7 de julio de 2005

¿Bisexual o mentiroso?

(Gracias a Lucas P. por la pista). El País del martes pasado incluía un reportaje con el título "Un estudio científico pone en duda la existencia de la bisexualidad masculina". El estudio afirma que los que se declaran bisexuales sienten en realidad atracción sexual sólo por un sexo (tres cuartos serían en realidad homosexuales y un cuarto heterosexuales), y lo estudia con un método ingenioso: en lugar de confiar en las declaraciones de la gente, directamente se mide, con sensores en los genitales, la excitación de los sujetos estudiados ante la contemplación de escenas "eróticas" protagonizadas por hombres o por mujeres.

El País cita a la página web del New York Times como fuente, y efectivamente, el texto del periódico español es casi una traducción literal, ligeramente resumida, de la noticia del Times titulada "Straight, Gay or Lying? Bisexuality Revisited", aunque con un matiz curioso: el periodista de El País sigue casi párrafo por párrafo al New York Times, hasta el final de la primera página de su noticia, e ignora por completo todo lo que dice en la segunda. Creo que estamos ante un ejemplo fantástico de "corta y pega" en el sentido más literal de la expresión.

Aparte de eso, resulta chocante, si no fuera por su morbo, que una noticia así llegue a los periódicos. Como el propio texto cuenta, el estudio se realizó entre 101 varones encontrados a través de noticias en "periódicos gays y alternativos". Esto plantea ya un cierto problema sobre la representatividad de la muestra.

Luego fueron entrevistados, y según sus respuestas se les catalogó como heterosexuales (30), bisexuales (33) y homosexuales (38). Un tercio de los miembros de cada grupo, sin embargo, no experimentó una excitación al ver las películas. Así que el estudio se basa, en definitiva, para hacer su afirmación principal, en las reacciones antes las pelícuas de unos 22 bisexuales.

Como ciencia, que es siempre parcial, fragmentaria e incremental, vale. Como noticia de periódico parece dudosa. Está claro que si el fenómeno estudiado fuera cualquier otro, no habría llegado a las páginas del New York Times, ni de rebote a las de El País.

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