13 de diciembre de 2004

Fast press

(Texto íntegro de Wonka. Mil gracias)
No tiene desperdicio esta noticia del ABC, aparentemente dedicada meramente a transcribir la correspondiente nota de prensa. Se refiere al Barómetro de Consumo que acaba de publicar la Fundación Eroski, con esta nota de presentación.
Si hay algo en lo que confían los españoles es en la calidad y seguridad de los alimentos, y eso a pesar de que el margen de confianza ha descendido de 7,29 a 7,26 puntos [de aquí en adelante, mis negritas].
Le falta decir “en un año”. ¿Acaso cree el periodista que esa diferencia es significativa estadísticamente? Y si lo fuera, ¿merecería siquiera apuntarla? Simplemente repite lo que apunta la nota de prensa.
Ahora bien, poca credibilidad sigue mereciendo la comida ya lista para consumir, el «fast-food» y los alimentos transgénicos.
En la encuesta quizá recoja una “credibilidad” baja el “fast-food”, pero en la realidad, no hay más que ver la cantidad de establecimientos de este tipo que cierran cada día. Vamos, que hace décadas que no veo un MacDonalds. Por otra parte, un poquito de contexto: no creo que nadie tenga consciencia de haber consumido alguna vez un alimento transgénico (casi no se venden en España) y, por otra parte, tienen una prensa malísima. Respecto a la “fast-food”, la gran mayoría de los entrevistados de 14 años o más no visita esos establecimientos, aparte de la mala prensa que tienen.
Por contra, son los naturales los que reciben mayor grado de apoyo, a pesar de que el mercado de productos ecológicos no logra consolidarse.
Vaya, una dosis de realidad..., que debería llevar al periodista a preguntarse por la relación de las respuestas a esta encuesta con los comportamientos reales. “¿Alimentos ecológicos? Sí, sí, estupendos, me gustan, geniales. No, no los compro, son caros”.
Otra de los cambios apreciados tras el estudio es una mayor apuesta hacia las marcas «blancas» o de distribuidor, así como las más baratas. Ya sea bien porque la cultura del consumo está cambiando en nuestro país y cada vez son menos los que se esclavizan a las grandes marcas, o porque la necesidad de ahorro comienza a hurgar en los bolsillos y sobre todo teniendo en cuenta las fechas que se avecinan.
Un párrafo delicioso. La primera afirmación puede ser cierta, pero, por una vez que incluye el periodista su propia interpretación la joroba: no sabía yo que fuéramos esclavos (voluntarios: “se esclavizan a”) de las grandes marcas. Además, lo de “las fechas que se avecinan” es de traca. ¿Acaso cree el periodista que la encuesta se hizo ayer? Pues no, el trabajo de campo es del verano (21 de junio a 9 de julio).
El estudio ofrece el perfil de un consumidor cada día más exigente, que se siente poco satisfecho con el mercado, autónomo e individualista (sólo confía en sí mismo o en las recomendaciones de su círculo de amigos a la hora de realizar una compra) y que, sin embargo, continúa siendo poco activo a la hora de denunciar: sólo el 17 por ciento de los ciudadanos ha formalizado una reclamación en los últimos doce meses. Un nivel paupérrimo de reclamación que puede tener su origen en el hecho de que la insatisfacción con la respuesta recibida tras efectuar las reclamaciones aumenta entre los consumidores.
De nuevo un párrafo brillante. ¿Qué querrá decir “poco satisfecho con el mercado”? En la nota de prensa se dice: “poco compensado por lo que paga por productos y servicios” (téngase en cuenta que incluyen cosas como la vivienda). ¿Es lo mismo? Y eso de que “sólo confía en sí mismo...”, cómo se come. Ni siquiera la nota de prensa exagera tanto: “en quien más confía como fuente de información es en su círculo más cercano, está convencido de que quien mejor defiende sus intereses es él mismo”. También tiene traca lo relativo al “nivel paupérrimo de reclamación”. Aquí el culpable es la Fundación Eroski, son sus palabras. ¿Por qué habrían de ser más las reclamaciones? Por otra parte, la explicación del periodista no vale: las reclamaciones han aumentado ligeramente desde el año 2001, la satisfacción por la reclamación ha caído ligeramente. ¿En qué quedamos?

Lo dejo aquí. Menos mal que hay limitaciones de espacio y no ha podido recoger más exhaustivamente la nota de prensa. Qué sería de los periodistas de la sección de sociedad sin un barómetro que llevarse a la boca.

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