2 de junio de 2016

¿Si la economía mejora, por qué la pobreza apenas disminuye?

La semana pasada la mayoría de los periódicos dedicaron un espacio amplio a la difusión de la estadística, elaborada anualmente por el INE, sobre las condiciones de vida de los españoles, la distribución de ingresos, y las tasas de pobreza y de exclusión social.

Basándose en esa estadística, algunos medios han apuntado que la recuperación económica no se refleja en las economías de los hogares, en la pobreza y la desigualdad. Por ejemplo, El País, que abría su cobertura del asunto con este texto:
Las graves secuelas de la crisis financiera siguen siendo palpables. Aunque las variables macroeconómicas mejoran trimestre a trimestre, las condiciones de vida de los ciudadanos evolucionan a un ritmo mucho más lento. Dos años después de la salida oficial de la recesión, el 28,6% de los ciudadanos está en situación de riesgo de pobreza o de exclusión social... [énfasis añadido]
En la misma línea comentaba Joaquín Estefanía el domingo los datos:
La economía española crece por encima de la media, baja el paro (otra cosa es la escasísima calidad del empleo que se genera) y se acumulan las manifestaciones de que se está remontando el vuelo en términos macroeconómicos (precio de las viviendas, consumo minorista,...). ¿Por qué no se traslada este cierto optimismo de la coyuntura a la vida cotidiana del conjunto de la población? Porque hay otra serie de datos tozudos que lo impiden y muestran que mucha gente prosigue la pendiente descendente y sin visos de cambiar la tendencia. [énfasis añadido]
El título de Eldiario.es lo dejaba bien claro:

La desigualdad sigue aumentando a pesar del crecimiento de la economía

Y empezaba así:
Dos datos han servido para mostrar las dos caras de la realidad económica. Por un lado, la economía encadena once trimestres creciendo. Ese crecimiento, sin embargo, y a la luz de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, no se traduce en mejores condiciones de vida. [énfasis añadidos]
Puedo imaginar que habrán ustedes leído o escuchado comentarios similares en otros medios. El contraste entre las grandes cifras y la vida cotidiana de la gente es casi un lugar común al analizar los datos macroeconómicos.

Sin embargo, hay aquí un problema básico y elemental: los datos sobre pobreza y desigualdad que se acaban de divulgar no son de "dos años después de la salida oficial de la recesión", ni posteriores a "once trimestres creciendo". Las propias noticias o artículos donde se incluían esos datos lo explicaban muy clarito: los datos provenían de una encuesta hecha en la primavera de 2015.

Pero en realidad, miden cosas anteriores. Más precisamente, la encuesta clasifica a las personas como "en riesgo de pobreza o exclusión social" cuando cumplen una de las tres condiciones siguientes: ingresos bajos, o riesgo de pobreza (menos del 60% de la mediana), baja intensidad del empleo en el hogar (las personas con capacidad de trabajan menos del 20% de las horas potenciales) o carencia material severa (responder afirmativamente a cuatro de las nueve preguntas sobre la dificultad para acceder a distintos tipos de bienes, o afrontar ciertos gastos).

Pues bien, aunque la Encuesta de Condiciones de Vida se hace en primavera, dos de esas tres condiciones se miden respecto al año natural terminado en el diciembre anterior. Concretamente se hace así con los ingresos y con la intensidad en el empleo. Sólo las preguntas sobre carencia material se hacen con respecto al momento de la entrevista, aunque una de ellas (si la familia ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal), se remite a los doce meses anteriores.

Y resulta que, como revela la propia nota de prensa del INE, del 28,6% de la población calificado como "en riesgo de pobreza o exclusión social", sólo una pequeña parte (el 2,0% de la población) lo está por cumplir solo la tercera de las condiciones, la de la carencia material severa, que es la única que realmente se mide con relación al año 2015.

En definitiva, los datos publicados en 2016 se tomaron en 2015, pero se refieren, sobre todo, a 2014. Es decir, un periodo entre seis y dieciocho meses después de salir oficialmente de la recesión (lo que sucedió en el tercer trimestre de 2013). O entre dos y cinco trimestres. No dos años (en realidad serían ya dos y medio), ni once trimestres después de terminar la recesión.

No son datos calentitos, sino con un importante desfase temporal. No pretenden medir lo que pasa en la sociedad española (o europea, pues todos los países hacen estadísticas similares) con inmediatez. Y por ello, no tiene ningún sentido comparar los resultados de estas estadísticas con los datos posteriores de otro tipo (de crecimiento del PIB, de bajada del paro...) porque se refieren a periodos temporales diferentes.

¿Cómo puede alguien seriamente utilizarlos para decir cosas como que la mejora de los datos macroeconómicos no se nota en el bienestar de las familias? Pues con mucha ignorancia o con mucha jeta.

Con estos datos no se puede construir ningún argumento sobre un supuesto contraste entre las cifras macroeconómicas (actuales) y la realidad de la economía de los hogares. Sería muy interesante poder hacerlo, pero simplemente no es posible. Las estadísticas de los dos tipos se producen a ritmos muy diferentes. Las personas que están ahora en situación de riesgo de pobreza las conoceremos en mayo de 2018. Para entonces, crucemos los dedos, la economía habrá seguido creciendo. Habrá, esperemos, unos cientos de miles de parados menos. Y habrá, esperemos, unos cuantos menos pobres que ahora (aunque si la economía crece, y suben los ingresos medianos, también subirá el umbral de la pobreza). Aunque habrá también quien, al ver las cifras publicadas (referidas a 2016) comentará algo parecido a  que "aunque las variables macroeconómicas mejoran trimestre a trimestre, las condiciones de vida de los ciudadanos evolucionan a un ritmo mucho más lento". ¿Tienen alguna duda?

8 comentarios:

  1. Claramente, con mucha jeta y con intereses partidistas. Que la realidad no estropee mi argumento.

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  2. El último párrafo comienza así "Con estos datos no se puede construir ningún argumento" sin embargo ese mismo párrafo se concluye que "la economía habrá seguido creciendo" y que "Habrá, esperemos, unos cientos de miles de parados menos".

    Si no se pueden construir argumentos con esos datos... ¿Cuál es la razón objetiva para pensar que el paro bajará o que la economía seguirá creciendo?

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    1. No, no hay razón objetiva ninguna para saber lo que pasará en el futuro. Por eso está expresado como un deseo o una esperanza.

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    3. Quizás mezclar los datos objetivos con los deseos puede generar confusión más o menos de la misma forma que comparar datos de años distintos. Creo que además ha sido un error hacerlo en el cierre del artículo como si fuera una conclusión.

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  3. Malaprensa: un año natural es un periodo de 365 dias (o 366) seguidos que va desde, por ejemplo, el 3 de junio de 2016 hasta el 2 de junio de 2017. Un año calendario es un periodo de 365 dias (o 366) seguidos que va desde un 1 de enero hasta el 31 de diciembre.

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    1. No es eso lo que dice la Wikipedia.

      Y en normas legales se usa "año natural" como lo que tú llamas "año calendario". Expresión que al menos en España no es muy común. Tal vez en otros países hispano hablantes se use más.

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    2. Es cierto que en normas legales y en contabilidad se usa "año natural" con ese sentido. También es cierto que el que el año comience el 1 de enero es una convención totalmente artificial, por lo que el adjetivo "natural" chirría bastante en esa expresión. Expresión que no recoge el DRAE, por cierto.

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