28 de diciembre de 2006

Elegir las cerezas

Anteayer El País publicó un artículo de página entera, titulado La salud de la España sin humo, en el que se pretendía informar sobre los efectos positivos que para la salud de los españoles tendrá la ley contra el tabaco que entró en vigor el 1 de enero de este año. Si leen ustedes con cuidado verán que hay muchas suposiciones y predicciones sobre lo que pasará, pero no hay un sólo dato firme sobre lo que ha pasado.

Algunas de esas predicciones son muy espectaculares:
"Si nos atenemos a lo ocurrido en los países que han aplicado restricciones similares, como Estados Unidos o Italia, lo primero que vamos a ver es una reducción del 10% de los ingresos por infarto de miocardio por la exposición ambiental al humo del tabaco durante 2006", señala Rodrigo Córdoba, presidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) .
...
"Tiempo atrás nos fijábamos en la exposición del fumador que consumía un paquete al día. Pero lo que estamos viendo es que niveles de humo relativamente bajos como son los del ambiente de un despacho son importantes, también hay grandes beneficios: los estudios realizados en algunas poblaciones de Estados Unidos observan un descenso de enfermedades coronarias del orden del 30% al 40%", dice Villalbí. [negritas mías]

Fíjense que ambos hablan sólo de los beneficios por dejar de respirar humo en el trabajo. Estas afirmaciones sobre grandes efectos que "se van a producir" (en realidad se deberían de haber producido ya, y los deberíamos de estar viendo), se sustentan en datos que aparecen en un despiece de la noticia, titulado Los beneficios de limpiar el aire, cuyo texto no tiene desperdicio. Copio y comento, con la ayuda de pistas que me ha dado Wonka:

"No hay ningún nivel seguro de exposición al humo ajeno, y ni los sistemas de ventilación más sofisticados pueden eliminarlo por completo, sólo los ambientes totalmente libres de humo ofrecen protección total", dijo el Cirujano General de Estados Unidos, Richard Carmona, al presentar en junio un amplio informe científico.

Frase rotunda, pero engañosa. Nada dice sobre el tamaño del riesgo derivado de ser fumador pasivo. Sólo dice que en la medida en que ese riesgo existe, sólo se elimina por completo con exposición cero al humo ajeno. Claro. Por muy bajo que sea el riesgo derivado de una actividad, sólo se elimina por completo renunciando completamente a esa actividad.

Concluye que los no fumadores expuestos al humo aumentan del 25% al 30% el riesgo de enfermedad cardiaca y del 20% al 30% el de cáncer de pulmón.

Reacción de Wonka: "No. En algunos estudios se ha llegado a observar este incremento del riesgo, pero no para cualquier fumador pasivo, sino, por ejemplo, para esposas de fumadores, o trabajadores que están sometidos continuamente a un ambiente con humo. Además, esos incrementos de riesgo son bastante pequeños. Por ejemplo, el riesgo de fallecer por cáncer de pulmón en España fue en el año 2000 de 78,8 por 100.000 para los varones; un aumento del 30% lo situaría en 102,4 por 100.000, o, visto en tantos por 100, pasaríamos de 0,0788% a 0,1024%."

Las actuaciones para eliminar el humo del ambiente han dado sus frutos: en los últimos 20 años, el nivel de cotinina (uno de los marcadores biológicos de la exposición al humo ambiental) medidos en los no fumadores estadounidenses ha disminuido un 70% y en 2002 sólo el 43% tenían niveles de cotinina detectables, frente al 88% de quince años antes. Un estudio publicado en el British Medical Journal indica que en Helena, una pequeña población del estado de Montana, en Estados Unidos, donde a finales de 2002 se derogó una ley antitabaco, los ingresos hospitalarios por infarto se redujeron el 40% durante el periodo de prohibición, que duró seis meses, en comparación con años anteriores. En las poblaciones cercanas a Helena los ingresos hospitalarios por la misma causa no sufrieron cambios significativos. Otro estudio sobre enfermedades cardiovasculares del año 2005 realizado en Pueblo (Colorado) también muestra una reducción del 30% de pacientes ingresados por ataques al corazón gracias a eliminar el humo de los lugares públicos. En Italia, seis meses después de entrar en vigor la ley antitabaco se registró una disminución del 11% de infartos en la región del Piomonte, según un estudio publicado en European Heart Journal.

El estudio de Helena, especialmente, y el de Pueblo, han sido criticados duramente en la propia sección de cartas de los lectores del British Medical Journal. Un vistazo permite ve que hay varias preguntas muy fundamentales sobre esos estudios que no están bien respondidas. Entre otras cosas, dados los números absolutos tan pequeños de los que se trata, las variaciones podrían deberse puramente al azar (serían, una vez más, anecdatos). Ninguno de los dos estudios tomó información sobre la relación con el tabaco de las personas que sufrían los infartos (no sabemos si eran fumadores, ex-fumadores, fumadores pasivos, o no fumadores en absoluto), ni sobre sus edades, ni sobre otros factores de riesgo. El estudio de Piamonte (no Piomonte) muestra un efecto mucho menor, pero significativo. No he visto el estudio completo, pero en el resumen puede verse que tiene un amplio intervalo de confianza (desde -19% a -2%) y se refiere sólo a un periodo de dos meses. Es curioso que los autores, que investigan en la misma región, hayan entregado en mayo de 2006 un estudio cuyos datos terminan en febrero de 2005 (quizá lo expliquen en el texto completo). De todos modos, esos resultados tan espectaculares no se han visto en absoluto confirmados en los estados de Estados Unidos que han implantado prohibiciones drásticas del consumo de tabaco en lugares públicos, como California o Nueva York. ¿A la hora de predecir lo que va a pasar en España en su conjunto, qué es más razonable esperar: lo que parece que pasó en un pueblo de Montana o Colorado, según un estudio muy controvertido, o en dos meses en Piamonte, o lo que dicen las estadísticas globales de estados enteros, con millones de habitantes, a lo largo de varios años? Pues lo primero, naturalmente, según los activistas contra el tabaco.

En inglés llaman "cherry-picking" (elegir las cerezas) a la presentación selectiva de información, escogiendo y contando sólo los datos o estudios favorables a la propia teoría o prejuicio, y descartando y ocultando la información contradictoria. Eso es sin duda lo que han hecho algunos entusiastas anti-tabaco, que le han facilitado al periodista información sesgada en una sola dirección. No es que lo disculpe, pero en fin, están en su papel. El que no lo está es el periodista que se traga cualquier número que le dan, por increíble que sea, y no hace nada por contrastarlo.

Conflictos de interés (para los susceptibles): Ninguno. No fumo ni he fumado nunca. Estoy convencido de que fumar es muy malo para la salud. El humo del tabaco me molesta; y pienso que, al menos en España, donde no hay regulación, los no fumadores llevamos las de perder. Me encanta que en los bares y restaurantes haya zonas designadas para los no fumadores. No tengo nada en contra, por otra parte, de que haya zonas para fumadores en los lugares de trabajo, en los trenes y en todos los lugares donde sea posible armonizar sus intereses con los de los no fumadores.
Todo lo cual no me impide cabrearme cuando me quieren asustar con exageraciones manifiestas.

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