15 de septiembre de 2012

¿Acabó el franquismo en 1997?

Elpais.com publicó ayer un extenso artículo (no sé si también publicado en papel) con el título Volver  a los tiempos de la Escopeta Nacional, que recoge las múltiples críticas que ha recibido la propuesta de Dolores de Cospedal de eliminar los sueldos de los parlamentarios regionales de Castilla-La Mancha. Como pueden imaginar por el título del artículo, varias de esas opiniones negativas relacionan la existencia de parlamentarios sin sueldo con regímenes políticos no democráticos, y explícitamente con el franquismo, que contraponen a la conquista democrática de que los parlamentarios tengan un salario, de manera que cualquier persona, sin importar su origen social, pueda dedicarse a esta actividad. Así lo explicitan los párrafos tercero y cuarto del artículo:
La presidenta replica a los críticos afirmando que “algunos no quieren que se dediquen a la política quienes pueden ganarse la vida de otra manera”. Sin embargo, su propuesta da al traste con una de las conquistas democráticas más trascendentales del Estado moderno, que impregnó a todos los parlamentarios europeos, cuyos miembros tienen remuneraciones fijas. Todos y cada uno de ellos. 
A los políticos consultados, la mayoría vinculados al derecho constitucional y la historia por formación, y con otros medios de vida seguros si dejaran la política, se les viene encima la España de la dictadura de Franco, con procuradores en Cortes que, en efecto, no cobraban, en vez de parlamentarios elegidos por sufragio universal. Y antes, a la democracia censitaria de los siglos XVIII y XIX, cuando solo los tocados por la fortuna podían ser elegidos. 
Todo eso está muy bien. Pero hay un pequeño inconveniente. Si uno llega a leer hasta el párrafo 18, de 20, se encuentra con esto:
A Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid, la medida no le sugiere nada especial: “No me parece ni bien ni mal”, y recordó que durante unos años los parlamentarios de Madrid no recibían remuneración fija. En efecto, eso fue así hasta los primeros años noventa, pero hubo un “ataque de dietitis”, como recuerda un gobernante de la época. Se entendió por ese fenómeno aquel que llevaba a los parlamentarios a apuntarse al mayor número posible de comisiones para abultar las dietas. Mejor un sueldo fijo, pensaron, ya que los pagos empezaron a desorbitarse.
En realidad la reforma del reglamento de la Asamblea que cambió el sistema de dietas (del reglamento de 1984) por un salario fijo no fue a "primeros" de los años noventa, sino en 1997, con mayoría del Partido Popular. Lo cual quiere decir que o bien durante los gobiernos de Leguina la Asamblea de Madrid era un parlamento de corte franquista, o bien hay que revisar la tesis principal del artículo, y de los eminentes políticos y académicos citados.

Creo recordar que otros parlamentos autonómicos funcionaron también con dietas durante una buena temporada, como lo siguen haciendo también hoy muchísimos municipios (la mayoría) para los concejales que no forman parte del equipo de gobierno municipal. Porque si bien se entiende en todas las democracias que la actividad política debe ser remunerada para que puedan ejercerla personas de toda condición social, esa remuneración se puede graduar dependiendo de si se considera que el puesto político en cuestión es realmente (o debe serlo) a tiempo completo, y entonces se paga un salario fijo (como sucede en los parlamentos nacionales), o más bien es una actividad intermitente o a tiempo parcial, que se puede compensar con un sistema de dietas (como a la mayoría de los concejales). Algunas cámaras autonómicas empezaron en España con remuneraciones basadas en la idea de que ser parlamentario autonómico no es un trabajo a tiempo completo, y han ido evolucionando hacia considerar que sí lo es (o a que, en todo caso, el número de actividades que se realizan es suficientemente alto como para que la mayoría de los parlamentarios perciban una cantidad alta, con lo cual es más simple y eficiente pagar un sueldo que un sistema de dietas).

La discusión, entonces, sobre sueldos o dietas, no es tanto una discusión entre democracia y sistemas censitarios, sino entre políticos a tiempo parcial o a tiempo completo, o si quieren, sobre si la actividad de un parlamentario autonómico se parece más, por su intensidad y exigencia, a la de un parlamentario nacional o a la de un concejal. Probablemente es más bien lo primero que lo segundo, pero tal vez habría que examinarlo caso por caso, puesto que ni todos los parlamentos autonómicos ni todos los parlamentarios tienen la misma actividad.

Sería interesante examinar cómo ha evolucionado el sistema en los 17 parlamentos autonómicos, cuáles y cuándo pasaron de un sistema de dietas a un sistema de salarios, cuánto aumentó el gasto por ello, y en qué grado la intensidad del trabajo en todos ellos es más o menos similar a la del parlamento nacional. Pero eso, claro, requeriría un trabajo de investigación de unos cuantos periodistas, que no se puede improvisar ni probablemente esté dispuesto a pagar ningún medio.

Actualización (17-9): Mi memoria no fallaba. Hasta 2007 en Extremadura los parlamentarios no cobraban sueldo. Una práctica franquista, sin duda ninguna (gracias a Protractínio por la pista).

Actualización (2-10): Leo ahora en el Huffington Post que en realidad, siguiendo la tesis del artículo de El País, el parlamentarismo franquista no habría acabado nunca, ya que tanto en Castilla y León como en La Rioja los diputados autonómicos siguen sin cobrar un sueldo fijo. Y nosotros sin enterarnos.

2 comentarios:

  1. ¿Cómo llamaríamos a un trabajo en el que "echamos" uno o, como mucho, dos días a la semana? Pues "trabajo a tiempo parcial", claro. ¿Y cómo debería de ser su salario? Pues propio de un tiempo parcial. Durante todas las legislaturas que Rodríguez Ibarra gobernó en Extremadura, los parlamentarios autonómicos cobraban por asistencia. Y no hubo -aparentemente- excesos ni más picardías de las previsibles. A mí me parece una buena idea (¡por fin la Cospe parece tener una!) siempre que las dietas y los desplazamientos estén estrictamente tasados, que esa es otra.

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  2. buenas noches.
    Si los políticos no cobrasen, solo se presentarían los que tienen la vida asegurada. Serían unos representantes del pueblo español, muy a gusto de la derecha. Pienso que, sumando sueldo, dietas y privilegios, ahora están sevidos de sobra, pero de ahí a quitarles el sueldo, hay un abismo.
    saludos

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