31 de diciembre de 2004

Deterioro, ¿qué deterioro?

El Mundo y ABC y tantos otros periódicos se han hecho estos días de que el llamado Observatorio del Sistema Nacional de Salud ha publicado su primer informe, referido al año 2003, en el que evalúa la marcha del sistema sanitario público.

Casi todos los titulares hablan de que el informa detecta un "deterioro", aunque leyendo con cuidado las noticias, no parece claro si esa palabra procede del informe, o es más bien una expresión pronunciada por el secretario general de sanidad, Fernando Lamata, que naturalmente es un cargo político, y que en la misma rueda de prensa acusó al gobierno anterior de ser el responsable del deterioro.

Lo extraño es que en las noticias que he leído la principal evidencia sobre el "deterioro" aparece enterrada tras muchos párrafos (o no aparece, como en el ABC), y consiste en que las encuestas a los usuarios muestran una cierta caída de la puntuación recibida por el sistema (de medio punto sobre 10, aproximadamente).

En cambio, se citan repetidamente como evidencias del deterioro dos datos absolutamente discutibles como indicio de tal cosa. Uno es el aumento del gasto farmacéutico, que puede ser un problema grave para el sistema, y puede ser consecuencia de muchos factores (envejecimiento de la poblacion, entre otros), pero es extraño entender que indique un deterioro.

El otro, más curioso todavía, es el hecho de que la proporción del gasto en relación al PIB haya permanecido constante en los últimos años (en torno al 5,4% del PIB), que se compara desfavorablemente con los países de nuestro entorno, en los que el gasto sanitario ha crecido en relación al PIB en periodos comparables.

Da la casualidad de que en el periodo reseñado (1997-2003) el PIB español ha crecido más que el de los países del entorno europeo. Así, la "congelación" del gasto en España (expresión del ABC), es en realidad un aumento considerable, que bien pudiera ser que fuera mayor del producido en Alemania, donde el gasto sanitario ha pasado del 8 al 8,6 por ciento. Pero además no sabía yo que los resultados de un sistema sanitario se midieran por cuánto se gasta en él.

El gasto es una cosa y los resultados otra. Como en ciertos servicios públicos es tan difícil medir los resultados, a veces se usa el gasto como indicador aproximado del esfuerzo realizado en una materia en diferentes países. Pero de ahí a equiparar evolución del gasto con evolución de los resultados, hay un gran salto. ¿Se imaginan ustedes a un ama de casa que dijera: "estoy encantada porque en mi casa cada vez gastamos más en ropa"? ¿O a un empresario que dijera: "la empresa va muy bien porque nuestros gastos de producción crecen todos los años"? Como que no, ¿verdad? Pues no se ve por qué el estado tiene que aplicar esa lógica.

Comentarios hasta el 27-12-09

Es curioso que en este tipo de cosas se habla siempre de gastar más, como si eso fuera signo de cambio positivo. Si estuviéramos en otra escala el razonamiento sería ¿por qué tenemos que gastar tanto? ¿por qué estamos tan mal? ¿qué podríamos hacer para no tener ese problema y gastar menos?.

Existe una horrible lógica económica sobre gasto y placer.
Si compro un coche de 20000, DEBE ser mejor que uno de 12000. Si la diferencia de precios es debida a la mejora de funciones (abs, aire acondicionado, etc) podría considerarse aceptable. Desgraciadamente, a partir de un precio el concepto es 'el status' o el lujo.
Con la sanidad, los parámetros son muchos: ¿Qué estar sano? ¿Qué método de curación es la adecuado? ¿El tiempo de espera en el CAP es el adecuado? ¿Por qué tengo que pagar parking en el hospital?
Si vamos a casos prácticos: una enfermedad concreta y las horas y gasto total por ese concepto podría ser algo a comparar entre diferentes países.

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