26 de julio de 2011

Cuando la carta al director dice disparates

Me tropecé este fin de semana con una carta al director en El País que llamó mi atención y que por su brevedad reproduciré entera:
Hace ya mucho tiempo que, desde los más estudiosos constitucionalistas hasta el ciudadano de a pie, se cuestionan la existencia del Senado en España. Quizás muchos ignoren que Noruega, Suecia o Dinamarca, países que consideramos avanzados en muchos aspectos, no tienen Senado. Alemania, con todos sus Estados federales, tiene nada más que 69 senadores; y EE UU, con una población más de seis veces superior a la nuestra, solo tiene dos senadores por cada Estado de la Unión (100). ¿Por qué tenemos que mantener en España 264 senadores? Con la sola supresión del Senado, aparte los traductores, dietas y pensiones vitalicias, nos ahorraríamos varios miles de millones de euros al año. ¡No sé a qué esperamos para meter la tijera.
La carta plantea dos problemas interesantes. Por un lado, está la cuestión de si los periódicos deberían o no someter las cartas de los lectores (como los artículos de opinión de sus colaboradores) a algún tipo de control de veracidad. Esta carta hace una afirmación fáctica rotunda: que eliminar el Senado nos ahorraría "varios miles de millones de euros al año". La afirmación es de hecho el mensaje principal de la carta. Pero, como ya se imaginarán, es un solemne disparate.

Si uno no tiene la "imaginación económica" para darse cuenta de que el Senado no puede costar "miles de millones" de euros siempre puede hacer una búsqueda rápida en Internet que le podría llevar a noticias como esta, que hacen ver que en efecto, algo anda mal en esa estimación. Para cerciorarnos podremos ir a la página del Ministerio de Hacienda con los Presupuestos y buscar los presupuestos detallados para 2011 de las Cortes Generales. Allí vera que el Presupuesto total de las Cortes es de 216 millones de euros, de los cuales el Senado se lleva 55, y los servicios comunes otros 54, mientras que el Congreso se lleva 92 millones (el resto va a la Junta Electoral Central y el Defensor del Pueblo). Haciendo un prorrateo de los gastos comunes sólo entre Congreso y Senado, en proporción a sus gastos propios (que probablemente exagera los ahorros posibles), suprimir el Senado nos permitiría ahorrar unos 75 millones de euros. Dado que "varios miles de millones" son al menos dos mil millones, podemos decir que el lector que escribió a El País ha atribuido al Senado un coste (y por tanto un ahorro potencial de su supresión) que es al menos 26 veces mayor que el verdadero.

¿Qué sentido tiene publicar una carta de un lector que comete un error tan grosero? ¿Qué aporta al debate público difundir falsas informaciones fácilmente verificables? ¿No sería lo más adecuado tirar esa carta a la papelera, como se hace todos los días con tantas y tantas otras por razones de lo más variopinto? Si la gente quiere decir disparates por sus propios medios, nadie puede impedírselo, pero se supone que un periódico serio debería aspirar a subir el nivel, y no a dar un altavoz a gente que va escribiendo bobadas.

Por otro lado, la carta tiene una segunda dimensión interesante. Cuando vi lo del Senado gastón me sonó a disparate, sí, pero además a disparate reciclado, que ya había leído. En pocos minutos he encontrado diferentes versiones de una cadena que circula por Internet desde hace meses, y que alguien me mandó también a mí, con un montón de afirmaciones disparatadas sobre los gigantescos ahorros (45.000 millones) que España podría conseguir quitando coches oficiales, suprimiendo el Senado y otras cosas semejantes. Aquí está el texto sobre el Senado en una versión de septiembre pasado:
ELIMINAR EL SENADO, ES UNA CÁMARA INÚTIL, DICHO POR LOS MISMOS SENADORES, NORUEGA, SUECIA, DINAMARCA, NO TIENEN SENADO, ALEMANIA SOLO 100 SENADORES, EE.UU. UN SENADOR POR CADA ESTADO. LOS GRANDES TEÓRICOS DEL DERECHO INTERNACIONAL Y CONSTITUCIONAL (DUVERGER, JELLINEC, ETC.) OPINAN QUE ES UNA CÁMARA INNECESARIA, PRESCINDIBLE Y QUE ESTÁ EN EXTINCIÓN. ESPAÑOLES: ¿POR QUÉ TENEMOS QUE MANTENER A 260 GANSOS, INÚTILES, UNA CÁMARA ESTÉRIL, VACÍA DE CONTENIDO, YA PASADA DE MODA.
¡¡ FUERA EL SENADO, YA !! ELIMINÁNDOLO NO AHORRAREMOS 3.500 MILLONES CADA AÑO.
Es evidente que el texto (claramente mejorado) es el inspirador del lector de El País, con lo cual este no solo ha publicado una falsedad, sino que además esta es de segunda mano.

Desgraciadamente estos cálculos enloquecidos sobre fantásticos ahorros conseguidos sin sacrificio alguno han pasado ya por lo visto a formar parte de la cultura popular, y la asamblea de Sol del movimiento 15M los incluyó como parte de sus propuestas aprobadas el día 23 de mayo. Que una asamblea de gente sobre todo joven, y supuestamente con alto nivel educativo, y gran conocimiento de la red, sea capaz de tomar como suyas y aprobar estas milongas daría para muchas reflexiones. Pero al menos pueden defenderse diciendo que son jóvenes, inexpertos, amateurs, asamblearios... Ninguno de esos atenuantes se aplica al diario más vendido de España.

y aparecen ahora en múltiples páginas atribuidos, erróneamente (no está en sus actas), a la Asamblea de Sol del movimiento 15M, lo que me había confundido también a mí. Perdón por la malaprensa en Malaprensa y gracias a ACuéllar por advertirme.

Con todo, volviendo al asunto central: un dato erróneo tan fácilmente verificable como el del presupuesto del Senado no debería colarse en el diario más vendido de España, ni siquiera en la carta de un lector.

15 de julio de 2011

¿Escalas, quién necesita escalas?

Gracias a un mensaje de Raúl, El espectador privilegiado, me entero de este fantástico gráfico de El Economista, que acompaña una noticia sobre la competición entre Elpais.com y Elmundo.es.



Tal vez tres de las cuatro columnas (las dos rojas y la azul de la derecha) sean proporcionales. Pero la azul de la izquierda claramente no lo es, distorsionando las percepciones.

Así, la diferencia entre los valores de la izquierda (175) parece mucho mayor que la que hay entre los valores de la derecha (217). Igualmente, claro, la diferencia entre las dos columnas azules (956) parece varias veces mayor que la que hay entre las dos columnas rojas (564), cuando no llega a ser el doble.

La pregunta, claro, es ¿por qué, zeñó, por qué?

9 de julio de 2011

¿Qué es eso del "modelo alemán"?


He oído hace un rato a Rubalcaba proponer a su partido que estudie incluir en su programa electoral una reforma electoral del tipo del modelo alemán. Si realmente lo hacen se hablará largo y tendido del asunto en los próximos meses, pero de entrada creo que estaría bien lanzar algunas ideas y aclaraciones.

1. En qué consiste el "modelo alemán"
El sistema alemán es un ejemplo de un tipo de sistemas electorales que suelen llamarse "mixtos" (mixed-member-proportional), porque eligen a parte de sus diputados de manera individual, en distritos pequeños, y por mayoría simple (al modo inglés, por entendernos) y a otra parte de sus diputados, por un sistema proporcional, en grandes circunscripciones. Normalmente esto se hace dando a cada ciudadano dos votos, uno para elegir su diputado local y otro para una lista regional o nacional, pudiendo votar al mismo o a distinto partido. También se usan sistemas parecidos para elegir los parlamentos de los estados alemanes, en Nueva Zelanda, y en las elecciones de los parlamentos autónomos de Gales y Escocia.

Un elemento esencial de estos sistemas es que aunque sólo una parte de los diputados se elige de manera proporcional, la fórmula usada para elegirlos descuenta los diputados elegidos de manera individual, de manera que la suma de diputados elegidos directamente más los diputados de las listas den un resultado proporcional (con matices, que luego señalaré). Puede decirse que el voto que cuenta "de verdad" para fijar el número de diputados totales, es el voto a las listas. El otro sirve solamente (no es poco) para influir sobre qué personas concretas ocuparán esos escaños.

Así, con variantes en cada país, lo que se hace es lo siguiente: teniendo en cuenta los votos a las listas, se reparten entre los partidos, de manera proporcional, el número total de diputados a elegir. Con eso se establece cuántos diputados ha de tener cada partido (esto se puede hacer en el nivel global, o por distritos grandes). Por otra parte, usando los votos individuales, quedan directamente elegidos los candidatos ganadores en cada distrito individual. Finalmente, a cada partido se le restan, del número de diputados que le corresponde por los votos a listas, el número de diputados elegidos directamente, y quedan elegidos, de la lista, los que le faltan para llegar al número que proporcionalmente le corresponde.

Típicamente, en estos sistemas, los partidos grandes tienen muchos diputados elegidos directamente, y obtienen relativamente pocos de las listas. En cambio los partidos pequeños no ganan casi nunca un escaño por elección directa individual (no son el partido más votado en ninguna parte) pero con el sistema de listas llegan a tener el número de diputados que les correspondería proporcionalmente (véanse como ejemplo los resultados en Alemania en 2009, Nueva Zelanda en 2008, o Escocia en 2011).


2. Ventajas supuestas del modelo
Este modelo de elección resulta atractivo en principio para algunos (me cuento entre ellos) porque combina, por una parte, la proporcionalidad del resultado global con la existencia de al menos una parte de los diputados que, por ser elegidos de manera directa en circunscripciones individuales, tienen una relación más cercana con los ciudadanos, y potencialmente serían más sensibles a sus opiniones, y más independientes de sus partidos.

Aparentemente, por tanto, un sistema como este podría responder a la vez a dos de las quejas más frecuentes que se oyen contra nuestro sistema electoral (al Congreso): que no es realmente proporcional y que los diputados sólo son máquinas de votar lo que les mandan, sin ninguna autonomía, ni dependencia real de los votantes, porque saben que su puesto no depende de los ciudadanos sino de que el jefe del partido los ponga en un lugar alto de la lista.

Pero en realidad, ninguna de las dos cosas está garantizada. Veamos por qué.

3. La “cercanía” de los diputados a los electores y su autonomía relativa
En principio, los diputados elegidos en circunscripciones uninominales, uno a uno, en competición personal, parece que tienen mayor cercanía a sus electores, sensibilidad a sus problemas, y autonomía de los jefes de los partidos. Pero en la mayoría de los sistemas mixtos se permite que los candidatos en circunscripción individual estén también en la lista regional o nacional. De manera que estar a bien con las élites sigue siendo muy importante para garantizarse un puesto seguro en la lista, por si falla la elección individual.

Por otra parte, en efecto, un diputado querido en un distrito “seguro” de un partido (un socialista en Sevilla, un popular en Murcia) tendría, en principio, una cierta autonomía para discrepar de sus líderes, o para criticarles, cuando notase que las bases están descontentas... siempre y cuando el partido no pudiera echarle de su puesto. Es decir, que tan importante para este tema como la ley electoral pueden ser las leyes de partidos, las costumbres o las reglas no escritas, que garanticen que un diputado no pueda ser obligado a retirarse o ser expulsado del partido, si no es por un procedimiento democrático dentro del partido local, o por una desviación fundamental de la disciplina (por no votar con el partido en asuntos centrales, como presupuestos, no secundarios). Mucho me temo que ni el PSOE ni casi ningún otro partido estarán interesados en legislar sobre la democracia interna en los partidos y el sistema de designación de candidatos.

4. La proporcionalidad
El sistema alemán es muy proporcional (con el matiz que se ve luego), pero otros sistemas semejantes (como el escocés o el galés) no lo son tanto. La clave está en dos elementos:
  • Si el reparto proporcional de los diputados se hace a escala nacional (es el caso en Alemania, aunque las listas son por estados, porque luego, dentro de cada partido, los diputados se reparten por estados) o a escala regional (en Escocia se hace en ocho regiones, en Gales en cinco). Lo primero favorece la proporcionalidad global, lógicamente.
  • Cuantos son los diputados elegidos proporcionalmente. Cuantos más sean, estos, más posibilidades hay de que los diputados "proporcionales" compensen las desviaciones de la proporcionalidad que se producen en la elección individual. Así, en Alemania, los diputados elegidos por listas son la mitad (298), mientras que en Escocia son 56 de 129 (43%) y en Gales sólo 20 de 60 (un 33%).
5. Los umbrales
Por otra parte, la proporcionalidad del sistema alemán tiene un límite: para evitar la excesiva fragmentación del parlamento, y teniendo en cuenta que el reparto proporcional se hace a nivel nacional, y con muchos diputados, se exige, para poder entrar en ese reparto, haber obtenido al menos un 5% del voto nacional.

Como supuesto “remedio” para la excesiva influencia de los partidos nacionalistas en nuestro parlamento y en nuestro sistema político (que ya saben que no resulta de que estén sobrerrepresentados, sino más bien de que otros están infrarrepresentados) , algunos proponen alegremente trasladar esa exigencia de umbral a España, imaginándose que de esa forma se quedarían fuera del parlamento todos los partidos nacionalistas y así, por el expeditivo procedimiento de echarlos del parlamento, dejarían de tener influencia.

Dejando aparte cualquier otra consideración sobre la inteligencia, los efectos a medio plazo, o el carácter democrático de esta medida, el problema es que quienes proponen esto olvidan que esa regla alemana del 5% tiene excepciones, destinadas precisamente a evitar lo que ellos quieren conseguir. Esas excecpciones dicen que sí entran en el reparto proporcional los partidos que, obteniendo menos del 5% del voto nacional, obtengan al menos tres diputados por elección directa, o representen a “minorías nacionales”, como el SSW (que representa a daneses y frisones en Schleswig-Holstein), que desde 1965 ya no se presenta a elecciones federales, pero lo sigue haciendo a elecciones en su land, exento del mínimo del 5%.

En otros lugares como Nueva Zelanda, hay un mínimo nacional del 5%, pero cualquier partido que consiga la elección directa de un representante está exento de ese mínimo para entrar al reparto proporcional (aparte de que hay un complejo sistema para proteger a la minoría Maorí, que tiene un censo separado y elige a un número de diputados reservados para ellos). Creo que ni en Escocia ni en Gales imponen mínimos nacionales, pero dado que el número de diputados a repartir proporcionalmente es bajo, y se hace por regiones, los partidos pequeños quedan igualmente excluidos.

6. El diablo está en los detalles
Como se ve, bajo el “modelo alemán” podríamos acabar con resultados muy diferentes, según qué opciones tomáramos en una serie de aspectos cruciales (número de diputados elegidos proporcionalmente, nivel en el que se hace ese reparto, umbral, excepciones al umbral). Se puede conseguir un sistema muy proporcional, o no tanto, y unos diputados con mucha conexión con sus electores, o no tanto (esto último no depende tanto del sistema electoral).

De hecho, sii trasladáramos a España el sistema alemán “entero”, con reparto nacional, umbral del 5%, y con sus excepciones, resultaría que suponiendo unos resultados como los de 2008 (supuesto imaginario, porque la gente vota distinto con reglas distintas) ni Izquierda Unida ni UPyD tendrían ningún diputado, y sí lo tendrían, sin duda, CiU y PNV, que habrían conseguido varios diputados por elección directa. Los demás partidos nacionalistas podrían estar o no según se aplicase el concepto, impreciso, de ser partidos que representan minorías nacionales. Ni el PSOE ni el PP perderían diputados.

No creo que ese sea el resultado buscado por la mayor parte de la gente que hoy se queja de nuestro sistema electoral.

Si, por otra parte, quitamos las excepciones al 5% (y suponiendo que los nacionalistas no hicieran coaliciones como las que presentan a elecciones al parlamento europeo), sólo quedarían en el parlamento PSOE y PP, el primero con amplia mayoría absoluta. Esperemos que no sea esto lo que está pensando el candidato Rubalcaba.

4 de julio de 2011