...

En fin, todo esto es una introducción, que creía justificada para que entendieran ustedes mi decepción cuando en una página que tanto consulto y que tanto admiro me encuentro, en un artículo sobre la enorme ventaja de Clinton sobre Trump respecto al número de oficinas de campaña en los estados en disputa, aunque sin llegar al despliegue de Obama en 2012, con varios mapas como este:




Sí, amigos, sí, es dramático, pero Fivethirtyeight ha caído en el grosero error de representar el número de oficinas a través de círculos cuyas áreas no son proporcionales a las cifras que tratan de representar. Lo que son proporcionales son los radios de los círculos. Pero si un círculo tiene un radio que es el doble que otro, su área no es dos veces más, sino cuatro veces más (el área del círculo se calcula con la fórmula A= π*r2). Por eso, al dibujar el círculo que representa 50 oficinas con un radio que es el doble del gráfico para 25 oficinas, su área es cuatro veces mayor. Y el que representa 100 es cuatro veces mayor que el de 50, y ¡16 veces mayor que el de 25! Un disparate por el que he criticado muchas veces a medios españoles. ¡Qué decepción, Nate! ¿Cómo has permitido que hagan algo así en tu página?

[Actualización: corregido el título, que tenía errores de acentuación y puntuación (¡Madre mía!). También he añadido algunos enlaces que había olvidado incluir en la primera versión. Actualización 2: buff, había puesto novel en lugar de Nobel. Corregido. Actualización 3: otra errata (vuelva) corregida. No era mi día, claramente.]

5 de octubre de 2016

Tres billones de dólares para ayudar a Afganistán

Los lectores habituales de este blog, con solo leer el titular de esta entrada ya se imaginan lo que viene luego. Sí, de nuevo, un periódico español ha confundido los billions en inglés, que son 109, con los billones en castellano, que son 1012. Es decir, confunden 1.000 millones (billions) con un millón de millones (billones).

¿Dónde ha pasado esto? Pues en la edición impresa de El Mundo, en esta noticia que amablemente me envía Antonio Pamos vía Twitter

Página de El Mundo con este titular: El Gobierno afgano pide tres billones de dólares para evitar el colapso


El mismo titular sigue a esta hora en la versión online:

Captura de pantalla con el mismo titular: El gobierno afgano pide tres billones para evitar el colapso

Este es uno de esos casos en los que uno ni siquiera necesita ir a las fuentes originales para estar seguro de que se ha cometido un error. Como digo alguna vez en mis charlas a periodistas: si les llega una noticia que dice que los 800 ocupantes de un autobús han muerto en un accidente, no la publican, porque inmediatamente saben que algo está mal.

Por la misma razón, si alguien me dice que el gobierno afgano pide una ayuda de tres billones de dólares para un periodo de cuatro años, sé con seguridad que algo está mal. Porque debo saber, de memoria, que el PIB de España es algo así como 1,1 billones de euros, por tanto tal vez algo así como 1,2 o tal vez 1,3 billones de dólares (aunque no sepa exactamente el cambio euro/dólar de ayer, sé que el euro está algo por encima del dólar). Y el gasto público en España debe de andar, también de memoria, por un 40% del PIB, o alrededores, unos 0,4 billones de euros, por tanto, pongamos, 0,5 billones de dólares. De manera que la ayuda que supuestamente pide el gobierno afgano, para cuatro años, para "evitar el colapso", sería aproximadamente el equivalente al gasto público total de España en seis años. Puede que la población de Afganistán sea algo mayor que la de España, no estoy seguro tampoco de memoria. Pero no puede ser que la ayuda mínima, de subsistencia, que el gobierno afgano necesita, sea mayor que el gasto público total de un país rico como España de población no enormemente distinta.

Todo esto son cuentas de la vieja, de memoria, pero que son suficientes. Igual que "sé" que en una un autobús no van 800 personas, "sé" que el gobierno afgano no ha podido pedir tres billones de dólares para cuatro año años.  El detector de disparates tiene que saltar. Se ve que en El Mundo lo tienen apagado.

Veamos si me he equivocado. No veo demasiadas noticias sobre el tema, pero las que encuentro, como esta del New York Times, hablan de que el objetivo es llegar a los "$4 billion" de ayudas (sin especificar un periodo), y que la Unión Europea planea dar, en cuatro años "1.2 billion euros ($1.3 billion)", esperando que otros donantes contribuyan una cantidad similar [el punto, en este caso, claro, no es de miles, sino que es el equivalente a nuestra coma decimal].

Es decir, que no me equivocado. El objetivo, (para plazo no especificado) es de 4.000 millones de dólares (0,004 billones), el compromiso de la Unión Europa, para cuatro años, de 1.300 millones de dólares (0,0013 billones). Redondeando, unas mil veces menos de lo que dice el titular de El Mundo. Una  minucia.

22 de septiembre de 2016

Cuando un periódico económico no sabe contar hasta tres, tenemos un problema

Esta mañana he visto en Elmundo.es esta llamada a una noticia de Expansión:

El pasaporte español, el 2º más poderoso del mundo

Intrigado por qué significaría eso del pasaporte poderoso, he accedido a la noticia de Expansión, y me he encontrado esto:

Ranking de pasaportes publicado en Expansión, por número de países a los que se puede acceder sin visado. España, con otros 5 países, ocupa el "nivel 2". Pero en el nivel 1 hay dos países.

Parece que el "pasaporte más poderoso" es el que da acceso a más países "sin necesidad de un visado especial". En realidad, si visitamos la página en la que se aloja el índice (el Passport Index) veremos que no es exactamente así. Se cuentan, para cada pasaporte, los países a los que se puede viajar sin visado, o con un visado que se obtiene al llegar al país, sin trámites previos, También se incluyen los países, como Estados Unidos o Canadá, a los que en ciertas condiciones se puede viajar sin visado, pero hay que tramitar antes del viaje una autorización electrónica.

Bien, no parece que sea disparatado llamar "pasaporte más poderoso" al que da entrada, sin trámites previos, a más países.

Pero, como se ve en la imagen, en ese ranking hay un primer nivel, con acceso a 158 países, que sólo tienen dos pasaportes, el sueco y el alemán. Y otro nivel, con acceso a 157 países, ocupado por cinco pasaportes, entre ellos el español.

Pero eso no se puede resumir, de ninguna de las maneras, como que el pasaporte español es "el segundo más poderoso". Será, en todo caso, "uno de los seis del segundo grupo más poderoso", o "el tercero más poderoso, empatado con otros cinco".

Pero nunca, nunca, puede ser que el que va por detrás de otros dos sea "el segundo". Señores de Expansión, se perdieron ustedes uno de los primeros episodios de Barrio Sésamo.

Más allá de la exageración grandilocuente, este es un nuevo ejemplo de la falacia del medallero: analizar las estadísticas sociales, económicas o políticas como si fueran resultados deportivos, dando más importancia a la posición en el ranking que al valor en el que se basa la clasificación, y en el que pequeñas diferencias tienen muy poca importancia. Que el pasaporte de España dé acceso a 157 países y nos coloque en el "segundo nivel" (o empatados en tercera posición) frente al de Portugal, que con 155 países les coloca en el "cuarto nivel" (o en la posición decimocuarta, empatados con otros cuatro países) es básicamente irrelevante. Una curiosidad, una anécdota.

La información con cierto valor es que el pasaporte español está, como el de los países europeos cercanos, entre los que da acceso a más países en el mundo. Uno más, uno menos, realmente no significa gran cosa, aunque ponga tan contentos a los señores de Expansión que se les vaya la mano.

16 de agosto de 2016

Cómo contar mal las elecciones presidenciales en USA

Lleva hoy Elpais.com una noticia sobre lo improbable de una victoria aplastante en noviembre de alguno de los candidatos presidenciales norteamericanos. El texto es un pequeño desastre por varias razones.

1. Explica muy mal a qué se refiere con el término "voto electoral" que usa en el texto. Véase:
Desde 1944, ocho elecciones se han resuelto con una victoria aplastante de un candidato a la presidencia de EE UU. Los republicanos lo han conseguido en seis ocasiones y, entre ellos, el caso más palmario es el de Ronald Reagan en 1984. Se impuso sobre el demócrata Walter Mondale con más del 95% del voto electoral. Para los demócratas, su mayor victoria por avalancha (landslide victory, en la jerga política estadounidense) la logró Lyndon B. Johnson en 1964: obtuvo el 90% del voto electoral frente a Barry Goldwater.
El lector español no particularmente interesado en política norteamericana no tiene por qué saber a qué se refiere esa expresión, y podría creer que Reagan tuvo el 95% de los votos, o Johnson el 90%. Naturalmente no fue así, y Reagan venció en 1984 con un 58,8% y Johnson en 1964 con un 61,1%. Pero esas victorias en el voto popular se vieron magnificadas en el Colegio Electoral, la institución intermedia que eligen los estadounidenses cada cuatro años, y que es la que realmente elige al presidente (por eso Bush fue elegido en 2000 con menos votos populares). En el Colegio Electoral cada estado tiene un número de escaños aproximadamente proporcional a su población, y la mayoría de los estados dan todos sus escaños al candidato que gana en ese estado. Por eso un candidato que gane por una victoria muy rotunda, y muy uniforme, ganando en casi todos los estados, puede conseguir, con alrededor de un 60% del voto popular, un 90% o más de los escaños en el Colegio Electoral.

Sería bueno que esta cosa tan simple se hubiera explicado en el texto, y en los gráficos que lo acompañan, que usan sólo los porcentajes de voto en el Colegio Electoral, y no los porcentajes de voto populares, para ilustrar los casos históricos de "avalanchas electorales". Y además lo llaman "% voto", como aquí.


2. Por cierto, ¿sabe alguno de ustedes quien ese ese señor que sale a la derecha de George H.W. Bush?


No es Michael Dukakis, el derrotado candidato demócrata de 1988, que tiene esta otra pinta (recientemente).


Google no ha sido capaz de reconocer la foto del falso Dukakis usada por El País, y aunque la cara me es vagamente familiar, no consigo reconocerlo. Agradezco la ayuda de aficionados a la política estadounidense con más memoria. [Actualización: Iñigo S. Ugarte lo ha reconocido. Es George J. Mitchell, que fue senador, líder de la mayoría demócrata en el Senado, y luego enviado especial para Irlanda del Norte y para Oriente Medio. Gracias ].

3. Por otra parte, es curioso que la noticia ponga el énfasis en que esta no va a ser una "avalancha", precisamente cuando algunos medios están especulando con que, en la situación actual, es casi tan probable una avalancha de Clinton como una victoria (ordinaria) de Trump.

4. Pero aún queda el desastre mayor. Justo al principio de la noticia, se ilustra la idea de que esta no va a ser una avalancha con un mapa que pretende ilustrar como están ahora las encuestas para Clinton y Trump, por estados. Se pinta cada estado con un tono de rojo o de azul según la probabilidad de victoria de Trump y de Clinton, respectivamente. Y en él se ve que hay una mezcla variada de rojo y azul que contrasta con los mapas, como el representado arriba, que ilustran las anteriores victorias aplastantes, en las que casi todo el país aparece coloreado de rojo (republicano) o azul (demócrata).

Este es el mapa que usa El País, y que dice que viene de el New York Times (en la noticia original puede pasar el ratón por encima del mapa, que es interactivo, y ver los porcentajes de probabilidad de victoria de cada partido en cada estado):


Un problema inicial es que el rótulo está al revés. Dice que rojo es más demócrata y azul más republicano. Pero si pasan su ratón por los estados verán que no es así: los estados en azul son los que tienen más probabilidad de victoria de Clinton. Además, si conocen ustedes algo de geografía política de los Estados Unidos sabrán que sitios como California o Nueva York son muy demócratas, y que el Sur y el Oeste (excepto los estados costeros) son más republicanos.

Pero ese no es el problema más importante del mapa: es que hay unos cuantos estados que están mal coloreados (y al pasar por ellos el ratón dan datos erróneos). Las predicciones de hoy mismo de The New York Times son estas:




Que se convierten en este mapa:


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En el mapa de El País aparecen en rojo erróneamente el estado de Washington, con un 99% de probabilidad de votar a Trump, mientras que el New York Times le da un 96% a Clinton. También Carolina del Norte (según El País, 95% de probabilidad de votar republicano, según el New York Times, que es supuestamente su fuente, un 67% de probabilidad de votar a Clinton).

Los errores en favor de los demócratas son todavía más serios: aparecen en azul (demócrata) los estados de Dakota del Norte, Nebraska y Virginia Occidental, estados tradicionalmente republicanos en los que, según el New York Times, las probabilidades de victoria republicana son del 86, 95 y 99% respectivamente. De hecho Virginia Occidental es según el New York Times, el estado con máxima probabilidad de victoria de Trump, y según El País, en cambio, aparece con un 97% de probabilidad de victoria de Clinton.

En fin, que los patinazos son enormes, y el mapa inservible, como en realidad, prácticamente toda la pieza.

29 de junio de 2016

El recuento del domingo siguió el patrón de otras elecciones

El domingo pasado, antes de irme al programa de Onda Cero, les dejé unos gráficos que ilustraban cómo han evolucionado, en las últimas noches electorales, los datos del recuento provisional, a medida que va avanzando el escrutinio.

Entre 2004 y 2011, el escrutinio inicial favorecía al PSOE y daba al PP unos cuantos diputados menos de los que tenía finalmente. En 2015, el PSOE resultó de nuevo beneficiado en el recuento inicial, para ir perdiendo diputados al avanzar la noche, mientras que el gran perjudicado inicialmente fue Ciudadanos, con Podemos también subestimado, y el PP inicialmente también por debajo del resultado final.

En el propio programa de Onda Cero conté también, al aparecer los primeros resultados de escrutinio, que en diciembre los resultados finales se apartaron así de los de primera hora: PP +3, PSOE -8, Podemos +8 y Ciudadanos +15.

Pues bien, el domingo ese patrón se reprodujo casi exactamente. Si me hubiera atrevido a jugar a adivino con esas desviaciones, el pronóstico, a partir del escrutinio de las 21:05 de la noche habría sido este: PP 136, PSOE 86, Podemos 72, Ciudadanos 34. Error máximo de dos diputados con Ciudadanos y de 1 con los demás. Error para los "bloques" de 1 diputado para la posible suma PP+C's y de dos para la posible suma PSOE+Podemos. Me podría haber puesto una medalla muy grande.

Pero sería una medalla injustificada, claro, porque a partir de un solo caso no se puede construir ninguna regularidad. Y porque de hecho, aquel primer escrutinio de diciembre era con el 6% escrutado, y el "primer escrutinio" ahora fue 8,9%. Así que gran parte del acierto se debería a la fortuna.

Lo que no quita para reconocer que sí, que hay patrones y regularidades. Vean los gráficos de la noche electoral de diciembre y del domingo pasado. Primero, los gráficos por partidos:




En la segunda hay más puntos de información y por eso las tendencias no son tan suaves, pero se ve que los patrones son muy similares. Por otra parte, hay que recordar que hasta llegar hacia el 60% del recuento, en 2015, y el 40%, este domingo, en las dos gráficas faltaban por asignar diputados de Canarias. De manera que en realidad, todas las líneas, en el primer tramo de la gráfica, habría que desplazarlas hacia arriba: el valor de comparación correcto serían los diputados peninsulares, y por tanto, los "excesos" serían mayores de lo que parecen, y los "defectos" menores.

Aquí están las gráficas para los escaños agrupados, de centro-derecha y centro-izquierda. De nuevo: gran parecido.




Gran similitud, de nuevo.

Aunque no lo he estudiado a fondo, la sospecha de por qué pasa esto es que los votos que se cuentan primero son, simplemente, los de las urnas donde hay menos votos que contar. Eso significa, en primer lugar, de pueblos, donde el número de censados por mesa electoral es menor. Y luego, dentro de las ciudades, donde todas las mesas tienen más o menos el mismo número de censados, se cuentan antes las mesas donde hay menos votos emitidos, es decir, menos participación.

Ese patrón explicaba el famoso misterio de las elecciones de 2003 en Madrid (las repetidas tras el Tamayazo) en las que a lo largo de la noche el PP fue ganando escaños poco a poco hasta llegar a la mayoría absoluta, provocando acusaciones infundadas de manipulación. Lo conté entonces en un artículo en El País con Juan Carlos Rodríguez, (artículo, por cierto, que puede considerarse una especie de preludio a este blog, porque lo inspiraban las mismas preocupaciones).

Y sucede que en algunas zonas de España esos dos patrones (que se cuente antes el voto rural, y el voto de zonas urbanas con menos participación) hacen que se cuenten antes mesas donde es más fuerte el PSOE. En Andalucía, por ejemplo, sucede así. Y también en Madrid. No es tan claro en otros sitios, sin embargo: en Galicia, o Castilla-León, los primeros resultados son más favorables al PP. El domingo pasado, en Castilla y León, el PP "bajó" de 21 a 18 diputados entre el primer escrutinio y el último. Y en Galicia pasó de 15 a 12.

Y aún hay otras comunidades donde el resultado prácticamente no se mueve en toda la noche.

En conjunto, un fenómeno interesante, que seguramente merece un estudio más cuidadoso. Pero de momento, queda ahí para curiosos y aficionados a la estadística electoral.

27 de junio de 2016

No, no ha habido pucherazo

Anda alguna gente un poco loca por las redes contando que ha habido pucherazo, que a los de Unidos Podemos les han quitado, por la brava, un millón y pico de votos, pero que lo han hecho tan mal que se han dejado por ahí rastros, de manera que la "pistola humeante" sería el dato de participación.

Este tweet de la cuenta @Anoymous_UE resume el argumento

Con un censo que apenas ha cambiado, y con participación casi idéntica, ¿cómo es que hay 1,4 millones de votos menos? Deben de ser votos de Unidos Podemos (o algo).

La explicación es mucho más sencilla: la App del ministerio compara dos datos que parecen lo mismo, pero no lo son. El dato que da para las elecciones de ayer es el resultado PROVISIONAL. El dato que da para las elecciones de 2015 es el dato OFICIAL, y ambos son siempre muy distintos.

Veamos: en diciembre de 2015, los datos PROVISIONALES, al final de la noche electoral, que están todavía disponibles en la web, fueron estos:


Los números no coinciden con lo que dice la app del Ministerio del Interior para 2015 porque son datos PROVISIONALES, que sólo incluyen los votos de los censados en España. De 34.631.086 censados residentes en España, votaron 25.350.447, lo que da una participación del 73,2%.

Unos días después, a esos votos se les suman los emitidos por los residentes en el extranjero (el CERA) . Como es sabido, esas personas, por motivos variados, votan en mucha menos proporción que los residentes. Y por tanto, al volver a calcular la participación, con un nuevo numerador y denominador, en el que crece mucho menos el primero que el segundo, el resultado es que la participación en los resultados finales y oficiales es siempre más baja que en los provisionales.

Se puede ver todo esto muy bien en la página del Ministerio del Interior que recoge ya los resultados oficiales de las elecciones de 2015:



Los datos del Censo Electoral sin CERA son muy similares, pero no idénticos, a los de la web provisional de la noche electoral (una diferencia de menos de 1.000 votos). Esto se explica porque ese recuento provisional de la noche electoral puede contener errores, que se revisan por las juntas electorales, antes de la proclamación oficial de resultados.

La participación del CERA fue muy baja, del 4,97%. Por lo tanto, al calcular la participación de los resultados oficiales, finales, el número total de votantes (el numerador) solo suma 88.899 votos, mientras que el número de censados, el denominador, suma 1.789.038 personas. Y por eso la participación en los resultados finales baja, respecto al dato de la noche electoral, más de 3 puntos, hasta el 69,97%.

Este dato final, oficial, sumando votos y censo de residentes en España y fuera de España, es el que aparece en la app del Ministerio (aunque, vaya por Dios, en el número de votos parece que hay una errata, y han puesto 100.000 votos de más).

En fin, que no, que no hay error ni trampa en los porcentajes de participación. Ni hay pucherazo por esa vía.

Pero ojo, supongo que muchos de los que han creído esta teoría pueden ahora reformularla y decir: vale, entonces los porcentajes están bien, pero ¿cómo sé que el maligno ministro del Interior con la ayuda de la perversa Indra no ha ido restando votos a Unidos Podemos y los ha restado también de la suma de votos emitidos?

Pues muy sencillo: porque en cada mesa electoral, formada, recordemos, por tres personas designadas por sorteo, y observada por apoderados e interventores de todos los partidos, los votos se cuentan de manera pública, y se hacen actas, y de ellas se da copia a todos los representantes de los partidos. De manera que todos los partidos pueden revisar las sumas que publica el Ministerio del Interior en su web, y compararlas con las que les salen a ellos a partir de las actas.

Es decir, Unidos Podemos tiene en sus manos una copia de todas las actas de todas las mesas electorales. Pueden volver a sumar los votos, por mesa, por pueblo, por provincia, y compararlos con los del Ministerio. Y si hay discrepancias las pueden alegar a la Junta Electoral Provincial que se reunirá en unos días, y que tendrá copias de las mismas actas. También podrían, ya que estamos, tranquilizar a sus simpatizantes que andan agitados en las redes, y contarles que esto es así, y que no, que no hay trampa. Que ellos también pueden ver, mesa a mesa, que Unidos Podemos ha tenido menos votos que la suma de votos de Podemos y de Izquierda Unida en diciembre.

O sea que ni el ministerio ni Indra pueden, al publicar los datos agregados, hacer ningún tipo de trampa, porque los partidos lo verían. Fin de la discusión: NO SE PUEDE HACER PUCHERAZO.

26 de junio de 2016

Unos gráficos curiosos para seguir el recuento

Desde hace unos años vengo guardando sistemáticamente datos de los escrutinios electorales a diferentes horas, con la idea de averiguar si si hay algún sesgo sistemático en el proceso de recuento, en el sentido de que de una forma regula se cuenten antes los votos de zonas más proclives a un partido político u otro.

Y lo cierto es que sí, parece que sí lo hay. Los siguientes gráficos presentan la diferencia entre el número de diputados asignado a cada uno de los principales partidos en diferentes momentos del escrutinio, y el resultado final.




Como puede verse, entre 2004 y 2011 los primeros resultados tuvieron un sesgo siempre en contra del PP, de entre 10 y 18 escaños. Y un sesgo más variable respecto al PSOE (ligeramente por debajo o por encima). Hay que tener en cuenta que en los primeros resultados de la noche faltan por asignar los diputados de Canarias, que son (ahora) 15. Esto quiere decir en realidad que el sesgo "real" en los primeros puntos de cada gráfico sería algo más favorable al PSOE y algo menos desfavorable al PP de lo que parece. 

¿Y qué pasó en diciembre? Aquí está la gráfica de los cuatro partidos principales:


En este caso el partido que más diferencia tuvo entre los resultados iniciales y los finales fue Ciudadanos, que en los primeros resultados parecía que lograría 15 diputados menos de los que finalmente tuvo (de 25 pasó a 40). También Podemos (representado aquí con sus aliados) tuvo una mejora grande a lo largo de la noche: pasó de 61 a 69, con una mejora de 8. El PP osciló, empezando 3 diputados por debajo del resultado final, pero pasando luego en diferentes momentos de la noche por encima (hasta +3) y por debajo (hasta -5). Finalmente, el PSOE fue el partido cuyos militantes sufrieron más, ya que empezó la noche con un pronóstico de 98 diputados, y acabó en los 90. Es decir que en los primeros resultados, tenía un "exceso" de diputados de +8. Descontando los diputados canarios, que aún estaban a cero, en realidad el exceso era incluso mayor, de +12.

Otro día le daremos vueltas a por qué pasa eso. Les dejo un último gráfico, con los resultados de diciembre agrupados (que nadie se enfade) en los potenciales "bloques" de centro-derecha y centro-izquierda. El primero estuvo toda la noche por debajo de su resultado final, y el primero segundo por encima. No tiene por qué repetirse hoy el mismo proceso. Pero no está de más recordarlo. 




¿Qué pasaría esta noche si todo el mundo repitiera su voto?

Cuando esta noche lleguen los resultados electorales, todos los que estemos analizándolos (yo estaré en Onda Cero ayudando a Alsina y su equipo) nos enfrentaremos a una complicación interesante a la hora de comparar los resultados con los de diciembre.

La dificultad tiene que ver con la reconfiguración de las alianzas electorales en torno a Podemos, y en particular la coalición con Izquierda Unida, que ya participaba en las coaliciones gallega y catalana, pero que ahora se ha sumado a la coalición con Podemos en todas las demás comunidades. Además se han sumado otros pequeños partidos, entre los que destaca sobre todo, en Baleares, Més per Mallorca, que tuvo un resultado notable en diciembre, aunque no llegó a obtener diputados.

Resulta entonces que, debido a estas alianzas, si Unidos Podemos y sus asociados consiguieran simplemente repetir el resultado de diciembre (24,5% del voto), obtendrían en lugar de los 71 diputados de entonces, 87 diputados. Y todos los demás partidos grandes perderían escaños, incluso aunque repitieran también exactamente el mismo resultado, provincia a provincia, que en diciembre.

En la tabla siguiente he resumido mi cálculo sobre qué pasaría si todos los partidos repitiesen resultados y las alianzas de Podemos consiguieran agrupar también todos los votos de los partidos que se han unido a ellas:

20152016 (proyección)
VotosEscañosVotosEscaños
PP28,7%12328,7%116
PSOE22,0%9022,0%87
UNID. POD. (+)24,5%87
PODEMOS (+)20,7%69
C'S13,9%4013,9%35
IU3,7%2
ERC2,4%92,4%9
DiL2,3%82,3%8
PNV1,2%61,2%5
BILDU0,9%20,9%2
CC0,3%10,3%1
NOS0,3%00,3%0
G.Bai0,1%00,1%0

Unidos Podemos (y aliados) gana 16 escaños respecto a los que obtuvieron Podemos e Izquierda Unida en diciembre. Algunos medios ya calcularon entonces que si hubieran ido juntos habrían sacado 14 escaños más. Pero ahora se suman otros dos por el cambio de reparto de diputados entre las provincias (Valencia gana uno, que iría a la coalición, y León pierde otro, que hubiera sido de Ciudadanos), y porque la coalición con Més per Mallorca les daría otro en Baleares.

Esos 16 escaños ganados se corresponden con los que pierden otros cuatro partidos: 7 el PP, 3 el PSOE, 5 Ciudadanos, y 1 el PNV.

Por lo tanto, a la hora de hacer comparaciones entre lo que veamos esta noche, y los resultados de diciembre, hay que tener especial cuidado, para no confundir la subida o bajada en votos con la subida o bajada en escaños. Las coaliciones formadas por Podemos y sus aliados tienen casi garantizada una subida en escaños. Los demás deben esperar una pérdida, mayor o menor.

Por lo tanto, es pefectamente posible, por ejemplo, que el PP suba en votos pero baje en escaños. Así, si el PP consigue, por ejemplo, 120 escaños, tres menos que en diciembre, pero con más votos que entonces, ¿deberíamos leer ese resultado como un fracaso o como un éxito?  Situaciones similares se pueden dar con PSOE o C's.

Y al revés, si Podemos y aliados consiguen, por ejemplo, 82 diputados, habrán ganado 11 respecto a diciembre, pero serán 6 menos que los que la pura suma de votos anteriores les habrían dado. ¿Éxito o fracaso? Difícil de argumentar.

En todo caso, creo que es bueno tener en la cabeza la tabla de arriba, para poder manejar los dos escenarios de referencia.

Curiosamente, en la hipótesis de repetición pura de resultados, sucede algo que no había visto señalado anteriormente: Unidos Podemos  (y sus alianzas) y el PSOE empatarían a diputados (87). Y el casi empate entre los supuestos "bloques" de centro-derecha (PP+C's, 163) y centro-izquierda (PSOE+POD+IU, 161), se rompería ahora claramente a favor del segundo bloque, que tendría 174 diputados, frente a 151 de la agrupación de centro-derecha.

A partir de ahí habrá que ver si esos "bloques" se comportan como tales. Pero eso es ya para otras noches.