11 de octubre de 2004

Lo mismo da ocho que ochenta

Confieso algo un poco malévolo: da un gustillo especial pillar en falta, cuando se trata de números a las páginas de economía, y especialmente a los suplementos dominicales de colores sepia, donde nos abruman con números, con los que el ciudadano normal se marea y tiene la impresión de se puede estar perdiendo algo importante si no los entiende.

Pues bien: podemos relajarnos porque algunos de los propios periodistas de estas secciones (y sus jefes, que digo yo que supervisan las portadas) tampoco se enteran.

El domingo 3 de octubre El País Negocios publicaba en su portada una noticia titulada "La Bolsa vence en la carreta del tiempo", con el subtítulo "Desde 1980 se ha revalorizado el 610%". En el texto de portada y de nuevo en el reportaje, que continuaba a página completa en el interior, se decía también que la renta fija "ha subido el 210%" y los productos bancarios el 110%. El reportaje era un resumen de un trabajo publicado por el Servicio de Estudios de la Bolsa de Madrid, que ha hecho un interesante estudio comparando la rentabilidad acumulada, desde 1980 hasta hoy, de un hipotético inversor que hubiera realizado y mantenido su inversión, reinvirtiendo todos los beneficios intermedios, en tres modelos alternativos: bolsa (usando índices medios de la bosla española), renta fija a largo plazo (bonos de deuda pública) y depósitos bancarios de corto plazo.

Lamentablemente, el periodista se ha hecho un lío con los números, porque, como las rentabilidades obtenidas por esos tres productos no fueron las que indica el texto, sino aproximadamente 10 veces más. Como el mismo texto indica "cien euros invertidos en 1980 en la Bolsa española se han convertido en 24 años en 6.100 euros," (en realidad 6.054), pero eso no es una rentabilidad del 610%, que significaría haber multiplicado el valor por 6, sino más bien de 5954%, ya que el valor se ha multiplicado por 60. La rentabilidad de los bonos es de aproximadamente 1.950%, y la de los depósitos bancarios habría sido aproximadamente del 1.000%. Nada, un cerito arriba o abajo a quien le importa.

Esto es algo más que una errata, puesto que altera considerablemente el significado del texto. Es curioso el empecinamiento de El País en usar esa rentabilidad en 24 años, mal calculada por el propio periódico (esa cifra no viene en el estudio de Bolsa de Madrid), y que sin embargo omita otra serie de cifras jugosas que sí aparecen en el estudio: la rentabilidad anual acumulada de cada producto, la rentabilidad descontada la inflación, la rentabilidad comparada que hubieran obtenido inversores en diferentes periodos de tiempo (desde 1 hasta los 24 años), según cuando hubieran realizado su inversión y desinversión.

Y ahí no queda todo. Cuando el periodista intenta ilustrar la idea de que la bolsa es más arriesgada, porque oscila mucho más que los bonos o los depósitos, muestra de nuevo que le cuesta entender lo de las proporciones y los porcentajes. Según él, cuando más riqueza se creó en la bolsa fue entre 1996 y marzo de 2000, cuando el valor de los 100 euros hipóteticamente invertidos en 1980 pasó de 2.000 a 7.100 euros. Pero entre 1983 y 1987 el valor de la inversión en bolsa se multiplicó casi por 7. Pero claro, en el gráfico que acompaña la noticia este es "sólo" un salto desde 145 a 1.034 euros.

En fin, que este es uno de esos casos en los que uno desearía que el periodista se hubiera limitado a resumir correctamente, y si me apuran, a cortar y pegar, porque con sus aportaciones confunde más que ayuda. Y se pregunta uno en qué estaba pensando el director de este suplementeo de Negocios, que por cierto, se supone escrito sin la presión urgente del cierre, y con suficiente tiempo para repasar los originales.

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