27 de mayo de 2004

Precaución, amiga conductora

(Aportación a malaprensa de Wonka. Muchas gracias)
La Vanguardia titula en su edición del 26 de mayo de 2004: “Las mujeres son más precavidas al volante” (registro gratis). La base de dicha afirmación es un estudio de la Fundació RACC en el que se compara la siniestralidad de hombres y mujeres con su participación en el “censo” de conductores. A falta de saber qué es dicho censo, la noticia nos informa de que las mujeres representan el 37% de los conductores, pero sólo el 24% de las víctimas mortales en carretera en 2002 (y el 29% de los heridos graves). Es decir, su participación no es tan distinta de la que le correspondería en términos brutos. Sin embargo, esos términos brutos lo son demasiado, pues para calcular los riesgos relativos de hombres y mujeres habría que tener en cuenta cuánto conducen unos y otros, y, por lo que sabemos, conducen con más frecuencia y hacen más kilómetros al volante los hombres que las mujeres, y no sólo su coche particular sino profesionalmente. De manera que habría que relativizar aún más la comparación entre el 24% de víctimas y el 37% de mujeres conductoras. Además, muchas de las víctimas de accidentes de tráfico son víctimas “pasivas”, no protagonistas de la conducta de riesgo que puede haber llevado al accidente.

El resto del artículo, siguiendo, supongo, a la nota de prensa del RACC, intenta sustentar la misma idea basándose en los juicios subjetivos de hombres y mujeres recogidos mediante una encuesta. Lo que ocurre es que las comparaciones vuelven a ser muy poco relevantes: no está claro que “las mujeres cumpl[a]n más las normas de tráfico”: parecen más las que dicen respetar los semáforos (88,9 frente al 82,7% de los conductores varones), y parecen también más las que dicen acatar los límites de velocidad (87,5 frente a 82%), pero habría que ver si las diferencias son estadísticamente significativas. En cualquier caso, son diferencias menores.

En definitiva, puede que sean más precavidas, que, como dice el artículo tengan un sentido del riesgo distinto del de los varones, pero hacen falta mejores datos para sustentar estas afirmaciones.

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