30 de septiembre de 2004

Malaciencia y malaprensa políticamente correcta

(Artículo completo remitido por Wonka. Muchas gracias)

El artículo de La Vanguardia titulado “El factor mamá,” publicado el 27 de septiembre refiere los resultados de un interesante estudio sobre la sexualidad de las adolescentes y la relación con sus madres, pero lo hace sesgadamente, aunque reconozco que, en esta ocasión, quizá comparten el sesgo el periodista y los autores del estudio.

Dice el periodista:
Las adolescentes que se entienden bien con sus madres suelen tener más tarde su primera relación sexual que aquellas que tienen malas relaciones en casa.
Quizá sea cierto, pero entre las que ya la han tenido, la diferencia es ridícula, apenas significativa: 15,82 (+-1,27) años frente a 15,48 (+-1,29). Más relevante es que entre las primeras son bastantes menos las que ya han tenido relaciones sexuales plenas (22,7 frente a 37,3%). Este dato, quizá el más interesante de todo el estudio, no se menciona en la noticia.
También tienen menos embarazos no deseados y menos enfermedades de transmisión sexual.
Sobre embarazos: la diferencia no es significativa (jerga estadística que significa “podría deberse al azar”). Sobre enfermedades: la diferencia es significativa, pero muy pequeña.
El estudio rompe con el tópico de que hablar de sexualidad incita a la promiscuidad. Así, cuando la relación con la madre es buena, seis de cada diez chicas hablan con ella de sexualidad; cuando es mala, la proporción cae a tres de cada diez. En el grupo que más habla de sexualidad en casa la primera relación sexual es más tardía que en el grupo que menos habla. Cuando la relación con la madre es buena, además, el riesgo de embarazo cae a la mitad. Y el cambio de pareja es menos frecuente.
Una parte de lo anterior es cierto, salvo lo del riesgo de embarazo–ya visto antes. Lo que ocurre, y esto es un fallo de los investigadores, es que el estudio no pretende explicar la promiscuidad, aunque lo parezca por la redacción del artículo, sino la buena o mala relación con la madre. Entonces, lo único que sabemos es que entre las chicas con buena relación con su madre se habla más de sexualidad (no sabemos qué significa esto, por cierto) y/o de la pareja de la chica, y que en ese grupo la principal conducta de riesgo (tener relaciones) es inferior.

Por otra parte, el periodista se olvida (¿interesadamente?) de señalar que, entre las chicas que ya han tenido relaciones, la frecuencia de no haber usado un método anticonceptivo fiable y la de no haber usado ningún anticonceptivo en alguna de esas relaciones no distingue a las chicas con buenas relaciones con su madre de las que no las tienen.

Por último, ¿de dónde se ha sacado el periodista el tópico al que hace referencia? Si acaso, lo que se escucha una y otra vez en los medios de comunicación y en la escuela en los últimos, no sé, treinta años, es todo lo contrario. Que hay que hablar de sexualidad para que ésta sea más responsable.
El estudio del Institut Dexeus rompe también con el tópico de que las hijas de parejas separadas tienen más conductas de riesgo que las de familias intactas.
Quizá sea verdad, pero el estudio no lo prueba (no puede hacerlo con los análisis que incluye). Aquí el periodista vuelve a aliarse con los autores, que insisten en desdibujar los posibles efectos de vivir en una familia “intacta” (aquélla en la que los padres siguen casados o emparejados) y “no intacta” (padres separados). Se intenta contrarrestar la opinión generalizada, basada, por otra parte en una amplia literatura, de que el bienestar de los hijos de padres separados es inferior al de los hijos cuyos padres siguen viviendo juntos.

En la noticia, ese desdibujamiento reza así:
Los hijos de padres separados que dicen que la relación entre su padre y su madre es correcta no difieren de los que viven en familias nucleares’, afirma Surís. Un estudio previo ha detectado que los adolescentes que viven en familias nucleares que funcionan mal lo pasan peor que los hijos de parejas separadas.
En ambos casos, no se efectúan comparaciones equivalentes. Primero se comparan los hijos de padres separados con buenas relaciones entre sus padres y el conjunto de familias nucleares (“intactas”). Lo que habría que comparar es el conjunto de los hijos de padres separados con el conjunto de los hijos de padres no separados. Segundo, se comparan los hijos de familias (“intactas”) que funcionan mal con el conjunto de hijos de familias separadas. Aplíquese lo dicho para el primer caso.

Lo mejor es que en el estudio se muestra que (sin tener en cuenta posibles factores que confundan la relación) entre las chicas con buenas relaciones con su madre, la proporción de familias “intactas” (88,7%) es significativamente superior a la que se da en el grupo de chicas con malas relaciones (79,1%).

En definitiva, al periodista parece interesarle resaltar que hablar de sexo con la madre no incita a la promiscuidad y que los hijos de familias separadas no están en una situación de riesgo especial. Ambas cosas, quizá verdaderas, quizá no, no se deducen del artículo. Los autores del artículo también van en la misma línea, pero al tener que publicar sus opiniones (pues no son otra cosa, y remito al lector a leer el artículo) en un artículo científico, tienen que incluir las advertencias (“caveats”) correspondientes, que, por supuesto, desaparecen en la noticia. “Caveats” tales como las siguientes, que comentamos:
Our study has some limitations. The first one is that, as it has been done in other similar studies, our independent variable was a single-item measure based on the adolescent’s perception of her relationship with her mother. As no other factors have been taken into consideration, our results should be viewed with certain caution.
Es decir, admiten que la medida de la relación con las madres podía haber sido más “sofisticada” que haber usado una mera escala del 1 al 10.
The second one is that it is based on a cross-sectional survey and causality cannot be assumed.
Esto es fundamental: no se preguntan por las relaciones con la madre en un momento del tiempo y por las relaciones sexuales en un momento posterior, sino en el mismo, luego no cabe hablar de causalidad. De hecho, la causalidad podría moverse en el sentido contrario al implicado en el artículo y la noticia (sin que yo crea que esto sea lo más probable): las chicas más promiscuas tienen peores relaciones con sus madres porque éstas se han enterado de que son promiscuas y lo llevan fatal, o las chicas más promiscuas hablan menos de sexualidad con sus madres que las no promiscuas porque les da más corte hacerlo...
The third is that it is based on self-report, although the fact that it was anonymous should minimize it.
Es decir, no se ha preguntado a las madres por la relación con las chicas; y tampoco hay manera de asegurarse de que las preguntas hayan sido respondidas con total sinceridad, a pesar del anonimato de la respuesta.
Finally, as mentioned above, we do not know the type and depth of information given by the mothers to their daughters when talking about sexuality or their partner.
Es decir, no saben nada acerca de las conversaciones sobre sexualidad o pareja sexual entre madres e hijas, salvo el hecho de que la hija entrevistada dice haberlas tenido o no.

Yo añadiría entre sus “caveats” el que se permiten hablar de lo importante de la buena relación con la madre en las conductas promiscuas a pesar de no ser éstas la variable dependiente y a pesar de no haber incluido variables familiares que podrían haber tenido influencia (por ejemplo, el status socioeconómico, el nivel educativo de la madre, si la madre está casada o sólo emparejada, entre otras).

En definitiva, un caso más de “malaprensa” difícil de separar de un caso de “malaciencia” (o, al menos, ciencia no del todo seria).

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