28 de diciembre de 2015

Píldoras post-electorales: el sistema electoral y los partidos de ámbito nacional

Es bien sabido que nuestro sistema electoral, aunque reparte proporcionalmente los diputados de cada circunscripción entre diferentes listas, tiene en conjunto unos resultados que se apartan bastante de la proporcionalidad en los resultados globales, por una combinación de varios factores (relacionados con el número de escaños a repartir en cada circunscripción, el reparto no equitativo de los diputados entre las provincias en relación con la población y la aplicación de la regla D'Hondt de adjudicación de escaños).

Contra el mito popular de que el sistema electoral favorece a los partidos nacionalistas (a los que en realidad, en promedio, da una representación bastante proporcional a sus votos), a quien realmente da muchos más escaños que los que obtendrían con proporcionalidad pura es a los dos grandes partidos nacionales de cada momento: inicialmente UCD y PSOE, y luego el PP (AP) y el PSOE. Y los grandes perjudicados son los partidos que se presentan en todo el país, pero quedan terceros, cuartos, o en peores posiciones en la mayoría de las provincias, ya que la mayoría de esos votos no eligen ningún diputado. El siguiente gráfico, ligeramente modificado a partir del artículo de Alberto Penadés citado al pie (de marzo pasado), ilustra muy bien esta idea:



























Cada uno de los puntos representados es un partido de ámbito nacional en una de las elecciones celebradas hasta 2011. Su posición está determinada por el porcentaje del voto obtenido (en el eje horizontal) y su "tasa de ventaja" (en el eje vertical), que es la ratio entre el porcentaje de escaños obtenidos y el porcentaje de los votos recibidos. La tasa de ventaja es menor que uno cuando un partido ha sido "castigado" por el sistema electoral, y ha obtenido un menor porcentaje de escaños que de votos. La tasa de ventaja es mayor que uno cuando el sistema electoral "premia" a los partidos y el porcentaje de escaños es mayor que el porcentaje de los votos. En el gráfico se ve que los partidos están claramente separados en dos grupos muy diferenciados. Por una parte, todos los partidos que han obtenido menos del 11% del voto, que han quedado terceros, cuartos, o en peor posición, a los que el sistema trata mal, y obtienen muchos menos escaños de los que proporcionalmente les correspondería. Por otra parte, todos los partidos con más del 25% del voto, el primero y segundo de cada elección, que han obtenido siempre más diputados de los que un reparto puramente proporcional proporcionaría. Es interesante observar que entre los primeros parece haber una relación más o menos lineal y positiva entre porcentaje de voto y ratio: cuanto mayor es el porcentaje de voto, más alta es la ratio. En cambio entre los partidos primero y segundo esa relación no existe. No hay mejor trato cuanto más alto es el porcentaje de voto (el premio es normalmente mayor para el primero que para el segundo, y a igualdad de condiciones mayor para UCD/PP que para el PSOE).

He añadido al gráfico original dos rótulos (en rojo) para señalar algo que el propio Penadés subrayaba en su artículo: nunca ningún partido en España había obtenido un porcentaje del voto en la amplia horquilla que va del 10,77% del PCE en 1979 al 25,79% del PP en 1989. En esa terra incognita no teníamos evidencia de cómo se comportaría el sistema electoral, y esto era especialmente interesante porque ahora, aventuraba Penadés en marzo pasado, era previsible que en las siguientes elecciones hubiera varios partidos en ese espacio, entre el 11% y el 25% de los votos. Tal vez incluso pudiera ser que los cuatro primeros partidos acabaran en esa zona.

Finalmente, en las elecciones del domingo los partidos que han acabado en esa franja, hasta ahora nunca explorada, han sido tres (Ciudadanos, Podemos y el PSOE), con el PP sólo ligeramente por encima. Y el resultado, en términos de proporcionalidad, se ve en el siguiente gráfico, que es similar al anterior, con el añadido (en color naranja) de los resultados de los cinco partidos o coaliciones de ámbito nacional que obtuvieron día 20 más de un uno por ciento del voto (click para ampliar).




Como en todas las elecciones anteriores, sólo dos partidos, los dos primeros, han obtenido un porcentaje de escaños más alto que su porcentaje de voto (ratio mayor que 1). Su "premio" ha sido además muy considerable: la ratio del PP (1,22) es la cuarta más alta de la historia electoral desde la Transición, la segunda desde la desaparición de la UCD, que tuvo unos resultados extraordinarios en 1977 y 1979, consiguiendo ratios superiores a 1,35, nunca igualados por el PSOE o el PP, y probando así el "acierto" de los diseñadores del sistema electoral. Desde entonces sólo el PSOE (en 1989, con una ratio de 1,26) había conseguido un premio electoral más alto que el conseguido por el PP el día 20.

La ratio del PSOE (1,17) está justamente en la media de las obtenidas por el primer y segundo partido en las doce elecciones celebradas. Y es la segunda mejor de un segundo partido, sólo superada por el PP (en 1989, con un 1,19), lo que, teniendo en cuenta que es el peor resultado en porcentaje de voto de un primer o segundo partido, puede considerarse un buen resultado.

Este buen trato relativo al PP y PSOE apunta a algo que parece bastante lógico, teniendo en cuenta el diseño del sistema electoral español: el "premio" a los grandes no deriva tanto del porcentaje de voto en sí mismo, como de que son grandes en comparación con otros, y por tanto quedan primeros y segundos en muchas circunscripciones. Por eso el PP, con el peor resultado de un primer partido, obtiene un rendimiento muy bueno en escaños, y el PSOE, con el peor resultado de un segundo partido, obtiene una ratio mejor que la mayoría de ellos. Por eso también el PP, con un resultado, en porcentaje de voto, en estas elecciones, casi idéntico al del PSOE en 2011, obtiene una ratio mucho mejor que la del PSOE entonces (1,22 frente a 1,09), porque con ese porcentaje el PP ha sido ahora el primero, y el PSOE en 2011 fue el segundo.

De manera que uno de los tres partidos que ha ido a parar a la zona no explorada entre el 10,8% y el 25,8% del voto ha sido muy bien tratado. ¿Qué ha sucedido con los otros dos? Pues que han obtenido también resultados hasta ahora nunca vistos en términos de las ratios. Podemos (con un 0,95) ha estado muy cerca de conseguir una representación perfectamente proporcional a su resultado (que le hubiera llevado a 72 diputados, en lugar de los 69 obtenidos), y Ciudadanos (con un 0,82) ha sido peor tratado (le faltarían 9 diputados para llegar a la representación proporcional), pero ha salido mucho mejor parado que los terceros o cuartos partidos de elecciones anteriores, que nunca habían pasado de una ratio de 0,61 (el PCE en 1977 y en 1979).

A quien le ha ido muy mal sin paliativos ha sido a Unidad Popular-Izquierda Unida, que ha tenido una de las peores ratios de partidos nacionales que han entrado en el Congreso (0,16), aunque está en línea con otros resultados anteriores de partidos con semejante porcentaje de voto (la propia Izquierda Unida en 2008, con un 0,15).

En resumen, en relación con los partidos de ámbito nacional, el sistema electoral mantiene algunos de los rasgos básicos que conocíamos: los dos primeros partidos salen beneficiados, especialmente el primero. Los partidos con menos del 11% del voto son castigados, con un mayor castigo cuanto más pequeño es su voto. La novedad son los partidos que superan el umbral del 11% del voto, pero quedan por debajo de la segunda posición. A falta de más casos (tal vez en unos meses tengamos otra oportunidad de estudiarlo) parece que se mantiene con ellos la relación aproximadamente lineal que veíamos entre los partidos pequeños de otras elecciones: a mayor porcentaje de voto, mayor ratio, hasta llegar casi al 1 en el caso de Podemos, que por otra parte ha quedado también muy cerca del segundo puesto.

Tenemos así alguna información adicional sobre el comportamiento previsible de nuestro sistema electoral ante partidos políticos con resultados "intermedios", relevante para el posible debate sobre las reformas de la ley electoral para hacerla más proporcional. Pero sobre eso hablaremos en otra ocasión.

5 comentarios:

  1. Lo mínimo que se podría hacer sería aprovechar esos votos desperdiciados en todas las circunscripciones y asignarlos a nuevas butacas del Congreso. La Constitución especifica que el Congreso tendrá entre 300 y 400 escaños, con lo cual solo hace falta cambiar la Ley Electoral.

    Este artículo hace una propuesta en esta línea:
    reflexionessobrecatalunya.blogspot.com.es/2015/12/papeleras-electorales.html.

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  2. No es un mito que el sistema electoral actual favorezca a los partidos nacionalistas.

    Partes de la premisa (errónea) de que todo escaño tiene el mismo valor político, y eso no es así, como se puede comprobar con índices de poder como el Banzhan-Penrose o el Shapley-Shubik (*). Estos índices revelan información sobre la distribución de poder que no es fácil de ver a simple vista, pero que es relevante para 'juegos de votación'.

    Tienes una explicación y análisis bastante sencillos de seguir para las elecciones de 2008 (y 2004) en España en este artículo titulado "Las elecciones generales de 2008 y el juego del parlamento" de investigadores de la USC: http://revistasuma.es/IMG/pdf/63/007-015.pdf

    Y si haces la serie histórica, verás que los partidos nacionalistas han tenido con el sistema electoral actual una influencia desproporcionada en el Congreso (¡si hasta el 2008, CiU con 10 diputados tenía valores idénticos a los 154 del PP!). Y no me refiero a que estén sobrerrepresentados desde un punto de vista de voto proporcional (porque en eso tienes razón), sino que como consecuencia también de la sobrerrepresentación del PP y PSOE a costa de los partidos minoritarios de ámbito nacional, ellos son los que hacen de bisagra para conseguir mayorías absolutas.

    (*) https://en.wikipedia.org/wiki/Banzhaf_power_index
    (*) https://en.wikipedia.org/wiki/Shapley%E2%80%93Shubik_power_index

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  3. Es que tener una representación acorde a los votos teniendo una ley D'Hont por el medio significa que está sobre representados para esa ley D'Hont aplicada. La ley D'Hont tiene su razón de ser para facilitar la gobernabilidad, el problema es la no existencia de la circunscripción única, lo cual premia los ideales egoístas de partes del territorio nacional mientras perjudica a partidos con ideales de igualdad cuando no son la fuerza más votada en casi ningún sitio pero en cambio tienen más seguidores que los regionalistas o provincialistas a nivel de toda la población que vota a unas determinadas elecciones.
    De hecho la existencia de UPyD y Ciudadanos en primera instancia fue para ser partido bisagra y así no depender del nacionalismo. Es absurdo que un 80% (40% PSOE y 40% PP) de población tuviera que dar regalías al 20% para ser gobernable, mejor tres partidos nacionales que se repartieran el electorado en un 30%+30%+20% y así el tercer partido si es de centro puede pactar con cualquiera de los otros dos.

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  4. Guillermo, para ser exactos, la 'Ley' D'Hont no tiene como razón facilitar la gobernabilidad. Es un cálculo matemático para distribuir los escaños... y aunque hay otros métodos algo más proporcionales, el de D'Hont lo es bastante.

    El efecto de lo que tu comentas -y en eso estoy de acuerdo- no es por la 'Ley' D'Hont; es por el número de circunscripciones en España que hace que haya algunas muy pequeñas, y en esas circunstancias -utilices el método que utilices- habrá una asignación poco proporcional. El caso extremo es el de las circunscripciones uninominales donde el candidato con el mayor número de votos será el elegido.

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    1. Gerardo,
      El tema de la supuesta ventaja de los nacionalistas lo he tocado ya muchas veces en el blog. En esta entrada ¡de 2008! resumo la cuestión y pongo enlaces a discusiones anteriores.

      Muy resumido: parece que estamos de acuerdo en que el sistema electoral no "sobrerrepresenta" (%escaños>% votos) a los partidos nacionalistas. Tal vez, para evitar confusiones, debería haber repetido ese verbo ("sobrerrepresentar") en el texto que escribí el otro día.

      En su lugar dije que "no favorece", lo que te motivó tu comentario en el sentido de que sí lo hace, porque les da representación proporcional, pero un poder mucho mayor que el que cabría esperar por sus votos, al colocarlos en posición de bisagras, y al impedir que esa posición la puedan ocupar también otros partidos con número similar de votos, pero repartidos en toda España.

      Pero en realidad esa supuesta posición privilegiada sólo se ha dado en España en 1996, 2004 y 2008, tres elecciones de las 12 celebradas hasta ahora. En todas las demás elecciones o bien el sistema electoral ha creado una mayoría absoluta manufacturada (un partido con mayoría absoluta de escaños, sin tenerla de votos) o bien el resultado permitiría otras mayorías entre uno de los dos grandes partidos y otros partidos pequeños, sin participación de nacionalistas.

      Como prueba "técnica" del poder desproporcionado de los nacionalistas apuntas a ciertos índices de poder calculados para los resultados de 2004 y 2008 que muestran que por ejemplo CiU tenía en 2008 el mismo poder teórico para conformar mayorías que el PP. Aparte de que esas dos elecciones son casos anómalos, no representativos, por lo que acabo de decir más arriba, para argumentar que la ley electoral favorece a los nacionalistas habría que volver a calcular esos índices de poder con los mismos resultados pero otras leyes electorales. Si no, no tenemos manera de saber si su posición de poder "desproporcionada" es causada por la ley electoral, o simplemente por la distribución de los votos.

      Porque si imaginamos un sistema que tratara "mejor" a los terceros y cuartos partidos de carácter nacional (partidos como IU, UPyD, CDS, ahora Podemos o Ciudadanos, aunque estos ya son algo más que "bisagras"), pero lo hiciera reduciendo la sobrerrepresentación de los partidos grandes, podría pasar que de nuevo, para formar mayorías, fueran necesarios partidos nacionalistas. De hecho, desde 1977, sólo una vez, en 1982, los partidos grandes y medianos de carácter nacional que solemos agrupar en bloques de izquierda y derecha (o centro-derecha) han supuesto más del 50% del voto válido. Por lo tanto, en un sistema muy proporcional esos bloques seguirían sin llegar al 50% de los escaños y seguirían necesitando a las "bisagras" nacionalistas.

      Esto es de hecho lo que pasa ahora también: ni el bloque PP+C's ni el bloque PSOE+POD+UP/IU suman los 176 escaños... pero no lo harían tampoco con un sistema muy proporcional, que daría más escaños a C's y UP/IU, dejaría casi igual a Podemos, y se los quitaría a PP y PSOE. Y por tanto, los nacionalistas seguirían siendo necesarios... siempre, claro, que se de por hecho que son imposibles las "grandes coaliciones", puesto que cualquier combinación de tres de los cuatro grandes partidos tienen mayoría sobrada, y no necesitaría ningún voto nacionalista.

      Los partidos nacionalistas tendrían entonces, como ahora, "exceso de poder" (que no sobrerrepresentación), pero no por las reglas del sistema electoral, sino por
      a) la distribución del voto y
      b) la falta de disposición de los partidos nacionales a hacer coaliciones cruzando la línea de división ideológica entre la izquierda y la derecha.

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