29 de abril de 2005

59 segundos

Ese es el título de un conocido programa de televisión de debate estrenado hace unos meses en TVE. Diría que el título es una buena metáfora del tiempo que tardan nuestros medios de comunicación en ventilarse cualquier debate sobre propuestas políticas, de cualquier grado de complejidad.

Sucedió hace poco con los famosos pisos de 30 metros, y aunque hoy no he leído aún la prensa, oyendo los resúmenes en la radio, me da la impresión de que algo parecido ha pasado ya con la propuesta de reformas fiscales de la Generalitat. Parece que muchos medios (en sus editoriales) y articulistas, en un asunto de tal complejidad, han tenido ya tiempo para examinar, comprender, evaluar y juzgar la propuesta.

Si contrastamos esto con lo sucedido con el matimonio gay, parecería que nuestros medios de comunicación hacen las cosas al revés: cuando se hacen las propuestas se ventilan a toda prisa, o apenas se discuten, como si no mencionarlas fuera una manera de eliminarlas del panorama. Y luego, cuando las decisiones están prácticamente tomadas, y se ve el asunto convertido en ley (o casi), se empiezan a publicar artículos argumentativos y detallados para discutir el fondo del asunto. Debería ser al revés, ¿no?

Comentarios hasta el 27-12-09


Telepatía (tenemos que dejar de leernos tanto). Eso mismo es lo que pensé yo anoche cuando estaba viendo el debate sobre el matrimonio gay en Telemadrid: a buenas horas, mangas verdes.

Es terrible el subdesarrollo del debate político en España, y esto es culpa de los políticos y de los periodistas.

No acabo de entender la polvareda mediática del matrimonio homosexual, cuando hay problemas mucho más acuciantes en España.

Otro buen ejemplo es el caso de la educación: del importantísimo debate sobre cómo queremos que sea nuestra educación lo único que levanta interés son detalles anecdóticos, como cuántas asignaturas se pueden repetir para pasar curso o, peor aún, si la religión ha de ser obligatoria.

Y otros temas como el preocupante futuro de la economía es tratado con la mayor indiferencia. Hace poco Solbes presentó un plan de medidadas por la competitividad que no recibió el menor eco. Ahora Zapatero ha dicho que quiere modificar la fiscalidad de las empresas y el PP ni se ha tomado la molestia de criticarlo.

Triste país.

Si fuera Oliver Stone diría que es una conspiración político-periodistica, que solo buscan impacto mediático y aumento de ventas-oyentes-lectores.
Ya he perdido la cuenta de las veces que propuestas confusas e incompletas de los políticos terminan con declaraciones del tipo "solo era una reflexión" "era una opinión" "expresión de ideas". ¿Como vas a establecer un debate serio si te dan información incompleta o deslabazadas reflexiones?.

Otras veces ya puedes realizar todos los debates del mundo que las decisiones están previamente tomadas y ajo y agua. Archivo de Salamanca, Ley de Educación, PHN, etc.

No soy Stone pero creo en la conspiración. Hay que sacar periódicamente números fuertes (leones contra osos hacian los romanos), perfectamente superfluos, para entretener al personal.

Lo pasmoso, y esperanzador, es que todavía hay quienes nos asombramos y molestamos por esa situación de ausencia total de debate sin posiciones apriorísticas en todos y cada uno de los temas de debate (debate debería haber). Hay que afrontar el largo puente con optimismo.

Ciertamente este país tiene cosas más importantes de las que ocuparse. Se me antoja una: ¿cómo es posible que el siglo XXI se financie con dinero público a una institución como es la Iglesia Católica? No sólo es manifiestamente antidemocrática sino que además predica la discriminación y la intolerancia y pisotea los derechos de las mujeres y de la personas con orientación sexual no heterosexual. ¿Hasta cuando he de seguir pagando con mis impuestos a sacedortes y profesores de religión que imparten una determinada doctrina en el seno de un Estado aconfesiona, por no mencionar el odio hacia determinadas personas como los homosexuales, la condena del uso del preservativo que provoca miles de muertes en países en desarrollo. Las muertes debidas a la no prevención de las ETS (enfermedades de transmisión sexual) por la no utilización del condón no pesan sobre la conciencia del Vaticano?
Me parece que los católicos con su apoyo implícito al Vaticano son cómplices de miles de muertes en el tercer (y otros mundos). Muertes perfectamente evitables con métodos profilácticos. Pero parece que a la Iglesia Católica le es más grato prolongar el sufrimiento de personas con enfermedades terminales luchando contra la eutanasia....
Basta de disgresiones
Saludos a todos los lectores de este web

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