16 de enero de 2016

Píldoras postelectorales: plazos para la investidura

Nos cuentan hoy los periódicos que el lunes empezará la ronda de audiencias del Rey con los partidos políticos y coaliciones que han obtenido representación en el Congreso de los Diputados, que terminará el viernes. Se sigue así el art. 99 de la Constitución, según el cual el Rey " previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno". También nos dicen que "el Congreso" prevé celebrar el debate y la votación de investidura en la primera semana de febrero, a pesar de que ahora mismo no parece que ningún candidato reúna, ni remotamente, los votos necesarios para ser investido como presidente.

Lo cierto es que Constitución no fija plazos para el proceso de las consultas del Rey con los partidos, ni para la entrega de la propuesta al Presidente del Congreso, ni para la celebración de la votación de investidura. Pero sí fija otro plazo muy importante del que todos hemos oído hablar recientemente: "Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso" (art. 99.5 CE).

Es decir, que el plazo estricto de dos meses que la Constitución impone para convocar nuevas elecciones queda flexibilizado por la libertad que tienen el Rey y el Congreso para tomarse su tiempo para realizar las consultas, proponer un candidato y convocar el Pleno de investidura. Nada obliga a que la sesión de investidura sea "cuanto antes". El Rey, en vista de lo que le dijeran los partidos la próxima semana ("espere, Majestad, que andamos negociando"), podría no enviar inmediatamente al Presidente del Congreso una propuesta de candidato, hasta recibir nueva información de los partidos. Por su lado, una vez enviada la propuesta por el Rey, el Presidente del Congreso (que es quien convoca ese pleno, según el art. 170 del reglamento) podría también decidir convocar la sesión de investidura de manera inmediata, o esperar unas semanas.

Todo esto no tiene mayor importancia en las situación, habitual en nuestra democracia, de que después de las elecciones esté claro quién va a ser presidente del gobierno, por contar su partido con mayoría absoluta o porque los votos anunciados por los demás partidos configuren una mayoría clara. Pero no es esa, obviamente, la situación actual. Y por tanto, no se entiende muy bien la aparente prisa de los partidos por poner en marcha la cuenta atrás inflexible de los dos meses.

Puede ser ilustrativo, a estos efectos, recurrir al único antecedente en nuestra democracia con ciertas similitudes a la situación actual, cuando tras las elecciones del 3 de marzo de 1996, Aznar, que había ganado las elecciones con 156 escaños (por 141 del PSOE), tuvo que negociar largamente los votos de CiU y el PNV para obtener la investidura. Buscando en la hemeroteca he encontrado que en aquella ocasión las Cortes se constituyeron el 27 de marzo (E+24), el Rey hizo sus consultas del 1 al 12 de abril (E+29 a E+40, con la Semana Santa por medio), y comunicó su propuesta al Presidente del Congreso ese mismo 12 de abril (E+40), anunciándole que el candidato propuesto era José María Aznar. Sin embargo, en esa fecha el PP sólo tenía cerrado el acuerdo con Coalición Canaria (4 diputados), y tanto el PNV (5 diputados) como Convergencia i Unió (16) habían expresado al Rey que no tenían su voto decidido.

Las negociaciones siguieron varias semanas, con conatos de ruptura, llegando al acuerdo crucial entre PP y CiU el viernes 26 de abril (E+54), que permitió realizar el pleno de investidura una semana después, el viernes 3 y el sábado 4 de mayo (E+61 y E+62), y que Aznar tomara posesión el domingo 5 de mayo (E+63).

La situación actual tiene muchas diferencias con aquella, por supuesto, pero queda claro que la fecha de la investidura se puede supeditar al ritmo de las negociaciones, siempre y cuando estas tengan algún viso de prosperar. Así, si de las conversaciones de la semana próxima, el Rey dedujera que hay negociaciones en marcha no resueltas, podría posponer su propuesta de un candidato. O hacer, como en 1996, la propuesta de un candidato que aún no tiene todos los votos confirmados, pero está en ello, esperando el Presidente del Congreso unos días o semanas para convocar el pleno de investidura. Un retraso equivalente al de 1996 llevaría la investidura al 19 de febrero (E+61).

Por otra parte, si todo falla, y no hay presidente dos meses después de la primera votación, se convocarían elecciones, que tendrían que celebrarse 54 días después de la convocatoria. Tal vez esa sea la explicación de las prisas: dos meses, más 54 días, significan casi cuatro meses entre esa primera votación y la fecha de las elecciones. Cuatro meses sin gobierno, cuatro meses (más) de incertidumbre. Un curso perdido, por decirlo así, desde que se disolvió el parlamento a finales de octubre. Y, si la primera votación se hiciera más allá de los últimos días de febrero, los casi cuatro meses obligarían a realizar las elecciones en julio, con la complicación que eso conllevaría. No parece, por tanto, aconsejable, llevar la primera votación más allá de finales de febrero. Pero tampoco parece imprescindible que tenga que ser mucho antes, a menos que los partidos tengan claro ya, definitivamente, que no hay posibilidad ninguna de acuerdo.

Finalmente, nada obliga a que el Rey haga una primera propuesta con el nombre de Mariano Rajoy, si está claro que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Parece que se ha instalado la idea de que, aunque no tenga los votos necesarios, Rajoy debe pasar por el trámite de intentar su investidura y perderla, antes de que pueda intentarlo eventualmente otro candidato, como Pedro Sánchez, u otros (¿tal vez otro miembro del PP?). Pero en realidad no hay por qué celebrar un pleno, y poner en marcha el reloj, con una votación que se sabe perdida de antemano. Los precedentes valen de poco en esta situación, porque nunca hemos tenido un ganador de las elecciones con tan pocos escaños, y con una mayoría en contra anunciada antes de su propuesta. Recordemos que en 1996, cuando el Rey propuso a Aznar, PNV y CiU se declaraban indecisos, lo que aún permitía su investidura (como efectivamente sucedió). Actualmente, dados los anuncios de los partidos, el PP tendría garantizada la derrota. La situación es por lo tanto diferente, y el Rey podría perfectamente "saltarse" a Rajoy y proponer directamente a otro candidato, si lo ve con más posibilidades, o alargar el proceso mientras los partidos siguen negociando.

28 de diciembre de 2015

Píldoras post-electorales: el sistema electoral y los partidos de ámbito nacional

Es bien sabido que nuestro sistema electoral, aunque reparte proporcionalmente los diputados de cada circunscripción entre diferentes listas, tiene en conjunto unos resultados que se apartan bastante de la proporcionalidad en los resultados globales, por una combinación de varios factores (relacionados con el número de escaños a repartir en cada circunscripción, el reparto no equitativo de los diputados entre las provincias en relación con la población y la aplicación de la regla D'Hondt de adjudicación de escaños).

Contra el mito popular de que el sistema electoral favorece a los partidos nacionalistas (a los que en realidad, en promedio, da una representación bastante proporcional a sus votos), a quien realmente da muchos más escaños que los que obtendrían con proporcionalidad pura es a los dos grandes partidos nacionales de cada momento: inicialmente UCD y PSOE, y luego el PP (AP) y el PSOE. Y los grandes perjudicados son los partidos que se presentan en todo el país, pero quedan terceros, cuartos, o en peores posiciones en la mayoría de las provincias, ya que la mayoría de esos votos no eligen ningún diputado. El siguiente gráfico, ligeramente modificado a partir del artículo de Alberto Penadés citado al pie (de marzo pasado), ilustra muy bien esta idea:



























Cada uno de los puntos representados es un partido de ámbito nacional en una de las elecciones celebradas hasta 2011. Su posición está determinada por el porcentaje del voto obtenido (en el eje horizontal) y su "tasa de ventaja" (en el eje vertical), que es la ratio entre el porcentaje de escaños obtenidos y el porcentaje de los votos recibidos. La tasa de ventaja es menor que uno cuando un partido ha sido "castigado" por el sistema electoral, y ha obtenido un menor porcentaje de escaños que de votos. La tasa de ventaja es mayor que uno cuando el sistema electoral "premia" a los partidos y el porcentaje de escaños es mayor que el porcentaje de los votos. En el gráfico se ve que los partidos están claramente separados en dos grupos muy diferenciados. Por una parte, todos los partidos que han obtenido menos del 11% del voto, que han quedado terceros, cuartos, o en peor posición, a los que el sistema trata mal, y obtienen muchos menos escaños de los que proporcionalmente les correspondería. Por otra parte, todos los partidos con más del 25% del voto, el primero y segundo de cada elección, que han obtenido siempre más diputados de los que un reparto puramente proporcional proporcionaría. Es interesante observar que entre los primeros parece haber una relación más o menos lineal y positiva entre porcentaje de voto y ratio: cuanto mayor es el porcentaje de voto, más alta es la ratio. En cambio entre los partidos primero y segundo esa relación no existe. No hay mejor trato cuanto más alto es el porcentaje de voto (el premio es normalmente mayor para el primero que para el segundo, y a igualdad de condiciones mayor para UCD/PP que para el PSOE).

He añadido al gráfico original dos rótulos (en rojo) para señalar algo que el propio Penadés subrayaba en su artículo: nunca ningún partido en España había obtenido un porcentaje del voto en la amplia horquilla que va del 10,77% del PCE en 1979 al 25,79% del PP en 1989. En esa terra incognita no teníamos evidencia de cómo se comportaría el sistema electoral, y esto era especialmente interesante porque ahora, aventuraba Penadés en marzo pasado, era previsible que en las siguientes elecciones hubiera varios partidos en ese espacio, entre el 11% y el 25% de los votos. Tal vez incluso pudiera ser que los cuatro primeros partidos acabaran en esa zona.

Finalmente, en las elecciones del domingo los partidos que han acabado en esa franja, hasta ahora nunca explorada, han sido tres (Ciudadanos, Podemos y el PSOE), con el PP sólo ligeramente por encima. Y el resultado, en términos de proporcionalidad, se ve en el siguiente gráfico, que es similar al anterior, con el añadido (en color naranja) de los resultados de los cinco partidos o coaliciones de ámbito nacional que obtuvieron día 20 más de un uno por ciento del voto (click para ampliar).




Como en todas las elecciones anteriores, sólo dos partidos, los dos primeros, han obtenido un porcentaje de escaños más alto que su porcentaje de voto (ratio mayor que 1). Su "premio" ha sido además muy considerable: la ratio del PP (1,22) es la cuarta más alta de la historia electoral desde la Transición, la segunda desde la desaparición de la UCD, que tuvo unos resultados extraordinarios en 1977 y 1979, consiguiendo ratios superiores a 1,35, nunca igualados por el PSOE o el PP, y probando así el "acierto" de los diseñadores del sistema electoral. Desde entonces sólo el PSOE (en 1989, con una ratio de 1,26) había conseguido un premio electoral más alto que el conseguido por el PP el día 20.

La ratio del PSOE (1,17) está justamente en la media de las obtenidas por el primer y segundo partido en las doce elecciones celebradas. Y es la segunda mejor de un segundo partido, sólo superada por el PP (en 1989, con un 1,19), lo que, teniendo en cuenta que es el peor resultado en porcentaje de voto de un primer o segundo partido, puede considerarse un buen resultado.

Este buen trato relativo al PP y PSOE apunta a algo que parece bastante lógico, teniendo en cuenta el diseño del sistema electoral español: el "premio" a los grandes no deriva tanto del porcentaje de voto en sí mismo, como de que son grandes en comparación con otros, y por tanto quedan primeros y segundos en muchas circunscripciones. Por eso el PP, con el peor resultado de un primer partido, obtiene un rendimiento muy bueno en escaños, y el PSOE, con el peor resultado de un segundo partido, obtiene una ratio mejor que la mayoría de ellos. Por eso también el PP, con un resultado, en porcentaje de voto, en estas elecciones, casi idéntico al del PSOE en 2011, obtiene una ratio mucho mejor que la del PSOE entonces (1,22 frente a 1,09), porque con ese porcentaje el PP ha sido ahora el primero, y el PSOE en 2011 fue el segundo.

De manera que uno de los tres partidos que ha ido a parar a la zona no explorada entre el 10,8% y el 25,8% del voto ha sido muy bien tratado. ¿Qué ha sucedido con los otros dos? Pues que han obtenido también resultados hasta ahora nunca vistos en términos de las ratios. Podemos (con un 0,95) ha estado muy cerca de conseguir una representación perfectamente proporcional a su resultado (que le hubiera llevado a 72 diputados, en lugar de los 69 obtenidos), y Ciudadanos (con un 0,82) ha sido peor tratado (le faltarían 9 diputados para llegar a la representación proporcional), pero ha salido mucho mejor parado que los terceros o cuartos partidos de elecciones anteriores, que nunca habían pasado de una ratio de 0,61 (el PCE en 1977 y en 1979).

A quien le ha ido muy mal sin paliativos ha sido a Unidad Popular-Izquierda Unida, que ha tenido una de las peores ratios de partidos nacionales que han entrado en el Congreso (0,16), aunque está en línea con otros resultados anteriores de partidos con semejante porcentaje de voto (la propia Izquierda Unida en 2008, con un 0,15).

En resumen, en relación con los partidos de ámbito nacional, el sistema electoral mantiene algunos de los rasgos básicos que conocíamos: los dos primeros partidos salen beneficiados, especialmente el primero. Los partidos con menos del 11% del voto son castigados, con un mayor castigo cuanto más pequeño es su voto. La novedad son los partidos que superan el umbral del 11% del voto, pero quedan por debajo de la segunda posición. A falta de más casos (tal vez en unos meses tengamos otra oportunidad de estudiarlo) parece que se mantiene con ellos la relación aproximadamente lineal que veíamos entre los partidos pequeños de otras elecciones: a mayor porcentaje de voto, mayor ratio, hasta llegar casi al 1 en el caso de Podemos, que por otra parte ha quedado también muy cerca del segundo puesto.

Tenemos así alguna información adicional sobre el comportamiento previsible de nuestro sistema electoral ante partidos políticos con resultados "intermedios", relevante para el posible debate sobre las reformas de la ley electoral para hacerla más proporcional. Pero sobre eso hablaremos en otra ocasión.

21 de diciembre de 2015

Píldoras post-electorales: caída PP (2015) es casi idéntica a PSOE (2011)

En la noche electoral y las jornadas siguientes a un juguetón con los números como yo se le ocurren "cosas" que no caben en un tuit, y que pueden tener algún interés. He pensado hacer una pequeña serie de entradas en el blog con ellas, que inauguro con esta primera entrada.

Algo muy característico de los resultados electorales es que la evaluación sobre los resultados de cada partido no sólo depende de lo que él haga, sino también de lo que hagan los demás. Como pasa en el deporte, en la competición entre empresas, en los exámenes, o en las oposiciones, la evaluación es comparativa.

Me ha venido esta idea a la mente porque la derrota del PP ayer y la del PSOE en 2011 tienen muchos elementos en común. "Lo que les ha pasado" a ellos es casi lo mismo, y sin embargo la evaluación que hacemos, la percepción, es muy distinta. Veamos:

Votos% voto válidoEscaños
PSOE
200811.289.33543,87%169
20117.003.51128,76%110
Pérdidas-4.285.824-15,11%-59
Pérdidas relativas-37,96%-34,44%-34,91%
PP (+FAC)
2011*10.929.86645,02%187
2015*7.215.53028,72%123
Pérdidas-3.714.336-16,30%-64
Pérdidas relativas-33,98%-36,21%-34,22%
* (resultados provisionales en la noche electoral)

Los "castigos" a los partidos gobernantes son de una magnitud extraordinariamente similar. Las pérdidas son parecidas en número de votos, en porcentaje del voto, y en escaños, tanto si se miran en valores "absolutos" (o en el caso de porcentaje del voto válido, en % del total de votos válidos) como en proporción a lo que cada uno tenía previamente. Pierden en todas las magnitudes más o menos un tercio de lo que tenían.

Sin embargo, qué distinta es la lectura. En parte es porque uno venía de más arriba (en escaños) y queda un poco mejor. Pero sobre todo la diferencia fundamental es lo que han hecho los demás, claro. El PP sigue siendo el primero, a treinta escaños del segundo, y tiene opciones de gobernar. El PSOE quedó segundo, 70 escaños por debajo del primero, que pasaba a gobernar con mayoría absoluta. Parecía un repudio mucho más duro que el que ha sufrido el PP, cuando en realidad es básicamente el mismo.

29 de noviembre de 2015

Te puede pasar, pero ¿puede estar horas y horas en portada?

Hace cuatro horas que me ha escrito un lector de Elpais.com asombrado de que en su portada pueda estar colgado este gráfico, sobre la noticia más importante del día, o al menos la que es también hoy la principal en su portada en papel. Es una encuesta electoral, hecha por encargo del propio periódico (es decir, en la que han gastado unos cuantos miles de euros) y que dice que hay prácticamente, ahora mismo, un empate entre tres partidos (PP, Ciudadanos, PSOE)  en la intención de voto para las próximas elecciones generales del 20 de diciembre.

Me siento en el ordenador, suponiendo que el error ya se habrá corregido, pero no, ahí sigue, espléndido, en portada:





Es fácil ver que los números del eje vertical izquierdo, que supuestamente representan los porcentajes de intención de voto en diciembre de 2014 no se corresponden con la gráfica, y es que son los mismos del eje de la derecha, que corresponden a la encuesta actual, y que sí son correctamente representados en el gráfico. Claramente ha habido un error, y se han copiado en los dos ejes los números de la última encuesta.

Que un error así pueda deslizarse a la hora de hacer un gráfico es perfectamente comprensible. Que a las seis de la tarde del día en el que se ha publicado el gráfico, supongo que a primera hora de la mañana, aún siga ahí, es lo que resulta, cuando menos, chocante.

Actualización: A las 19:19 seguía.  A las 22:00 ya estaba cambiado por otro con los porcentajes del eje izquierdo corregidos.

16 de noviembre de 2015

¡300 letrados por ciudadano!

En Estados Unidos hay 300 letrados por ciudadano, según Expansión. Y dicen que es un país "peculiar". Sin duda lo sería, si eso fuera cierto. ¿No será más bien por 10.000 o por 100.000 ciudadanos?

Imagen capturada de noticia en Expansión. Texto clave: "Y es que es un país peculiar: con 300 letrados por ciudadano..."

[Nota: esta entrada se ha modificado para añadir el enlace a la web de Expansión, que faltaba en la primera versión]

4 de noviembre de 2015

¡Amazon vende libros! ¡Y El Corte Inglés vende ropa!

Tal vez hayan ustedes oído o leído que Amazon ha abierto en Seattle su primera librería "de ladrilllo y cemento" (como dicen por allí), en la que uno puede ir físicamente a comprar libros.

Es la primera tienda no digital de Amazon, no solo de libros, sino de cualquier otra cosa, por lo que yo sé (aunque productos Amazon como el Kindle sí se podían comprar en tiendas de otras empresas). Pero evidentemente, Amazon ha estado vendiendo productos no digitales desde el principio de su historia. De hecho Amazon empezó precisamente siendo, solamente, una tienda online de libros de papel.

Pues alguien en El Mundo no se ha enterado bien de la historia y ha colocado hoy en su edición en papel (pág. 30) este desastre:

Amazon da el salto al libro de papel.... tras acumular 20 años de experiencia vendiendo libros digitales

Tiene realmente mérito escribir sobre Amazon sin saber que negocio original era vender libros, y que sigue siendo una buena parte de su negocio aún. Como lo tiene que este texto haya llegado a la edición en papel sin que nadie lo haya visto y haya dicho: "estooo... mira, un momentín...".

En fin, la edición online lo cuenta bien, afortunadamente. Pero se supone que es en la de papel, la de pago, donde debemos encontrar las cosas mejor contadas, ¿no?

20 de octubre de 2015

Otra portada, otro gráfico enloquecido

Ayer La Razón publicó en portada los resultados de su propia encuesta electoral, hecha como siempre por la misteriosa NC Report.

Pero más allá de la credibilidad que nos inspire la encuesta, lo que dejó impactado a uno de mis lectores (gracias @EntrandoenDudas) fue el gráfico que usaba La Razón para describir los resultados. Vean:



Aquí en detalle:


¿Necesita comentarios? A estas alturas ya hay poco que decir, la verdad. Dice el titular que el PP "dobla a C's", pero en la gráfica casi lo multiplica por cinco. Y no, no me vale que la gráfica sea de diputados, porque tampoco se guardan las proporciones. Simplemente, como tantas veces, La Razón se pasa por el forro las normas básicas sobre cómo se hacen los gráficos porque sí. Bueno, o porque les conviene para favorecer a los suyos. Triste.

19 de octubre de 2015

¿El PIB o el crecimiento del PIB?

Me manda Wonka (lector veteranísimo de este blog) este titular de Elmundo.es, ahora mismo en su portada:


En el propio texto de la noticia, un subtítulo insiste:

Es la primera vez desde 2009 que 
el PIB chino cae por debajo del 7%

Realmente sería una noticia muy preocupante que el PIB de China estuviera cayendo, nada menos que un 75 7%, pero, frente a lo que dicen título y subtítulo, no es así. El PIB de China está creciendo, pero más despacio que en el pasado.

Lo que cae es el ritmo de crecimiento del PIB, no el PIB. Pero parece que algunos periodistas piensan que se puede usar "el PIB" como sinónimo de "la tasa de crecimiento del PIB". Sería una elipsis justificada por la economía de lenguaje y la escasez de espacio/tiempo en titulares.

A mí no me acaba de convencer, aunque probablemente sean pocas las personas que al ver esos titulares los entienden literalmente. Por contexto, por lo que sabemos de China, probablemente la mayor parte de las personas que siguen las noticias económicas entienden correctamente lo que se quiere decir, a pesar de que no sea lo que se dice.

¿Es razón suficiente para aceptarlo? No lo veo claro, la verdad. Las elipsis no deberían ser confusas, y esta a mi parecer lo es. Se podría perfectamente haber titulado algo como "El PIB de China crece más despacio en el tercer trimestre" y haber subtitulado algo como "Por primera vez desde 2009 el PIB chino crece menos del 7%". Ambos textos son más claros y más cortos que los usados por Elmundo.es. Eso sí, el numerito del 6,9% queda para el texto de la noticia.


22 de septiembre de 2015

En La Rioja hay muchos menos cajeros que en Madrid ¿de verdad?

Otra vez El Mundo tropezando en la falacia de los números absolutos, también conocida como "Andalucía encabeza", esta vez en forma de mapa, publicado en su edición en papel. Vean:




¿De verdad nadie se ha dado cuenta de que simplemente están coloreando las comunidades más y menos pobladas? En fin, cuánta tinta desperdiciada. Con lo fácil que hubiera sido calcular una tasa de cajeros por 100 habitantes, por ejemplo. Así hubiéramos podido ver, qué sé yo, que Andalucía tiene menos cajeros (relativamente) que Cataluña, o incluso, precisamente, que La Rioja. ¡Habríamos aprendido algo que no sabíamos!

25 de agosto de 2015

La web de Renfe sigue haciendo el ridículo

Hace ya ¡nueve años! denuncié la incompetencia de la web de Renfe, que cuando uno busca viajes en fechas cuyos trenes no están aún programados, le dice que ese día no hay trenes, en lugar de decir que habrá trenes, pero sus asientos no están a la venta. Otras veces le manda a uno de Barcelona a Madrid vía París, porque los horarios de trenes internacionales sí se aprueban con antelación.

Esto es especialmente grave en las ocasiones en las que Renfe no planea sus horarios con mucha antelación. Y esto suele suceder cada vez que se introducen nuevos servicios. Por razones que se me escapan Renfe no sabe hacer los horarios para nuevos servicios con meses de anticipación, como hacen otras empresas de ferrocarril o de aviación. Tiene que esperar a anunciar los nuevos horarios hasta apenas días antes de la inauguración (con once, en el caso reciente de Alicante).

Ahora se espera que el próximo septiembre Renfe ponga en servicio nuevos trenes de alta velocidad entre Madrid y León, pasando por Valladolid y Palencia. Los horarios no están publicados, pero como por esas vías pasan otros trenes (todos los que unen Madrid con Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, y muchos de los que van a otras ciudades de Castilla y León), que tienen que coordinarse con los nuevos, el resultado es que ahora mismo no hay a la venta billetes para ninguna de esas rutas para una fecha posterior al jueves 17 de septiembre. Porque claro, planificar viajes con 25 días de antelación es un lujo que en España no nos podemos permitir.

Y, como viene haciendo desde (al menos) 2006, Renfe en su web no dice "los trenes de esas fechas y rutas no están aún programados, vuelva a intentar comprar su billete dentro de unos días". Lo que dice es: no hay trenes directos en esa ruta en esos días. En otras ocasiones, como en el Madrid-Bilbao, ofrece, sin más explicaciones, dos únicos trenes, vía Zaragoza, con trasbordo, que son más caros y más largos que los trenes que finalmente sí circularán (se supone) el día 18 de septiembre, entre Madrid y Bilbao:



La víspera hay trenes Alvia, directos, que tardan alrededor de 5 horas, con precios (rebajados) desde 19,90. El día 18 también los habrá, pero a Renfe, parece claro, le importa una mierda que su página web informe tan desastrosamente mal a sus clientes, año tras año, desde hace al menos nueve. Lo que se dice un servicio público de calidad.

[Actualización, martes 22-sep]: La fecha inicialmente prevista de inauguración ya pasó, y Renfe fue poniendo billetes a la venta para fechas posteriores al día 18. Ahora mismo sólo se venden hasta el 29, que parece que es el día ya oficialmente anunciado para la inauguración. Es decir, hoy día 22 no hay billetes a la venta del día 30 en adelante. Lo que hace dudar si realmente a estas alturas los horarios no están hechos, o si simplemente les importa un bledo no vender los billetes de trenes que ya están programados. Cualquiera de las dos opciones parece impresentable.

[Actualización_2, viernes 25-sep]: Finalmente los billetes para los nuevos horarios, que entran en vigor el miércoles 30 de septiembre, se han puesto a la venta hoy, viernes 25 de septiembre, CINCO días antes del comienzo del servicio. Un ejemplo de planificación y buen funcionamiento del servicio público. Eso sí, tal vez para compensar, todos los billetes para viajar hasta el 30 de noviembre comprados antes del 15 de octubre se ofrecen a precios promocionales. Que los disfruten.