13 de diciembre de 2005

¿Qué haríamos sin la DGT?

Estamos de enhorabuena porque las estadísticas recién publicadas sobre las muertes en la carretera en el "acueducto" han sido bastante sensatas y en lugar de comparar tal cual los 9 días de este año con los 5 del año pasado (estilo puente de la Virgen de agosto), han comparado estos días con las mismas fechas (del 2 al 11 de diciembre) de años anteriores, observando un aumento muy modesto respecto a 2004 (explicable, seguramente, por un mayor número de desplazamientos), y una disminución respecto a años previos. Algo vamos aprendiendo.

Pero esta ligera mejoría es rápidamente compensada por la DGT, que sería una firme candidata al premio a la institución oficial española productora de las peores estadísticas, y sobre todo, de las peores interpretaciones. Y así, la semana pasada publicaron una nota de prensa (gracias a Pepito Grillo por la referencia) de presentación de su campaña contra el consumo de alcohol por los conductores, orientada especialmente a las fiestas de navidad. En ella se lee:
Diferentes estudios demuestran que el número de muertos en accidentes de circulación a causa del alcohol puede situarse entre el 30 y 50 por ciento del total. Si se consiguiera erradicar el consumo de alcohol entre los conductores podría evitarse la muerte de almenos 1.000 personas al año.
Dos afirmaciones no del todo coherentes: se dice que los muertos por causa del alcohol son entre el 30 y el 50%. Pero si cada año mueren en España entre 5.000 y 6.000 personas en accidentes de tráfico, los muertos evitados al erradicarse el uso de alcohol por los conductores serían más bien entre 1.500 y 3.000.

Además, la DGT confunde concurrencia con causalidad:
El Instituto de Toxicología, en su memoria “Análisis toxicológico. Muertes en accidentes de tráfico” correspondiente al año 2004, también aporta datos significativos de la influencia del alcohol en la producción de accidentes.

Durante 2004 este Instituto realizó un estudio toxicológico-forense de 1.349 conductores muertos en accidente, del que se derivan las siguientes conclusiones:
- De los 1.283 conductores de turismos y vehículos de dos ruedas fallecidos el 30,3% (390) superaban las tasas de alcoholemia permitidas de 0,5 g/l. Otros 97 presentaban tasas de entre 0,3 y 0,5. En total un 36,1% presentaba presencia de alcohol.
Para poder hablar de causalidad, habría que comparar tendríamos que tener información comparativa de los conductores que se mataron y del conjunto de los conductores (con muestras aleatorias, que serían difíciles de conseguir, pero no imposibles). La propia DGT informa de que en sus controles aparece una proporción de un 2,65% de conductores con tasas superiores a la legal (en 2005, en años anteriores era mayor). Pero por falta de información sobre el método de realización de los controles, no es posible saber si esa sería una estimación correcta, una subestimación o una sobreestimación de la proporción en el conjunto de los conductores. Sin ese dato, no se puede hablar propiamente de causalidad.

Pero el Instituto de Toxicología encontró algo más:
Por grupos de edad, destacan el de 31 a 40 con un 48,2% y el de 41 a 50 años con el 43,8% de positivos. En menores de 20 años el porcentaje de positivos es de 28,7.
Este párrafo ha dado lugar a una interpretación disparatada de la DGT, resumida en este titular de El País: "Los conductores menores de 20 años son los que menos alcohol consumen", y recogida también en otros medios. La noticia de El País arranca así:
Las estadísticas han desmentido la idea de que los jóvenes son los que consumen más alcohol cuando van al volante. Según un estudio realizado con 1.349 fallecidos en accidentes de tráfico, quienes presentaron el menor porcentaje de positivos, un 28,7, fueron los menores de 20 años.
Como me dice Picopalo en su mensaje (gracias): "las cifras pueden querer decir (y me parece lo más razonable) que en los más jóvenes (más inexpertos) la diferencia, a efectos de tener un accidente fatal, entre conducir bebido y sobrio es menor. Puede ser que, aún sobrios, la inexperiencia [o la imprudencia, añado yo] pese y que, aún ebrios, la agilidad y la atención que pongan sea mayor. En cualquier caso, por ningún lado se puede concluir llanamente que 'son los que menos alcohol consumen'."

En efecto, hay un error doble. Primero, son proporciones de los muertos, no proporciones de los conductores. Imaginen, por simplificar, y redondeando, que entre 31 y 40 años murieran 100 conductores por millón, de ellos 50 "bebidos"; y entre los jóvenes murieran 300 conductores por millón, de ellos "sólo" 100 bebidos. Los que habrían bebido más de la cuenta serían, entre los jóvenes, una proporción menor de los muertos, pero mayor de los conductores. Pero además, de nuevo, los muertos no son una representación aleatoria de los conductores. Necesitaríamos pruebas a una muestra representativa de conductores de ambas edades para poder decir realmente quién bebe más.

Alguien en la DGT, o en su gabinete de prensa, tiene serios problemas con las matemáticas y la lógica más elementales. Esperemos que sea lo segundo, porque no quiero imaginarme que las decisiones sobre seguridad en el tráfico se produzcan con este nivel de razonamiento.

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