30 de julio de 2005

¿Malas noticias?

Les recomiendo lectura para el fin de semana. Es un ensayo de Richard A. Posner, profesor de derecho en la Universidad de Chicago, que tiene un blog conjunto con el economista y premio Nobel Gary Becker (sí, se puede ser premio Nobel y escribr un blog). Lo publica hoy el New York Times (requiere registro gratuito), con el título de Bad News, y es una reflexión que encuentro muy juiciosa sobre la "crisis" de los medios tradicionales en Estados Unidos. Hay muchas referencias locales, pero mucho de lo que se dice se puede aplicar, mutatis mutandis, a España.

Un punto central de su argumento es que el interés del público por la verdad es bastante limitado. El público busca otras cosas (entretenimiento, información local relevante para su vida, y confirmación de sus propias ideas y prejuicios). Eso no quiere decir que los medios mientan (hay un cierto control mutuo que les presiona para no dar noticias "falsas"). Pero sí que explica, en un mercado cada vez más abierto, el sensacionalismo y la creciente polarización política (¿les suena?).

El párrafo final resume su argumento (léanlo entero para comprenderlo mejor):
Thus the increase in competition in the news market that has been brought about by lower costs of communication (in the broadest sense) has resulted in more variety, more polarization, more sensationalism, more healthy skepticism and, in sum, a better matching of supply to demand. But increased competition has not produced a public more oriented toward public issues, more motivated and competent to engage in genuine self-government, because these are not the goods that most people are seeking from the news media. They are seeking entertainment, confirmation, reinforcement, emotional satisfaction; and what consumers want, a competitive market supplies, no more, no less. Journalists express dismay that bottom-line pressures are reducing the quality of news coverage. What this actually means is that when competition is intense, providers of a service are forced to give the consumer what he or she wants, not what they, as proud professionals, think the consumer should want, or more bluntly, what they want.
El balance global no es claramente negativo, porque también, cree él, el público es cada vez más escéptico. Pero para los que fantaseamos con medios cada vez más "objetivos", este texto es una dolorosa dosis de realismo, me temo que acertado.

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