300 millones de euros son muchos, aunque sea para "cientos" de piezas. Incluso con 1.000 piezas, saldría un precio medio de 300.000 euros por cada una. Tal como lo cuenta El País podría ser que efectivamente esta familia tuviera muchos viejos tesoros. Pero aún así, cuesta imaginar que una fortuna semejante pueda estar guardada tan ricamente en una casa sin seguridad "para no llamar la atención". Por muy rico de vieja familia, y muy excéntrico que se quiera ser, semejante fortunón no se deja desprotegido en una casa a la que se va de vez en cuando.
De hecho, aunque los medios españoles no se hayan dado por enterados (no saben qué sudores me ha llevado a mi averiguarlo por Google) si el robo fuera efectivamente de 300 millones de euros, se podría considerar el mayor robo de arte de la historia, tras por delante del que sucedió en 1990 en el Gardner Museum de Boston, en el que se llevaron obras que se estima que valdrían hoy unos 300 millones de dólares. Aún más, sería el segundo mayor robo de la historia, de cualquier tipo, si se descarta el "robo" de Sadam Hussein, cuando sacó en 2003 1.000 millones de dólares del banco central de Irak por el simple procedimiento de dar la orden de que se los dieran, poco antes de huir y esconderse.
¿Por qué no tenemos entonces un despliegue de medios adecuado a este notición, con el que se podrían llenar horas y horas de radio y televisión? Pues sospecho que porque los medios no se acaban de creer lo de los 300 millones de euros. Pero tampoco se deciden a hacer algo para verificarlo y atreverse a ratificarlo o rechazarlo. Solución: se cuenta, pero no se le da importancia, y se atribuye la cifra al dueño, por si acaso. Eso sí, se construye un titular con los 300 millones. Lo que se llama tirar la piedra y esconder la mano.