22 de septiembre de 2016

Cuando un periódico económico no sabe contar hasta tres, tenemos un problema

Esta mañana he visto en Elmundo.es esta llamada a una noticia de Expansión:

El pasaporte español, el 2º más poderoso del mundo

Intrigado por qué significaría eso del pasaporte poderoso, he accedido a la noticia de Expansión, y me he encontrado esto:

Ranking de pasaportes publicado en Expansión, por número de países a los que se puede acceder sin visado. España, con otros 5 países, ocupa el "nivel 2". Pero en el nivel 1 hay dos países.

Parece que el "pasaporte más poderoso" es el que da acceso a más países "sin necesidad de un visado especial". En realidad, si visitamos la página en la que se aloja el índice (el Passport Index) veremos que no es exactamente así. Se cuentan, para cada pasaporte, los países a los que se puede viajar sin visado, o con un visado que se obtiene al llegar al país, sin trámites previos, También se incluyen los países, como Estados Unidos o Canadá, a los que en ciertas condiciones se puede viajar sin visado, pero hay que tramitar antes del viaje una autorización electrónica.

Bien, no parece que sea disparatado llamar "pasaporte más poderoso" al que da entrada, sin trámites previos, a más países.

Pero, como se ve en la imagen, en ese ranking hay un primer nivel, con acceso a 158 países, que sólo tienen dos pasaportes, el sueco y el alemán. Y otro nivel, con acceso a 157 países, ocupado por cinco pasaportes, entre ellos el español.

Pero eso no se puede resumir, de ninguna de las maneras, como que el pasaporte español es "el segundo más poderoso". Será, en todo caso, "uno de los seis del segundo grupo más poderoso", o "el tercero más poderoso, empatado con otros cinco".

Pero nunca, nunca, puede ser que el que va por detrás de otros dos sea "el segundo". Señores de Expansión, se perdieron ustedes uno de los primeros episodios de Barrio Sésamo.

Más allá de la exageración grandilocuente, este es un nuevo ejemplo de la falacia del medallero: analizar las estadísticas sociales, económicas o políticas como si fueran resultados deportivos, dando más importancia a la posición en el ranking que al valor en el que se basa la clasificación, y en el que pequeñas diferencias tienen muy poca importancia. Que el pasaporte de España dé acceso a 157 países y nos coloque en el "segundo nivel" (o empatados en tercera posición) frente al de Portugal, que con 155 países les coloca en el "cuarto nivel" (o en la posición decimocuarta, empatados con otros cuatro países) es básicamente irrelevante. Una curiosidad, una anécdota.

La información con cierto valor es que el pasaporte español está, como el de los países europeos cercanos, entre los que da acceso a más países en el mundo. Uno más, uno menos, realmente no significa gran cosa, aunque ponga tan contentos a los señores de Expansión que se les vaya la mano.

16 de agosto de 2016

Cómo contar mal las elecciones presidenciales en USA

Lleva hoy Elpais.com una noticia sobre lo improbable de una victoria aplastante en noviembre de alguno de los candidatos presidenciales norteamericanos. El texto es un pequeño desastre por varias razones.

1. Explica muy mal a qué se refiere con el término "voto electoral" que usa en el texto. Véase:
Desde 1944, ocho elecciones se han resuelto con una victoria aplastante de un candidato a la presidencia de EE UU. Los republicanos lo han conseguido en seis ocasiones y, entre ellos, el caso más palmario es el de Ronald Reagan en 1984. Se impuso sobre el demócrata Walter Mondale con más del 95% del voto electoral. Para los demócratas, su mayor victoria por avalancha (landslide victory, en la jerga política estadounidense) la logró Lyndon B. Johnson en 1964: obtuvo el 90% del voto electoral frente a Barry Goldwater.
El lector español no particularmente interesado en política norteamericana no tiene por qué saber a qué se refiere esa expresión, y podría creer que Reagan tuvo el 95% de los votos, o Johnson el 90%. Naturalmente no fue así, y Reagan venció en 1984 con un 58,8% y Johnson en 1964 con un 61,1%. Pero esas victorias en el voto popular se vieron magnificadas en el Colegio Electoral, la institución intermedia que eligen los estadounidenses cada cuatro años, y que es la que realmente elige al presidente (por eso Bush fue elegido en 2000 con menos votos populares). En el Colegio Electoral cada estado tiene un número de escaños aproximadamente proporcional a su población, y la mayoría de los estados dan todos sus escaños al candidato que gana en ese estado. Por eso un candidato que gane por una victoria muy rotunda, y muy uniforme, ganando en casi todos los estados, puede conseguir, con alrededor de un 60% del voto popular, un 90% o más de los escaños en el Colegio Electoral.

Sería bueno que esta cosa tan simple se hubiera explicado en el texto, y en los gráficos que lo acompañan, que usan sólo los porcentajes de voto en el Colegio Electoral, y no los porcentajes de voto populares, para ilustrar los casos históricos de "avalanchas electorales". Y además lo llaman "% voto", como aquí.


2. Por cierto, ¿sabe alguno de ustedes quien ese ese señor que sale a la derecha de George H.W. Bush?


No es Michael Dukakis, el derrotado candidato demócrata de 1988, que tiene esta otra pinta (recientemente).


Google no ha sido capaz de reconocer la foto del falso Dukakis usada por El País, y aunque la cara me es vagamente familiar, no consigo reconocerlo. Agradezco la ayuda de aficionados a la política estadounidense con más memoria. [Actualización: Iñigo S. Ugarte lo ha reconocido. Es George J. Mitchell, que fue senador, líder de la mayoría demócrata en el Senado, y luego enviado especial para Irlanda del Norte y para Oriente Medio. Gracias ].

3. Por otra parte, es curioso que la noticia ponga el énfasis en que esta no va a ser una "avalancha", precisamente cuando algunos medios están especulando con que, en la situación actual, es casi tan probable una avalancha de Clinton como una victoria (ordinaria) de Trump.

4. Pero aún queda el desastre mayor. Justo al principio de la noticia, se ilustra la idea de que esta no va a ser una avalancha con un mapa que pretende ilustrar como están ahora las encuestas para Clinton y Trump, por estados. Se pinta cada estado con un tono de rojo o de azul según la probabilidad de victoria de Trump y de Clinton, respectivamente. Y en él se ve que hay una mezcla variada de rojo y azul que contrasta con los mapas, como el representado arriba, que ilustran las anteriores victorias aplastantes, en las que casi todo el país aparece coloreado de rojo (republicano) o azul (demócrata).

Este es el mapa que usa El País, y que dice que viene de el New York Times (en la noticia original puede pasar el ratón por encima del mapa, que es interactivo, y ver los porcentajes de probabilidad de victoria de cada partido en cada estado):


Un problema inicial es que el rótulo está al revés. Dice que rojo es más demócrata y azul más republicano. Pero si pasan su ratón por los estados verán que no es así: los estados en azul son los que tienen más probabilidad de victoria de Clinton. Además, si conocen ustedes algo de geografía política de los Estados Unidos sabrán que sitios como California o Nueva York son muy demócratas, y que el Sur y el Oeste (excepto los estados costeros) son más republicanos.

Pero ese no es el problema más importante del mapa: es que hay unos cuantos estados que están mal coloreados (y al pasar por ellos el ratón dan datos erróneos). Las predicciones de hoy mismo de The New York Times son estas:




Que se convierten en este mapa:


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En el mapa de El País aparecen en rojo erróneamente el estado de Washington, con un 99% de probabilidad de votar a Trump, mientras que el New York Times le da un 96% a Clinton. También Carolina del Norte (según El País, 95% de probabilidad de votar republicano, según el New York Times, que es supuestamente su fuente, un 67% de probabilidad de votar a Clinton).

Los errores en favor de los demócratas son todavía más serios: aparecen en azul (demócrata) los estados de Dakota del Norte, Nebraska y Virginia Occidental, estados tradicionalmente republicanos en los que, según el New York Times, las probabilidades de victoria republicana son del 86, 95 y 99% respectivamente. De hecho Virginia Occidental es según el New York Times, el estado con máxima probabilidad de victoria de Trump, y según El País, en cambio, aparece con un 97% de probabilidad de victoria de Clinton.

En fin, que los patinazos son enormes, y el mapa inservible, como en realidad, prácticamente toda la pieza.

29 de junio de 2016

El recuento del domingo siguió el patrón de otras elecciones

El domingo pasado, antes de irme al programa de Onda Cero, les dejé unos gráficos que ilustraban cómo han evolucionado, en las últimas noches electorales, los datos del recuento provisional, a medida que va avanzando el escrutinio.

Entre 2004 y 2011, el escrutinio inicial favorecía al PSOE y daba al PP unos cuantos diputados menos de los que tenía finalmente. En 2015, el PSOE resultó de nuevo beneficiado en el recuento inicial, para ir perdiendo diputados al avanzar la noche, mientras que el gran perjudicado inicialmente fue Ciudadanos, con Podemos también subestimado, y el PP inicialmente también por debajo del resultado final.

En el propio programa de Onda Cero conté también, al aparecer los primeros resultados de escrutinio, que en diciembre los resultados finales se apartaron así de los de primera hora: PP +3, PSOE -8, Podemos +8 y Ciudadanos +15.

Pues bien, el domingo ese patrón se reprodujo casi exactamente. Si me hubiera atrevido a jugar a adivino con esas desviaciones, el pronóstico, a partir del escrutinio de las 21:05 de la noche habría sido este: PP 136, PSOE 86, Podemos 72, Ciudadanos 34. Error máximo de dos diputados con Ciudadanos y de 1 con los demás. Error para los "bloques" de 1 diputado para la posible suma PP+C's y de dos para la posible suma PSOE+Podemos. Me podría haber puesto una medalla muy grande.

Pero sería una medalla injustificada, claro, porque a partir de un solo caso no se puede construir ninguna regularidad. Y porque de hecho, aquel primer escrutinio de diciembre era con el 6% escrutado, y el "primer escrutinio" ahora fue 8,9%. Así que gran parte del acierto se debería a la fortuna.

Lo que no quita para reconocer que sí, que hay patrones y regularidades. Vean los gráficos de la noche electoral de diciembre y del domingo pasado. Primero, los gráficos por partidos:




En la segunda hay más puntos de información y por eso las tendencias no son tan suaves, pero se ve que los patrones son muy similares. Por otra parte, hay que recordar que hasta llegar hacia el 60% del recuento, en 2015, y el 40%, este domingo, en las dos gráficas faltaban por asignar diputados de Canarias. De manera que en realidad, todas las líneas, en el primer tramo de la gráfica, habría que desplazarlas hacia arriba: el valor de comparación correcto serían los diputados peninsulares, y por tanto, los "excesos" serían mayores de lo que parecen, y los "defectos" menores.

Aquí están las gráficas para los escaños agrupados, de centro-derecha y centro-izquierda. De nuevo: gran parecido.




Gran similitud, de nuevo.

Aunque no lo he estudiado a fondo, la sospecha de por qué pasa esto es que los votos que se cuentan primero son, simplemente, los de las urnas donde hay menos votos que contar. Eso significa, en primer lugar, de pueblos, donde el número de censados por mesa electoral es menor. Y luego, dentro de las ciudades, donde todas las mesas tienen más o menos el mismo número de censados, se cuentan antes las mesas donde hay menos votos emitidos, es decir, menos participación.

Ese patrón explicaba el famoso misterio de las elecciones de 2003 en Madrid (las repetidas tras el Tamayazo) en las que a lo largo de la noche el PP fue ganando escaños poco a poco hasta llegar a la mayoría absoluta, provocando acusaciones infundadas de manipulación. Lo conté entonces en un artículo en El País con Juan Carlos Rodríguez, (artículo, por cierto, que puede considerarse una especie de preludio a este blog, porque lo inspiraban las mismas preocupaciones).

Y sucede que en algunas zonas de España esos dos patrones (que se cuente antes el voto rural, y el voto de zonas urbanas con menos participación) hacen que se cuenten antes mesas donde es más fuerte el PSOE. En Andalucía, por ejemplo, sucede así. Y también en Madrid. No es tan claro en otros sitios, sin embargo: en Galicia, o Castilla-León, los primeros resultados son más favorables al PP. El domingo pasado, en Castilla y León, el PP "bajó" de 21 a 18 diputados entre el primer escrutinio y el último. Y en Galicia pasó de 15 a 12.

Y aún hay otras comunidades donde el resultado prácticamente no se mueve en toda la noche.

En conjunto, un fenómeno interesante, que seguramente merece un estudio más cuidadoso. Pero de momento, queda ahí para curiosos y aficionados a la estadística electoral.

27 de junio de 2016

No, no ha habido pucherazo

Anda alguna gente un poco loca por las redes contando que ha habido pucherazo, que a los de Unidos Podemos les han quitado, por la brava, un millón y pico de votos, pero que lo han hecho tan mal que se han dejado por ahí rastros, de manera que la "pistola humeante" sería el dato de participación.

Este tweet de la cuenta @Anoymous_UE resume el argumento

Con un censo que apenas ha cambiado, y con participación casi idéntica, ¿cómo es que hay 1,4 millones de votos menos? Deben de ser votos de Unidos Podemos (o algo).

La explicación es mucho más sencilla: la App del ministerio compara dos datos que parecen lo mismo, pero no lo son. El dato que da para las elecciones de ayer es el resultado PROVISIONAL. El dato que da para las elecciones de 2015 es el dato OFICIAL, y ambos son siempre muy distintos.

Veamos: en diciembre de 2015, los datos PROVISIONALES, al final de la noche electoral, que están todavía disponibles en la web, fueron estos:


Los números no coinciden con lo que dice la app del Ministerio del Interior para 2015 porque son datos PROVISIONALES, que sólo incluyen los votos de los censados en España. De 34.631.086 censados residentes en España, votaron 25.350.447, lo que da una participación del 73,2%.

Unos días después, a esos votos se les suman los emitidos por los residentes en el extranjero (el CERA) . Como es sabido, esas personas, por motivos variados, votan en mucha menos proporción que los residentes. Y por tanto, al volver a calcular la participación, con un nuevo numerador y denominador, en el que crece mucho menos el primero que el segundo, el resultado es que la participación en los resultados finales y oficiales es siempre más baja que en los provisionales.

Se puede ver todo esto muy bien en la página del Ministerio del Interior que recoge ya los resultados oficiales de las elecciones de 2015:



Los datos del Censo Electoral sin CERA son muy similares, pero no idénticos, a los de la web provisional de la noche electoral (una diferencia de menos de 1.000 votos). Esto se explica porque ese recuento provisional de la noche electoral puede contener errores, que se revisan por las juntas electorales, antes de la proclamación oficial de resultados.

La participación del CERA fue muy baja, del 4,97%. Por lo tanto, al calcular la participación de los resultados oficiales, finales, el número total de votantes (el numerador) solo suma 88.899 votos, mientras que el número de censados, el denominador, suma 1.789.038 personas. Y por eso la participación en los resultados finales baja, respecto al dato de la noche electoral, más de 3 puntos, hasta el 69,97%.

Este dato final, oficial, sumando votos y censo de residentes en España y fuera de España, es el que aparece en la app del Ministerio (aunque, vaya por Dios, en el número de votos parece que hay una errata, y han puesto 100.000 votos de más).

En fin, que no, que no hay error ni trampa en los porcentajes de participación. Ni hay pucherazo por esa vía.

Pero ojo, supongo que muchos de los que han creído esta teoría pueden ahora reformularla y decir: vale, entonces los porcentajes están bien, pero ¿cómo sé que el maligno ministro del Interior con la ayuda de la perversa Indra no ha ido restando votos a Unidos Podemos y los ha restado también de la suma de votos emitidos?

Pues muy sencillo: porque en cada mesa electoral, formada, recordemos, por tres personas designadas por sorteo, y observada por apoderados e interventores de todos los partidos, los votos se cuentan de manera pública, y se hacen actas, y de ellas se da copia a todos los representantes de los partidos. De manera que todos los partidos pueden revisar las sumas que publica el Ministerio del Interior en su web, y compararlas con las que les salen a ellos a partir de las actas.

Es decir, Unidos Podemos tiene en sus manos una copia de todas las actas de todas las mesas electorales. Pueden volver a sumar los votos, por mesa, por pueblo, por provincia, y compararlos con los del Ministerio. Y si hay discrepancias las pueden alegar a la Junta Electoral Provincial que se reunirá en unos días, y que tendrá copias de las mismas actas. También podrían, ya que estamos, tranquilizar a sus simpatizantes que andan agitados en las redes, y contarles que esto es así, y que no, que no hay trampa. Que ellos también pueden ver, mesa a mesa, que Unidos Podemos ha tenido menos votos que la suma de votos de Podemos y de Izquierda Unida en diciembre.

O sea que ni el ministerio ni Indra pueden, al publicar los datos agregados, hacer ningún tipo de trampa, porque los partidos lo verían. Fin de la discusión: NO SE PUEDE HACER PUCHERAZO.

26 de junio de 2016

Unos gráficos curiosos para seguir el recuento

Desde hace unos años vengo guardando sistemáticamente datos de los escrutinios electorales a diferentes horas, con la idea de averiguar si si hay algún sesgo sistemático en el proceso de recuento, en el sentido de que de una forma regula se cuenten antes los votos de zonas más proclives a un partido político u otro.

Y lo cierto es que sí, parece que sí lo hay. Los siguientes gráficos presentan la diferencia entre el número de diputados asignado a cada uno de los principales partidos en diferentes momentos del escrutinio, y el resultado final.




Como puede verse, entre 2004 y 2011 los primeros resultados tuvieron un sesgo siempre en contra del PP, de entre 10 y 18 escaños. Y un sesgo más variable respecto al PSOE (ligeramente por debajo o por encima). Hay que tener en cuenta que en los primeros resultados de la noche faltan por asignar los diputados de Canarias, que son (ahora) 15. Esto quiere decir en realidad que el sesgo "real" en los primeros puntos de cada gráfico sería algo más favorable al PSOE y algo menos desfavorable al PP de lo que parece. 

¿Y qué pasó en diciembre? Aquí está la gráfica de los cuatro partidos principales:


En este caso el partido que más diferencia tuvo entre los resultados iniciales y los finales fue Ciudadanos, que en los primeros resultados parecía que lograría 15 diputados menos de los que finalmente tuvo (de 25 pasó a 40). También Podemos (representado aquí con sus aliados) tuvo una mejora grande a lo largo de la noche: pasó de 61 a 69, con una mejora de 8. El PP osciló, empezando 3 diputados por debajo del resultado final, pero pasando luego en diferentes momentos de la noche por encima (hasta +3) y por debajo (hasta -5). Finalmente, el PSOE fue el partido cuyos militantes sufrieron más, ya que empezó la noche con un pronóstico de 98 diputados, y acabó en los 90. Es decir que en los primeros resultados, tenía un "exceso" de diputados de +8. Descontando los diputados canarios, que aún estaban a cero, en realidad el exceso era incluso mayor, de +12.

Otro día le daremos vueltas a por qué pasa eso. Les dejo un último gráfico, con los resultados de diciembre agrupados (que nadie se enfade) en los potenciales "bloques" de centro-derecha y centro-izquierda. El primero estuvo toda la noche por debajo de su resultado final, y el primero segundo por encima. No tiene por qué repetirse hoy el mismo proceso. Pero no está de más recordarlo. 




¿Qué pasaría esta noche si todo el mundo repitiera su voto?

Cuando esta noche lleguen los resultados electorales, todos los que estemos analizándolos (yo estaré en Onda Cero ayudando a Alsina y su equipo) nos enfrentaremos a una complicación interesante a la hora de comparar los resultados con los de diciembre.

La dificultad tiene que ver con la reconfiguración de las alianzas electorales en torno a Podemos, y en particular la coalición con Izquierda Unida, que ya participaba en las coaliciones gallega y catalana, pero que ahora se ha sumado a la coalición con Podemos en todas las demás comunidades. Además se han sumado otros pequeños partidos, entre los que destaca sobre todo, en Baleares, Més per Mallorca, que tuvo un resultado notable en diciembre, aunque no llegó a obtener diputados.

Resulta entonces que, debido a estas alianzas, si Unidos Podemos y sus asociados consiguieran simplemente repetir el resultado de diciembre (24,5% del voto), obtendrían en lugar de los 71 diputados de entonces, 87 diputados. Y todos los demás partidos grandes perderían escaños, incluso aunque repitieran también exactamente el mismo resultado, provincia a provincia, que en diciembre.

En la tabla siguiente he resumido mi cálculo sobre qué pasaría si todos los partidos repitiesen resultados y las alianzas de Podemos consiguieran agrupar también todos los votos de los partidos que se han unido a ellas:

20152016 (proyección)
VotosEscañosVotosEscaños
PP28,7%12328,7%116
PSOE22,0%9022,0%87
UNID. POD. (+)24,5%87
PODEMOS (+)20,7%69
C'S13,9%4013,9%35
IU3,7%2
ERC2,4%92,4%9
DiL2,3%82,3%8
PNV1,2%61,2%5
BILDU0,9%20,9%2
CC0,3%10,3%1
NOS0,3%00,3%0
G.Bai0,1%00,1%0

Unidos Podemos (y aliados) gana 16 escaños respecto a los que obtuvieron Podemos e Izquierda Unida en diciembre. Algunos medios ya calcularon entonces que si hubieran ido juntos habrían sacado 14 escaños más. Pero ahora se suman otros dos por el cambio de reparto de diputados entre las provincias (Valencia gana uno, que iría a la coalición, y León pierde otro, que hubiera sido de Ciudadanos), y porque la coalición con Més per Mallorca les daría otro en Baleares.

Esos 16 escaños ganados se corresponden con los que pierden otros cuatro partidos: 7 el PP, 3 el PSOE, 5 Ciudadanos, y 1 el PNV.

Por lo tanto, a la hora de hacer comparaciones entre lo que veamos esta noche, y los resultados de diciembre, hay que tener especial cuidado, para no confundir la subida o bajada en votos con la subida o bajada en escaños. Las coaliciones formadas por Podemos y sus aliados tienen casi garantizada una subida en escaños. Los demás deben esperar una pérdida, mayor o menor.

Por lo tanto, es pefectamente posible, por ejemplo, que el PP suba en votos pero baje en escaños. Así, si el PP consigue, por ejemplo, 120 escaños, tres menos que en diciembre, pero con más votos que entonces, ¿deberíamos leer ese resultado como un fracaso o como un éxito?  Situaciones similares se pueden dar con PSOE o C's.

Y al revés, si Podemos y aliados consiguen, por ejemplo, 82 diputados, habrán ganado 11 respecto a diciembre, pero serán 6 menos que los que la pura suma de votos anteriores les habrían dado. ¿Éxito o fracaso? Difícil de argumentar.

En todo caso, creo que es bueno tener en la cabeza la tabla de arriba, para poder manejar los dos escenarios de referencia.

Curiosamente, en la hipótesis de repetición pura de resultados, sucede algo que no había visto señalado anteriormente: Unidos Podemos  (y sus alianzas) y el PSOE empatarían a diputados (87). Y el casi empate entre los supuestos "bloques" de centro-derecha (PP+C's, 163) y centro-izquierda (PSOE+POD+IU, 161), se rompería ahora claramente a favor del segundo bloque, que tendría 174 diputados, frente a 151 de la agrupación de centro-derecha.

A partir de ahí habrá que ver si esos "bloques" se comportan como tales. Pero eso es ya para otras noches.

7 de junio de 2016

¿Los intermediarios se quedan el 85% de los ingresos de la economía colaborativa?

Eso es lo que dice, con todas las letras, el titular de Cinco Días de hoy:

Captura de pantalla de Cinco Días con titular: "Los intermediarios se quedan el 85% de los ingresos de la economía colaborativa"


Eso es lo que cualquiera que haya no ya comprado, sino visitado, las páginas de Airbnb, Bla Bla Car, etc... sospecharía inmediatamente que no puede ser. A menos que sea todo un engaño donde nos cuentan mentiras sobre lo que cobra el que proveedor, y la comisión de las respectivas empresas.

La noticia parte de un informe de la Comisión Europea sobre el tema, y le atribuye ese cálculo a la comisión
Bruselas calcula que la economía colaborativa en sectores como la hostelería o el transporte movió hasta 28.000 millones de euros y generó unos ingresos netos de unos 3.600 millones de euros. La CE reconoce que los intermediarios como Uber o Airbnb se quedaron con el 85% de esos ingresos.
Gracias a Javier Salas he encontrado el documento de la Comisión al que se refiere Cinco Días y resulta que dice esto:
On average, over 85 % of gross revenue generated by collaborative economy platforms goes to providers. The revenue models deployed by platforms vary between and within sectors. Most gather revenue based on fixed or variable commissions ranging from 1-2 % for peer-topeer lending to up to 20 % for ridesharing services.
Es decir: que el 85% de los ingresos va a los PROVEEDORES, que son los que proveen el servicio a través de las PLATFORMS, que son los intermediarios.

O sea: que el redactor no tiene sentido y/o no sabe inglés y/o escribe en un periódico económico pero no entiende el significado de "proveedor". Todo bien.

6 de junio de 2016

Un titular que contamina toda una noticia

Me manda Rosa (gracias) una referencia divertida a una noticia de Abc.es, con motivo del Día del Medio Ambiente. Este es el titular:


Cincuenta coches contaminan 

lo mismo que un solo autobús

¿Suena raro, verdad? Usted y yo creíamos que viajar en autobús era menos contaminante que en coche. Pero va a ser que no, sobre todo si pensamos que en un coche pueden ir varias personas, y en un autobús urbano "normal" deben de caben caber como mucho unas ochenta personas. Entonces, sólo cuando el autobús va casi lleno y la alternativa de transporte de sus viajeros hubiera sido ir cada uno en un coche distinto, el autobús es menos contaminante que el coche. Pues vaya chasco...

Pero no se me disgusten más de la cuenta: en realidad el titular es un disparate redactado aprisa y corriendo por alguien que no se ha dado cuenta de que estaba invirtiendo el significado de la noticia que encabezaba. Porque en ella se dice que los ayuntamientos, preocupados por la contaminación en las ciudades se proponen, entre otras medidas, favorecer el transporte público:
Entre las principales medidas que proponen los ayuntamientos destaca un mayor uso del transporte público, ya que, como señala la Asociación de Empresas Gestoras de Transportes Colectivos Urbanos (ATUC) con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente que se celebra este domingo, un autobús evita la contaminación de 50 coches, mientras que si hablamos de un tren de Metro equivale a 400 turismos. [Énfasis añadido]
Es decir, casi lo contrario de lo que dice el titular. Aunque es posible que el cálculo sea demasiado optimista (¿cuál es la ocupación media de los autobuses urbanos? ¿cuántos pasajeros habrían hecho el viaje en coche en lugar de hacerlo en autobús, si este no estuviera disponible?), el mensaje coincide con la intuición básica. De manera que sí, pueden ustedes seguir usando el autobús público con la conciencia tranquila. Y leyendo periódicos, pero con cuidado: los titulares pueden decir lo contrario que la noticia.

2 de junio de 2016

¿Si la economía mejora, por qué la pobreza apenas disminuye?

La semana pasada la mayoría de los periódicos dedicaron un espacio amplio a la difusión de la estadística, elaborada anualmente por el INE, sobre las condiciones de vida de los españoles, la distribución de ingresos, y las tasas de pobreza y de exclusión social.

Basándose en esa estadística, algunos medios han apuntado que la recuperación económica no se refleja en las economías de los hogares, en la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, El País, que abría su cobertura del asunto con este texto:
Las graves secuelas de la crisis financiera siguen siendo palpables. Aunque las variables macroeconómicas mejoran trimestre a trimestre, las condiciones de vida de los ciudadanos evolucionan a un ritmo mucho más lento. Dos años después de la salida oficial de la recesión, el 28,6% de los ciudadanos está en situación de riesgo de pobreza o de exclusión social... [énfasis añadido]
En la misma línea comentaba Joaquín Estefanía el domingo los datos:
La economía española crece por encima de la media, baja el paro (otra cosa es la escasísima calidad del empleo que se genera) y se acumulan las manifestaciones de que se está remontando el vuelo en términos macroeconómicos (precio de las viviendas, consumo minorista,...). ¿Por qué no se traslada este cierto optimismo de la coyuntura a la vida cotidiana del conjunto de la población? Porque hay otra serie de datos tozudos que lo impiden y muestran que mucha gente prosigue la pendiente descendente y sin visos de cambiar la tendencia. [énfasis añadido]
El título de Eldiario.es lo dejaba bien claro:

La desigualdad sigue aumentando a pesar del crecimiento de la economía

Y empezaba así:
Dos datos han servido para mostrar las dos caras de la realidad económica. Por un lado, la economía encadena once trimestres creciendo. Ese crecimiento, sin embargo, y a la luz de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, no se traduce en mejores condiciones de vida. [énfasis añadidos]
Puedo imaginar que habrán ustedes leído o escuchado comentarios similares en otros medios. El contraste entre las grandes cifras y la vida cotidiana de la gente es casi un lugar común al analizar los datos macroeconómicos.

Sin embargo, hay aquí un problema básico y elemental: los datos sobre pobreza y desigualdad que se acaban de divulgar no son de "dos años después de la salida oficial de la recesión", ni posteriores a "once trimestres creciendo". Las propias noticias o artículos donde se incluían esos datos lo explicaban muy clarito: los datos provenían de una encuesta hecha en la primavera de 2015.

Pero en realidad, miden cosas anteriores. Más precisamente, la encuesta clasifica a las personas como "en riesgo de pobreza o exclusión social" cuando cumplen una de las tres condiciones siguientes: ingresos bajos, o riesgo de pobreza (menos del 60% de la mediana), baja intensidad del empleo en el hogar (las personas con capacidad de trabajan menos del 20% de las horas potenciales) o carencia material severa (responder afirmativamente a cuatro de las nueve preguntas sobre la dificultad para acceder a distintos tipos de bienes, o afrontar ciertos gastos).

Pues bien, aunque la Encuesta de Condiciones de Vida se hace en primavera, dos de esas tres condiciones se miden respecto al año natural terminado en el diciembre anterior. Concretamente se hace así con los ingresos y con la intensidad en el empleo. Sólo las preguntas sobre carencia material se hacen con respecto al momento de la entrevista, aunque una de ellas (si la familia ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal), se remite a los doce meses anteriores.

Y resulta que, como revela la propia nota de prensa del INE, del 28,6% de la población calificado como "en riesgo de pobreza o exclusión social", sólo una pequeña parte (el 2,0% de la población) lo está por cumplir solo la tercera de las condiciones, la de la carencia material severa, que es la única que realmente se mide con relación al año 2015.

En definitiva, los datos publicados en 2016 se tomaron en 2015, pero se refieren, sobre todo, a 2014. Es decir, un periodo entre seis y dieciocho meses después de salir oficialmente de la recesión (lo que sucedió en el tercer trimestre de 2013). O entre dos y cinco trimestres. No dos años (en realidad serían ya dos y medio), ni once trimestres después de terminar la recesión.

No son datos calentitos, sino con un importante desfase temporal. No pretenden medir lo que pasa en la sociedad española (o europea, pues todos los países hacen estadísticas similares) con inmediatez. Y por ello, no tiene ningún sentido comparar los resultados de estas estadísticas con los datos posteriores de otro tipo (de crecimiento del PIB, de bajada del paro...) porque se refieren a periodos temporales diferentes.

¿Cómo puede alguien seriamente utilizarlos para decir cosas como que la mejora de los datos macroeconómicos no se nota en el bienestar de las familias? Pues con mucha ignorancia o con mucha jeta.

Con estos datos no se puede construir ningún argumento sobre un supuesto contraste entre las cifras macroeconómicas (actuales) y la realidad de la economía de los hogares. Sería muy interesante poder hacerlo, pero simplemente no es posible. Las estadísticas de los dos tipos se producen a ritmos muy diferentes. Las personas que están ahora en situación de riesgo de pobreza las conoceremos en mayo de 2018. Para entonces, crucemos los dedos, la economía habrá seguido creciendo. Habrá, esperemos, unos cientos de miles de parados menos. Y habrá, esperemos, unos cuantos menos pobres que ahora (aunque si la economía crece, y suben los ingresos medianos, también subirá el umbral de la pobreza). Aunque habrá también quien, al ver las cifras publicadas (referidas a 2016) comentará algo parecido a  que "aunque las variables macroeconómicas mejoran trimestre a trimestre, las condiciones de vida de los ciudadanos evolucionan a un ritmo mucho más lento". ¿Tienen alguna duda?

25 de mayo de 2016

Los de El Mundo quieren poner a los viejecitos a trabajar. ¡Qué crueldad!

Ayer en Elmundo.es abrían la sección de Economía con esta noticia:

El 40% de los españoles en edad laboral ni tiene trabajo ni lo busca

Se trataba de un amplio texto explicando la evolución reciente de la población activa, que empezaba así:
Cada vez hay más población económicamente inactiva en España como consecuencia del envejecimiento de la pirámide laboral y, sobre todo, por la insuficiente oferta de empleo a pesar de la reforma laboral, que ha reducido los costes salariales, y del crecimiento de la economía a tasas desconocidas desde que comenzó la crisis. 
El problema del titular, de ese párrafo, y de casi todo lo que le sigue, es que el autor ha entendido mal la estadística del INE (la Encuesta de Población Activa) y confunde los datos referidos a toda la población de 16 y más años con los datos de la población en edad de trabajar (normalmente se considera que esa va de 16 a 64, aunque pronto tendremos que revisar ese límite superior).

De manera que los inactivos son el 40% de todos los españoles mayores de 15 años, pero eso incluye a 8,2 millones de 65 años y más, y a 7,4 millones de menores de 65. Estos 7,4 millones son sólo el 25% de los españoles en edad de trabajar (que no son 38,5 millones, como dice la noticia, sino 30,1 millones). A menos que pensemos que los ancianos de setenta y ochenta y tantos están en edad de trabajar, el titular de El Mundo es claramente falso.

Y además, contra lo que dice el primer párrafo, no está claro que "cada vez haya más gente inactiva" en España. Más bien su número es estable. A primeros de 2002 eran 15,8 millones, en el primer trimestre de 2008 15,4 millones y ahora 15,7.

Y de hecho, esa estabilidad encubre dos evoluciones diferentes: la de los inactivos de 65 o más años (que han aumentado)  y la de los inactivos menores de esa edad (que han disminuido), como se ve en esta gráfica, que incluye tambiénla evolución de los ocupados (todos con base 100 en el primer trimestre de 2002).



Por lo tanto, tampoco es verdad que el escasísimo crecimiento de los inactivos totales sea causado "sobre todo, por la insuficiente oferta de empleo". El crecimiento de los inactivos se debe, exclusivamente, a que hay cada vez más gente mayor de 65 años. Entre la población menor de esa edad, los inactivos son cada vez menos, en números absolutos (casi un 20 por cien menos que en 2012 2002).

Y son cada vez menos también en términos relativos: en 2002 eran el 33% de los que tenían edad de trabajar, en 2008 eran el 27% y ahora son ya solo el 25%, como hemos visto más arriba.

¿Cada vez más inactivos? Pues no realmente.

La noticia en el periódico en papel utilizaba otro titular:


Igualmente erróneo, claro, porque de nuevo, confundía el total de los inactivos con los inactivos en edad laboral. Hecha bien la cuenta lo que sucede es que los inactivos (en edad laboral) por cada ocupado eran en 2002 0,56; a primeros de 2008 eran 0,40 y ahora son 0,42. Es decir, que no hay "casi un inactivo" por trabajador ocupado, sino menos de la mitad, una cifra sólo un poquito peor que justo antes de la crisis, y bastante mejor que en 2002.

Incluso si tomamos todos los inactivos, y los comparamos con los ocupados, resulta que ese "casi uno" es 0,87, un valor peor que el de 2008 (era 0,75) pero, de nuevo, mejor que el de 2002 (eran 0,96).

En fin, cuentas mal hechas, relato equivocado. En España a pesar de la crisis la proporción de la población en edad de trabajar que quiere hacerlo ha seguido creciendo. Esa es de las partes que va relativamente menos mal de nuestro mercado de trabajo, en realidad.